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LA FORMACIÓN DEL CRISTIANISMO Y EL CISMA
El cristianismo hizo su aparición en Judea en un ambiente particular: él de la opresión y de la ocupación romana. Para comprender los acontecimientos posteriores, esta referencia es fundamental, pues preparó el terreno para la divulgación de la esperanza en la redención mesiánica.
Desde la época de los Hasmoneos y durante todo el largo siglo I. a.C. la esperanza en la liberación mesiánica fue acentuada y divulgada entre la población judía de Judea. Los fariseos la admitieron, y el fortalecimiento de la opresión de los romanos dio la razón para que se aguardara su realización con creciente impaciencia. Una abundante literatura apocalíptica trazó sus perfiles con precisión.
Entre los partidos políticos que formaron la sociedad, los saduceos insistieron en mantener la estructura estatal, mientras los fariseos acentuaron el fortalecimiento y cumplimiento de la religión. Se formó, además, un nuevo grupo, el de los esenios, quienes pusieron al hombre en el centro de su ideología, al hombre cuya tarea más importante es, cuidar la pureza de su cuerpo y de su alma, llevando una vida ética, para estar preparado para la redención mesiánica. Evitaron vivir en las ciudades, formaron grupos pequeños en aldeas y campos, especialmente al lado del Mar Muerto. En su mayoría eran agricultores, pescadores y pequeños artesanos. Vivían en un comunismo primitivo, algunos con sus familias, otros solos. Llevaron trajes blancos, se nutrieron sólo por pan y verduras y se abstuvieron del vino. Todos se bañaron diariamente en el mar o en el río Jordán, e intentaron mantener puras también sus almas. El pueblo los apreciaba y muchos los visitaban, para que ayudasen a curarse de sus enfermedades. Esperaban la pronta redención mesiánica y divulgaron sus creencias dentro del pueblo.
La esperanza mesiánica presentó un doble carácter: político y escatológico. Vendrá un Salvador, un Enviado de Dios, que salvará a los judíos de la opresión de los romanos, y et Imperio de Roma será reemplazado por el Reino de Dios. Luego reunirá a los dispersos de Israel. El será el instrumento de la salvación, llamado en la literatura apocalíptica el «Hijo del Hombre» o el «Hijo de Dios». En el transcurso del primer siglo varias veces creían los judíos que ese Hijo del Hombre ya había venido. Diversos jefes políticos y religiosos propagaron la esperanza en una liberación inmediata.
Alrededor de 28 a.C., uno de los esenios llamado Yojanán- Juan el Bautista, recorrió las orillas del Jordán, clamando: «Arrepentíos, pues el Reino de los Cielos se ha acercado». A los que llegaron a él, los hizo bañar, es decir bautizar en el río, a fin de purificarlos de todo pecado. De ahí su apodo de Bautista.
Un día vino a verlo un joven de la ciudad de Nazaret, en Galilea, llamado Jesua o Jesús, y Juan lo bautizó en el Jordán. Jesús creía que el Reino del Cielo ya está por venir y ya que él podría ser predestinado para implantarlo en la Tierra y para anunciar un nuevo mensaje de Dios sobre la manera de vivir en este mundo terrenal. En Galilea solía andar entre los pescadores y entre la gente rústica y les predicó, que «nuestro Padre en el Cielo» no quería que le sirvieran por medio de ceremonias en los templos y cumpliendo rigurosamente las leyes rituales, sino exige a los hombres que se amen los unos a los otros, que amparen a los débiles y confiaran sólo en El. Jesús curó algunos enfermos con plegarias, lo que le dio la fama de «santo». De Galilea vino a Jerusalén, cuando reinaba allí una gran agitación contra el procurador Poncio Pílalo, quien irritó al pueblo con sus estandartes romanos y los retratos del emperador. Jesús atacó reciamente a todos los partidos: a los fariseos, aunque haya pertenecido a ellos no sólo en el espíritu sino también en su propia vida cotidiana. Los despreciaba, porque inventaban siempre nuevas leyes y ceremonias religiosas, y no prestaban suficiente atención al alma del individuo. A los saduceos, porque no creían en la inmortalidad del alma y en la resurrección. A los patriotas (celotas), porque lucharon sin sentido y sin esperanza por la liberación del dominio extranjero, en vez de fomentar el espíritu profetice acerca del universalismo.
Aparentemente, las ideas de los esenios estaban más cerca de sus pensamientos. Estuvo en contra de todos y todos estuvieron en su contra, y lo que era peor, los romanos vieron en él un revolucionario, un líder que podía movilizar a mucha gente. Sus palabras, a veces ambiguas, - como por ejemplo- mi Padre en el Cielo, - Hijo de Dios, - etc., lo hicieron sospechoso también frente al Sanhedrín, el Consejo Superior Judío desde el punto de vista religioso y legal, pero era aún más peligroso ya que los romanos vieron en él un enemigo del Emperador y del Imperio Romano.
Cuando, con la colaboración de la guardia privada del Sanhedrín, lo detuvieron los soldados romanos, el procurador Poncio Pilato lo condenó a un castigo tremendo, la crucifixión, que era el castigo para los traidores del Imperio, para los enemigos del Emperador y también para los esclavos que se fugaban de la casa de su amo.
Jesús el Judío.
Diferentes autores mencionan, que Jesús puede ser considerado como un profeta judío, un fariseo, un rabino, un galileo carismático, un esenio, o hasta un revolucionario político, lo que demuestra, que sus enseñanzas pueden ser analizadas según criterios diferentes. Eso subraya el carácter pluralista de la sociedad judía en el siglo I. Jesús no puede ser comprendido como un intelectual cristiano, sino como un «hombre ubicado plenamente en su época y en su ambiente judío», cuyas enseñanzas y formas de vivir compartió durante toda su vida. Jesús se entregó a sí mismo a la renovación espiritual de la Casa de Israel (Mat 15.24.), observó y debatió la interpretación de la Tora de tal forma como cualquier judío de su tiempo, e invitó para su observancia. Jesús enseñó en las sinagogas de su pueblo (Mat.4.23., 9.35., Lúc. 4.15-18, Juan 18-20.), su mensaje sólo puede comprenderse como un mensaje judío, dirigido a los judíos por un judío.
Cualquier idea de presentar a Jesús en contra o en oposición a la Tora o al judaísmo resultará, por lo tanto y de modo inevitable, como una disminución o hasta corrupción de su proclamación esencial. Lo anterior no significa, negar la singularidad de las contribuciones de Jesús al testimonio de Israel. El Nuevo Testamento, aunque fuera a menudo el resultado de una consideración polémica de la situación, de un conflicto entre la Iglesia primitiva y el movimiento rabínico emergente, que prevaleció al final del siglo I (cuando realmente se redactaron los Evangelios), da firme testimonio de la notable autoridad con que Jesús predicaba. Sin embargo, esta visión apostólica está enmarcada y condicionada por la experiencia que la Iglesia primitiva tuvo de Jesús corno presencia viva entre ellos. Antes de la «Resurrección» y «Del descenso del Espíritu Santo» en el primer Pentecostés (Shavuot en hebreo) que celebraron después de la muerte de Jesús, los mismos discípulos todavía dudaron y hasta negaron la autoridad divina del mensaje de Jesús.
Jesús era judío en su adhesión a su pueblo. Era éste y sólo éste, a quién se dirigió. Se sintió enviado para salvarlo, o salvar por lo menos a aquellos, que lo merecían.
La problemática de la naturaleza de Jesús es más que judía. Lo que equivale al decir «más» que humana, por tanto, es finalmente una cuestión de fe. Y es preciso recordar, que la fe es un don de Dios, libremente ofrecido y aceptado.
Entre los partidarios de Jesús el Nazareno, se difundió el rumor que varios días después de su muerte había resucitado de la tumba y ascendido al cielo.
En el ambiente judío, observando el contenido y las formas del judaísmo lo consideraron como «Mesías», un «Cristo» que es una palabra griega, equivale a Mesías (Ungido). La primera Nueva Comunidad se formó en Jerusalén, como parte de la comunidad judía. La mayoría de sus componentes eran esenios. Se formó el grupo como una fraternidad, una «hermandad». Participaron en el culto judío, y al concluirlo, se quedaron y cenaron juntos. La comida era pan y bebieron vino (en griego «ágape»), como lo hicieron Jesús y sus discípulos durante la Ultima Cena, la celebración de Pésaj, (pascua) que será la base de la Eucaristía posterior.
Los jefes de la secta se denominaban Apóstoles. El más importante de ellos era el Apóstol Pablo, que provino de una comunidad judía del Asia Menor y hablaba en griego. Su nombre judío era Saúl. Antes pertenecía a los fariseos y era adversario de Jesús y de sus discípulos y seguidores, pero más tarde empezó a creer, que Jesús era efectivamente el Hijo de Dios, a quien el Padre había enviado a la tierra para morir en medio de terribles penurias y, de este modo, salvar del pecado y de la maldad a todos los hombres. Según él, Jesús no había sido enviado sólo a los judíos, sino a todos los pueblos, a fin de anunciar lo que es esencial en la vida: en la vida, la fe en Dios, y no llenar la vida con preceptos y hábitos rituales. Pablo tenía presente que los gentiles, griegos y romanos, estaban dispuestos a adoptar la creencia en un Dios Único, pero sin estar sobrecargados con las costumbres y las leyes rituales o ceremoniales, (como por ejemplo: la circuncisión, la observancia del shabat y de las fiestas, de las leyes referentes a los alimentos ritualmente puros, etc.).
El apóstol griego-judío recorrió diversos países, predicando su Nuevo Evangelio, tanto a judíos como a gentiles.
En todas partes se constituyeron comunidades cristianas, formadas por judíos y gentiles, incluso en la ciudad de Roma hubo una secta cristiana en tiempos del emperador Nerón. Era una secta cristiana que creía en «Jesucristo, Hijo de Dios».
En el desarrollo del Cristianismo se puede diferenciar tres fases:
a) Preparación y ascetismo personal.
b) Revelación y manifestación; anuncio del rompimiento con el judaísmo nacional.
c) Propaganda y la separación real del judaísmo nacional y tradicional.
La primera fase está representada por los esenios y por Juan Bautista; la segunda por Jesús, quien proclamó la llegada del Reino de Dios; en la tercera fase, Pablo brega por las realizaciones terrenales; los tres insisten en borrar la idea del pueblo elegido y reemplazarla por nuevos fieles elegidos.
Fue relativamente fácil, ganar a las masas humanas para las nuevas ideas, porque la gente sencilla, como los agricultores, pescadores, artesanos, funcionarios públicos, y las mujeres, fueron despreciados por los fariseos. Estaban considerados como primitivos e ignorantes. Entre ellos los habitantes de Galilea tenían mala fama. Cabe notar, que Jesús tuvo muchos seguidores de esta región; allí se lo consideraron por primera vez como Mesías, hijo de Dios, Rey de los Judíos.
Las enseñanzas de Jesús, todas de fuentes judías, en principio pasaron de boca en boca y sólo después de su trágica muerte fueron escritas y transmitidas, como los Evangelios. Sus palabras fueron discutidas por los saduceos, los fariseos y los celotas (patriotas), y sólo los esenios las aceptaron. Más tarde, los Evangelios desplazaron la Biblia hebrea antigua y sólo el Concilio Vaticano II restituyó su prestigio, reconociendo que el Nuevo Testamento es continuación del Antiguo.
Así se propagó el nuevo credo, que conquistó todo el mundo greco-romano. Hubo mucha gente entre los griegos y los romanos que anhelaron un nuevo credo, más espiritual, y muchos hicieron la pregunta, si no había llegado el momento de hacer efectiva la potencia universal del judaísmo. Hubo también varios grupos de «judíos cristianos», pero el pueblo judío colectivamente no quiso, ni ha podido admitir nunca como una creencia, que se proclamara a Dios de origen humano, o un hombre en Dios como la persona de Jesús. Más aún, los seguidores de Jesús no querían saber nada de la lucha heroica que el pueblo judío llevara a cabo contra el Imperio Romano. Como el helenismo espiritual que ya no necesitaba el Estado de Grecia, la cristiandad asumió la tarea de llevar el espíritu profético del judaísmo para divulgarlo en el mundo entero, ya no necesitan ni la nación ni la comunidad judía, pues su centro de gravitación se dirigió en una nueva dirección, hacia al mundo pagano, y asumió cada vez más la cultura y la filosofía helenistas. Se transformó en católico, es decir universal, y cada vez más occidental, lo que trajo consigo su institucionalización.
De este modo, la separación se tornó inevitable. El judaísmo habría tenido que renunciar a sus ideales nacionales en pro de las morales, mientras el cristianismo tenía que cortar sus raíces judías, y no mantener la idea de la libertad religiosa-espiritual. Así se separaron el judaísmo y el cristianismo durante los siglos I -II d.C., pero se mantenía la relación por intermedio del Antiguo Testamento, especialmente por los Salmos y por la liturgia todavía no renovada.
Durante mucho tiempo, el cristianismo no parecía ser más que una variedad del judaísmo. Los romanos, en principio, no sabían distinguir entre judíos y cristianos.
La transformación del judeo-cristianismo en cristianismo se hizo lentamente. La ruptura no se consumó hasta poco antes de la revuelta de Bar Kojba (132-135 d.C.), pero sobrevivieron ciertas formas del judéo-cristianismo durante mucho tiempo.
Varios decenios pasaron, hasta que la teología paulina pudo llegar -un siglo después de la muerte de Cristo- a la fundación formal de una nueva religión.
El cisma fue provocado por una conjugación de factores políticos y criterios teológicos, discutidos y debatidos por ambas partes, y por la incorporación de un número cada vez más grande de gentiles al cristianismo, que invirtió la relación de fuerzas entre judíos y gentiles con respecto a la teología de Pablo, que había incorporado muchos elementos orientales y helenistas.
En esta teología, el centro era Jesucristo, Hijo Único de Dios quien, por su muerte en la Cruz, redimió el mundo del pecado y preparó el camino hacia la redención completa. El judaísmo siguió esperando la llegada del Mesías, quien redimiría la humanidad. En consecuencia, por las enseñanzas de Pablo, el cristianismo tenía que dirigirse a la formación de la Iglesia, mientras el camino del judaísmo a la formación de una religión étnicoreligiosa y cultural, la única forma que podía mantener la unidad del pueblo disperso en el mundo entero.
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