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JASIDISMO: VIVIR CON ALEGRÍA Y CON AMOR
El jasidismo es un movimiento pietista-místico-religioso popular, cuyas raíces se remontan a Provenza, Francia y a Alemania, en los siglos XII-XIII. Más adelante se desarrolla en Polonia, a partir del siglo XVII, iniciado por Israel Baal Shem Tov (1700-1760) y desde allí se divulga a Rusia, Rumania, Hungría, como también a Palestina. Floreció allí hasta la Segunda Guerra Mundial y desde el inicio de este siglo, en los Estados Unidos.
Baal Shem Tov empezó sus actividades en los años del deterioro global de la situación del judaísmo polaco. Los judíos estaban desilusionados al saber, que Shabatai Zwi resultó ser un falso mesías, y su sucesor, Jacobo Frank, era un aventurero, un charlatán y además, fundador de una secta que significó un peligro para la existencia del judaísmo. Como consecuencia de los acontecimientos políticos en Polonia, se deterioró la situación socio-económica de la población y eso causó graves problemas para los judíos. Se desmoronó la vida comunitaria tanto desde el punto de vista religioso como social. El erudito despreciaba a aquellos quienes no tenían la posibilidad de estudiar, porque tenían que trabajar para ganar el pan cotidiano, y a veces no podían cumplir con sus obligaciones religiosas. Mientras en las escuelas talmúdicas se alimentó el intelecto de aquellos que las frecuentaron, no había cabida para el corazón, ni para los sentimientos. En sus prédicas y libros publicados los rabinos y maestros sembraron desesperanza, amenazando con la perpetua condenación divina en la tierra y en el más allá para aquellos, que no cumplían con las obligaciones religiosas en forma estricta, asegurando que ni el menor pecado dejaría de tener su castigo.
En estas circunstancias empezó Baal Shem Tov su actividad como maestro y predicador itinerante. Habló primero a los niños, y luego también a los adultos. Al principio se reían de él, pero a poco tiempo los oyentes divulgaron sus enseñanzas, y su fama y el número de sus seguidores creció muy rápidamente, ya en su vida, y aún más después de su muerte, por intermedio de sus discípulos.
Después de pocos decenios, centenas de miles de judíos encontraron el consuelo y el coraje para vivir y sobrevivir, nutriéndose de sus enseñanzas que se difundieron rápidamente. Hoy las conocemos como el jasidismo.
La palabra «jasid» viene de la raíz «jesed», que significa amor, benevolencia, piedad. Jasid es aquella persona que lleva una vida de fervor, de exaltado júbilo por sentir la presencia de Dios en su vida, y esta presencia le inspira a brindar amor hacia todos y hacia todo.
¿Cuál era el secreto del éxito de Baal Shem?. El no escribió libros, sino sólo después de su muerte anotaron los discípulos sus enseñanzas, pequeñas historietas, parábolas, cuentos, homilías, sus interpretaciones de la Biblia, y los editaron. La razón principal de su éxito fue, que habló a aquellos a quienes nadie había hablado antes, nadie se había preocupado de ellos, nadie les había prestado atención. Esta gente necesitaba consuelo, estímulo y empuje. El se dirigió a las masas, pobres en lo material y en lo espiritual, pero ricos en sentimientos. Y lo que él decía, era más nuevo y refrescante, más comprensible y más tranquilizador que lo que habían escuchado de otros predicadores. Los otros rabinos y maestros dijeron: Investigad y explorad las escrituras y las enseñanzas de los sabios día y noche, cumplid con las prescripciones y con las ceremonias, porque el saber es el máximo valor, y el cumplimiento es la verdadera religión. El ignorante o aquel, que por sus preocupaciones materiales no pudo dedicar tiempo para el estudio, o por razones de trabajo u otras preocupaciones descuidó u omitió algunas ceremonias, se sentía no sólo culpable frente a Dios sino también de muy poco valor en la comunidad. Entre los maestros habían místicos y cabalistas quienes enseñaron, que todo ser humano es pecador y se puede expiar a Dios sólo por ascesis, negando las necesidades y las alegrías del cuerpo.
Frente a ellos, Baal Shem habló acerca del amor imperecedero de Dios que llena todo, y especialmente lo ha implantado en todo ser humano, y por eso no pide más sino que los hombres amen el uno al otro.
Una chispa del espíritu de Dios está dentro de todos los seres humanos y en todo lo creado. Se puede adorarlo en diferentes formas: con el trabajo, con una sonrisa que viene del corazón, con la oración y con el silencio, con las buenas acciones, y especialmente con el espíritu alegre. Enseñó también, que comiendo y bebiendo se puede servir a Dios, y gozando las dádivas de Dios, uno puede elevarse hacia El. Se burló de los que ayunaron más días del año que lo exigido en las fechas tradicionales. Enseñó, que las necesidades del propio cuerpo no deben ser olvidados, y si el cuerpo está enfermo, el alma perderá su vigor. Para encontrar favor y gracia ante los ojos de Dios, no son necesarios el saber, estudio, ayuno, ascesis, sino alma pura y manos limpias. No son las oraciones rutinarias sin sentimiento sino el corazón puro, lo que nos eleva a Dios.
Aspiró a expulsar la melancolía de los ghettos, de los barrios pobres en que vivían los judíos. El mundo no es un valle de lágrimas -dijo- y cada hombre nació para gozar de la felicidad y de la alegría. Dios está feliz, cuando ve que sus criaturas están felices. En los tiempos malos tampoco debe desesperarse el judío, pues la misericordia divina protege a Su pueblo. Nunca hay que perder la esperanza, la fe, ni la confianza.
Baal Shem Tov apeló al corazón de todo judío, preguntando: « ¿Me oyes? ¡No debes perder la fe! Dijo que no hay tarea más sagrada que eliminar la tristeza innata del alma judía. La alegría es un gran logro. No se puede servir a Dios en un estado de depresión, ni pasar la vida entristecido. Hay que tener alegría dentro de uno mismo, desterrar el temor y tener seguridad de que Dios se regocije con el hombre alegre y le ayuda.
Baal Shem no exigió renunciar de las alegrías de la vida. No habló de la maldad que llena el mundo, al contrario. El mundo es hermoso y bueno, pues en él se manifiesta la Gloria de Dios. La virtud más grande es la alegría, y el pecado más grande es la tristeza. Todas las manifestaciones de la vida tienen que servir a la felicidad del alma. Para esto sirven las «mitzvot», es decir, los preceptos de la religión. No hay que sumergirse en los detalles de la vida ceremonial, pues ésto causa una permanente intranquilidad. ¿Qué pasa cuando hicimos algo mal? Si uno comete un error o un pecado, no a sabiendas, no esté triste; haga una promesa, un voto para sí mismo, que no lo cometerá nunca más, y cumpla con su voto.
Tengamos fe en Dios -dijo- pues El es el Soberano misericordioso del perdón. El arrepentimiento debe venir de la profundidad del alma. Cada hecho vale tanto, como la bondad que se encuentra en él. La oración y el estudio valen tanto, cuanto suscitan fervor y devoción. Si alguien reza o estudia, -dijo Baal Shem- su espíritu está con Dios; no pasa nada si comete algún error, pues el padre entiende aún la tartamudez de su hijo.
Baal Shem no quiso cambiar la religión, sino al hombre, quiso acercarlo más a Dios. No sacó ni una sola ceremonia, y tampoco agregó ninguna nueva. Vio la esencia de la religión judía en el sentirse cerca a Dios. Según su concepto, el sentimiento es más importante que el saber, la fe es más importante que el estudio, el amor a Dios más que el temor, la seriedad de la intención a veces vale más que el mismo hecho.
No se puede olvidar que el jasidismo se nutrió del misticismo judío medieval y, sin embargo, era algo novedoso. Mientras el misticismo buscó la relación entre Dios y el Universo, el jasidismo acentuó la relación mutua entre Dios y el hombre sencillo.
Según la Cabala Dios está en los Cielos, por lo tanto es difícil encontrarlo. Según la nueva enseñanza, Dios bajó a la Tierra, está cerca de nosotros, está con nosotros y dentro de nosotros. Está en todos los corazones y en todos los hogares, donde lo dejan entrar.
Dios está no sólo en el alma, sino también en el cuerpo. Las chispas divinas se encuentran en todo, tanto en lo bueno como en lo malo, en el piadoso y en el apartado; hay que descubrirlas. El pecador puede dejar de cometer pecados, volver al camino correcto, y Dios lo recibirá y lo apoyará en su búsqueda de lo correcto. Originalmente el hombre es bueno, pero a veces es débil y no puede vencer siempre las tentaciones. El mundo tampoco es malo, pero el hombre lo deteriora; sin embargo, tiene la capacidad para mejorarlo. El mal tiene un significado y una finalidad, pues nos ayuda a apreciar y reconocer el valor del bien.
De esta nueva enseñanza surgen el optimismo y el amor dentro y hacia el hombre. Como rezamos por nuestro mejoramiento, tenemos que rezar por el de los demás; somos y debemos ser cada vez más humanos, y sentirnos parte de la humanidad.
Las enseñanzas de Baal Shem infundieron en un nuevo espíritu el judaísmo, aliviaron su rigor y severidad y le ofrecieron un aspecto más alegre y flexible.
La verdadera piedad es cosa del espíritu y no tiene relación alguna con las mortificaciones del cuerpo. Su principio consiste en la prontitud del alma para cumplir con la voluntad de Dios en la búsqueda perpetua de oportunidades para amar y servir al prójimo. Amar a Dios no involucra meramente obedecer a la Ley, pues el amor es una anticipación gozosa de la unión, un anhelo de su cercanía y la experiencia de adherirse a El («devekut»).
La fe jasídica es una actitud de receptividad del flujo divino de amor y una enseñanza de cómo sentirlo, vivirlo y transmitirlo.
Al haber cultivado la capacidad de sentir la presencia benigna de Dios en todas las experiencias, el jasidismo concluyó que la pena es la raíz de todo mal. El deber de todo hombre piadoso es estar siempre alegre, pues debe comprender y sentir que Dios está cerca a él. Ya el Talmud dice: la «Shejiná -el Espíritu Divino» posa sobre una persona no cuando está triste, deprimida o aturdida, sino cuando siente alegría, porque tiene conciencia de realizar la voluntad de Dios, se llena de «simjat mitzva - la alegría por haber cumplido con sus obligaciones».
El jasidismo acentuó enfáticamente el sentir la alegría en el verdadero culto, insistiendo en que la alegría es inseparable de la piedad.
El humor sombrío y la depresión son los signos del estado de la «pequeñez del alma», cuando se hunde en sí misma, pero cuando el alma asciende, alcanza el estado de grandeza. La piedad jasídica consideró, que el camino del amor estaba por encima del camino del temor, el sentimiento de la alegría por encima de la ansiedad.
El jasidismo no es una enseñanza, es mucho más, es una forma de vivir, es una cultura popular. Abrió las fuentes de una chispa interior y de una felicidad para las masas, que sólo se encuentra dentro del hombre mismo. Mostró un nuevo camino, que llevaría a los seguidores hacia Dios, sin un intermediario, sin un mesías o un salvador.
Enseñó, que la verdadera devoción no consiste en ser sabio, sino en estar ligado con el corazón a Dios, tener una fe sencilla, sin dubitaciones, y orar a Dios con calor y fervor. La oración es el medio más importante para que el hombre se fusione con Dios. Por eso la plegaria debe ser lleno de entusiasmo, cálida, tanto que el alma del hombre casi se desprenda de su cuerpo. Para alcanzar este estado de éxtasis, se pueden emplear diversos medios, como mover el cuerpo, bailar, rezar en voz alta, cantar aún sin texto. Las oraciones no tienen por qué seguir las líneas tradicionales, lo principal es, que nazcan del corazón. Una melodía sin palabras también puede ser una oración.
En cuestiones de fe, lo esencial es el sentimiento y no la ceremonia externa; las ceremonias excesivas y fijas pueden ser perjudiciales. El hombre piadoso o el jasid debe servir a Dios no sólo mediante el cumplimiento de los preceptos establecidos, sino aún mucho más por sus actos y conducta cotidianos hacia su prójimo.
Una vez los discípulos le preguntaron al maestro:
¿Cómo podemos servir a Dios? La respuesta: con el servicio que prestamos a sus criaturas. ¿Cómo podemos amar a Dios? amando a sus criaturas, contestó el. Y no olvidad, que para todo servicio son necesarios el éxtasis, la dedicación y la humildad.
Dios y el hombre están juntos en la permanente renovación del mundo; el hombre es responsable de sí mismo, del mundo y de la más pronta realización del Reino de Dios en la Tierra. No se puede apurar la redención con la fuerza, sino sólo con la autoperfección, la que está en nuestras manos. La redención vendrá por la voluntad de Dios, el hombre debe estar preparado para recibirle.
Enseñó el maestro: no se debe matar o destruir los instintos, sino ponerlos al servicio del hombre. El supremo ideal del jasidismo es, saber y querer santificar aún lo cotidiano.
El jasidismo suscitó los sentimientos de alegría y de entusiasmo en la plegaria, y en general, en el cumplimiento de las mitzvot, las tareas morales que son expresiones vivas de una realidad religiosa.
Pasados algunos años, pudo constatarse que el jasidismo no puede sobrevivir y crecer sin actividades intelectuales. Así se formó el jasidismo JaBaD (Los Lubavitcher), que insiste en la «jajma - sabiduría», «bina - entendimiento», «y-daat - contemplación amorosa», una nueva forma más amplia, donde la contemplación y el amor, la conciencia del místico y el intelecto se amalgaman en la misteriosa unicidad.
Es importante darse cuenta de la opinión del conocido historiador de la literatura española, J.M. Millas Vallicrosa cuando dice que el famoso León Hebreo (Jehuda Abravanel), autor de la obra «Dialoghi di Amore», que tanta influencia ejerció en la filosofía y la estética del Renacimiento, estaba influenciado por las doctrinas platónicas y aún más por el jasidismo. El libro ha sido traducido del italiano a muchos idiomas, entre ellos al propio hebreo.
El tema de aquel libro puede resumirse así: en su punto más noble, el amor humano es la clave fundamental del misterio de la existencia. La corriente cósmica del amor emana del Creador constantemente, y con renovado vigor fluye por los distintos caminos de la Creación desde la plenitud del universo físico hasta los reinos del espíritu humano, y desde allí vuelve a Dios. El autor considera, que el amor romántico y compartido es el más noble misterio de la existencia.
La unión de la mente humana con las ideas de Dios corresponde a la culminación extática del amor. El hombre, al rendir su alma a Dios, promueve la consumación de su verdadero yo.
Dios sólo puede ser abrazado por el amor y la sabiduría, al intentar a sentir a Dios, conocer los caminos que conducen a El. El amor del hombre por Dios crece por medio de la constante adquisición de la comprensión y el saber. Amar a Dios significa conocerlo, y conocer a Dios significa, amarlo.
Según la opinión de muchos investigadores de la cultura del Renacimiento, es difícil encontrar una expresión más cabal de la apacible filosofía del humanismo, que la obra del León Hebreo, inspirado por el jasidismo.
San Francisco ¿Un Jasid Cristiano?
Una «reconciliación de lo opuesto» sería la definición sintética que no importa cual laico, cristiano o no, podría dar acerca de la persona, de la vida y la obra de Francisco de Asís.
Francisco era hijo de Comunes de Italia al inicio del siglo XIII, participante del gran comercio europeo, del cual Fierre de Bernardone era, en Asís, un representante «notable». Era un negociante, pero también un mecenas. Los documentos de la época hablan de él como un «gran benefactor». Recibió en el bautismo el nombre de Juan, pero su padre siempre lo llamó Francisco. El «poverello» se convertirá en el representante de la pobreza, asumida por Cristo; será su testigo más vigoroso, transparente y digno de credibilidad. Por este amor se hace pobre, sin privilegio ni poder, para poder ser libre y adherir totalmente, también en su comportamiento exterior, «a la desnudez de Jesús, desnudo en la Cruz».
Por esta elección ascética y radical asume, valora e ilustra de una manera ejemplar estas tensiones, de las cuales nacen todos los movimientos heréticos anteriores, contemporáneos o posteriores a Francisco. En verdad, el denominador común es la pobreza, la libertad entre los hombres y la piedad hacia Dios. Estos factores no ligan a Francisco sólo al cristianismo, el que ha vivido al seguir en forma radical el Evangelio en la vida común, y la penitencia que se pudo reconocer como «el primer verdadero cristiano, después de Cristo» - como dice Renán.
También está emparentado al hinduismo, con el cual tiene en común el sentido del ascesis y, de una cierta manera, con el espíritu del jasidismo, tal como éste se manifestó en el seno del judaísmo de aquella época (siglo XII) y la que evoluciona y se fortalece a partir del siglo XVII, hasta nuestros días.
Para aquellos que quieren saber más acerca de la historia y de las fuentes del espíritu ecuménico, podemos aclarar que Francisco se acercó el jasidismo, tal como aparece este movimiento a través de su desarrollo histórico. El gran rabino de la comunidad judía de Roma, Elio Toaff, reconoció este parentesco.
En el curso de una entrevista, con motivo del 800 s aniversario del nacimiento de San Francisco de asís, a la cual dio un acento profundamente religioso. Según él, aquí «hay mucho más que simples afinidades religiosas». Dijo que para Francisco, tal como para los jasidim, el amor a Dios, Padre de todas las criaturas, brota de la metafísica del más allá, de la contemplación, de que el amor recibido de Dios se manifiesta en el plan correcto de la vida práctica de los hombres, de todos los hombres.
Es el rasgo más característico de su mensaje la reivindicación de los derechos de los pobres, de los desamparados, de los oprimidos, en una adhesión profunda a aquello que era el ideal de los profetas de Israel. «Quien maltrata al pobre, ofende a Dios, al Dios de Israel», advirtió Isaías (3. 14-15.). Fue esta una cita preferida de los jasidim en su polémica contra el dominio de los ricos, quienes arrasan a los pobres.
Francisco adopta, sin vacilación, el mismo camino: «La pobreza es el signo característico de Cristo. Quien ofende al pobre, ofende a Cristo». Para él, como para los profetas y también para los jasidim, el sufrimiento da dignidad en el camino hacia Dios, que impide complacerse a sí mismo, sin mostrar la disponibilidad hacia el prójimo, la apertura hacia el mundo en el diálogo. ¿Cómo no ver aquí toda la actualidad del mensaje de Francisco y de sus hermanos, a los jasidim, cristianos y judíos?
Según el Rabino Toaff, el fenómeno histórico de los jasidim es diferente y también es diferente la literatura que surge siglos después, e incluso en nuestros días. Es tan vasta, que es imposible dar una bibliografía, aunque suscinta. Desde Buber hasta Asimov, cristianos y judíos conocen bien por su literatura -es vehículo de un sueño o de un ideal, un modo de expresión de un grupo, todavía vivo - la fuerza que desencadenó el movimiento jasídico y que representa todavía una manifestación.-según mi opinión- profética, tanto hoy como en tiempos de antaño, contra todas las vejaciones y las violencias perpetradas en el nombre de Dios. Para los jasidim como para los cristianos, «Dios no lo quiere así. Todas las Cruzadas están en oposición contra la voluntad de Dios, quien quiere la piedad, la fraternidad, el amor».
En los dos movimientos, el jasidismo y la tradición franciscana, la fe encuentra su expresión más elevada en el hecho de que el hombre sale de la soledad, del aislamiento y ayuda a los otros para salir de esa soledad. Ser pobres juntos, «piadosos» - palabra que es sinónimo de «jasid» - en la adoración de Dios, en la comunión con toda la humanidad. Si el jasidismo original, como movimiento histórico, fue de corta duración - de mediados del siglo XII hace mediados del XIII - podríamos decir, que Francisco sigue viviendo en todos los tiempos como el ejemplo del compromiso religioso y como seguidor de Dios, y a pesar de las diferencias esenciales, afirma su fidelidad. Además, no es imposible que en un momento dado cuando Francisco ha empezado su «aventura de un pobre cristiano», los jasidim hayan sido influenciados, sin saberlo, por el rayo de su personalidad humana y religosa. Como se demuestra en las investigaciones, había en Asís, de todos modos, presencia y tradición judías.
Sea como fuera, dentro de este fenómeno estimulante de «afinidades selectivas» entre dos grandes momentos de la fe, la hebraica y la cristiana, los mismos acontecimientos históricos son significativos. Recordemos que, históricamente, el jasidismo nace en Alemania, bajo la influencia de las Cruzadas, hacia mediados del siglo XII, y termina aproximadamente un siglo más tarde, hacia 1250. Tuvo una vida corta, aunque su influencia haya perdurado hasta nuestros días, especialmente en el seno del judaísmo ashkenazi en Europa Oriental. En la época de las Cruzadas las comunidades de Alemania debían enfrentar persecuciones feroces, el martirio de varios miles de sus miembros, lo que dejó una influencia profunda en la espiritualidad judía. Y encuentra su expresión en el nacimiento del movimiento jasídico, el de los «piadosos».
Contrariamente a los judíos, los franciscanos han sido perseguidos sólo esporádicamente, y sólo en el territorio del dominio islámico o, más tarde, en el último siglo, en China, en Japón y en los países budistas.
Por su identidad, el jasídico de los primeros tiempos estuvo más cerca de un minero, pescador o artesano, tal como lo concibió Francisco. «Era un nuevo tipo de judío, un judío diferente, no un sabio sino más bien un hombre sencillo y sin cultura, que quería mucho a su comunidad con abnegación total, y lo condujo según su propio ejemplo de devoción e humildad, según una experiencia viva de Dios... El Maestro en el jasidismo ya no es aquel del Talmud y de la tradición rabínica; la imagen clásica del erudito brillante ha dado lugar a aquella persona humilde y modesto, al "piadoso".
¿Qué caracteriza a un piadoso? La vida asceta, la devoción total y la sensibilidad, la búsqueda de la paz interior. Eso nos recuerda a los «otinazioni», o repetición obstinada de Francisco, que va al mismo sentido: «Yo, pequeño e ignorante»....
«Vivir el Santo Evangelio sin gloria, sin gloria...» El jasid tiene, particularmente en su corazón, la suerte del pobre. Eso será más evidente, más marcado ulteriormente sobre este fondo asceta y social, que es la experiencia voluntaria de la pobreza, tanto del lado de los «pobres de YHWH», que de los «pobres de Cristo». En verdad, la devoción total hacia la comunidad -en caso de los jasidim- encuentra la justificación doctrinal en la sentencia de la Mishná: «Aquel quien dice: lo que es mío, es tuyo, éste es el jasid. La abnegación de tal hombre lo lleva a amar con un amor particular a los desheredados y a los pecadores, se sacrifica por su bienestar. Vigila para que su vida sea una «imitatio Dei». Es indiferente a la alabanza, aguantando con una indiferencia total los insultos y las humillaciones. Algo análogo es la «alegría perfecta», objetivo de Francisco, que insiste en la alegría, sensibilidad y entusiasmo, una disponibilidad total para ayudar a marcar el espíritu franciscano.
Durante las conversaciones y entrevistas, organizadas con motivo del Aniversario, se subrayó el espíritu y las formas bíblicas del famoso poema «El Cántico del Hermano Sol de San Francisco».
Se preguntó al Rabino Toaff: « ¿Es posible reconocer verdaderamente la «fraternidad» entre el cristiano Francisco y los judíos jasídicos, y su mensaje hoy día tiene alguna analogía?» El contestó: «Seguramente sí, pues los dos tienen en común el esfuerzo para sobrepasar el aislamiento. No se puede admitir el aislamiento, ni la búsqueda de la redención por si mismo. La participación dolorosa en la incertidumbre del mundo es una esperanza de la salvación. El silencio es complicidad.» «Si yo no ayudo al malvado para que se salve, yo mismo me convertiré en malo, porque el pecado de cada uno es el pecado de todos, dijeron los jasidim. Los biógrafos refieren lo que Francisco dice al fundar su comunidad: «Estaba convencido, de que no será admitido a la gloria, si no dejara entrar a todos aquellos que se confían a él» (Tommaso de Celano).
«Las afinidades no faltan entre la expresión poética y religiosa de Francisco y de los jasidim, pues la fuente única de su fe es la Biblia, la que de por vida se manifiesta en las estructuras, en el modo de pensar, en el lenguaje, aunque muchas veces son diferentes en el plan existencial, como al nivel de la contemplación», dice Toaff, «El reconocimiento de la Generosidad de Dios, quien ha creado todo lo existente en el mundo para Su gloria y para beneficiar al hombre, a quien le otorgó el gozo de todo lo que lo rodea. Ambos están ardiendo en el loor y en la adoración de Dios, no tanto por sus tribulaciones sino porque están seguros de que Dios salva a sus servidores, quienes le dan testimonio en sus pruebas, aunque dolorosas».
¿Debemos llevar el paralelismo a lo extremo? No, porque la diferencia es una riqueza y un estímulo, por lo menos para aquellos que lo desean - y aun cuando se trata de verificarlo, ocho siglos después de su nacimiento, la profecía auténtica de Francisco - se reencuentran sus prevenciones. «Viven juntos más por lo que los une de lo que los separa», dijo el Papa Juan XXIII. Concluyamos así: «Sin pretender a analizar por la lupa, qué es lo que aproxima o distingue a estos dos 'grupos piadosos', parece bien si reafirmamos la actualidad irrecusable del uno y del otro. Lo que vemos siempre con más claridad, hoy más que nunca, es que ambos nos invitan a trabajar juntos por la paz y por la fraternidad. Nos proponen el diálogo y la construcción de una sociedad mejor, más justa y más humilde, en la cual debemos tener la fuerza de creer».
Nota: Con motivo del 800a aniversario del nacimiento de San Francisco de Asís (1182-1226), se organizaron simposios, hubo publicaciones en nivel judeo-cristiano con la participación de rabinos y teólogos católicos, y llegaron a la conclusión de que la vida y las enseñanzas de San Francisco demuestran influencias del jasidismo de aquella época, aunque no se excluye una reciprocidad.
Como curiosidad vale la pena mencionar que poco menos que un milenio antes de la vida de San Francisco, el Talmud menciona a Pinjas ben Yair que habla a las flores y conversa con los animales y es atento a los mensajes de ríos y montañas.
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