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EL JUDAISMO Y LA DEMOCRACIA
Las raíces del ideal democrático se encuentran en la Biblia, donde este concepto se basa en la hermandad e igualdad de todos los seres humanos. Es un concepto moral más que político. El pueblo debe ser educado para la democracia, inculcándole la práctica incondicional de la justicia, de la rectitud, de la honestidad. No existió verdadera democracia en Europa hasta que la Biblia no fue divulgada entre las masas populares. La Biblia enseña a liberar el espíritu del hombre, para que busque la libertad y luche por ella.
El ejemplo es la historia ancestral del pueblo judío. Aunque la forma política del gobierno era la monarquía, el pueblo respetaba, como máxima autoridad, al Consejo de los Ancianos. En este Consejo todos eran iguales; si había algunos que tenían más sabiduría, más experiencia en la vida, fueron más respetados, más escuchados. Pero todos tenían el mismo derecho y las mismas obligaciones en el Consejo. Los Ancianos provenían de familias reconocidas, y así su autoridad estaba arraigada en el pueblo; ellos trabajaron por y para el pueblo.
Hay muchas referencias en la Biblia con respecto a las actividades del Consejo de Ancianos en la vida política de Israel. Cuando se presentó una crisis en el país, y se necesitó la unidad de acción, «los Ancianos de Guilead fueron a buscar a Jefté y le dijeron: 'Ven, queremos que seas nuestro jefe, de modo que podamos luchar contra los Hijos de Ammon'». (Jueces 11. 5-6.). El «juez» era el jefe militar temporal, elegido por el Consejo, y ejerció el liderazgo por voluntad de éste. Después de la muerte de Saúl, cuando Abner planeó unir la totalidad de Israel bajo el reinado de David, «Abner tuvo comunicación con los Ancianos de Israel». (II. Samuel 3.17.). La autoridad de David fue consumada sólo por la sanción y beneplácito de los Ancianos. «De esta manera, todos los Ancianos de Israel vinieron al Rey David en Hebrón. Y el rey hizo un convenio con ellos en Hebrón poniendo al Señor como testigo. Y ellos ungieron a David como Rey de Israel. (II. Samuel 5.3.). Cuando el rey Josías inicia sus reformas religiosas, «mandó reunir en su torno a todos los Ancianos de Judá y de Jerusalén. (II Reyes 23.1.). Varias veces las rebeliones contra los reyes tiranos fueron fomentadas por los Consejos de Ancianos. Cuando Rehobeam había amenazado con graves impuestos y con un pesado yugo al pueblo, sin duda, fueron los Ancianos los que respondieron al rey diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David? Tampoco tenemos heredad en el hijo de Isaí; Israel, a tus tiendas.'» (I.Reyes 12.16.).
Los Ancianos eran los defensores de los antiguos derechos y libertades del pueblo, a fin de que el rey gobierne no por derecho divino, sino por la voluntad del pueblo. En el nombre del pueblo eran los opositores contra toda usurpación de poder de los reyes. Según las formas antiguas, eran los sustentadores de lo que podemos considerar como el principio de la democracia, por el cual las naciones del mundo están luchando también hoy día.
Además, el poder monárquico o aristocrático de los gobernantes fue restringido por el ideal teocrático, es decir, por el reconocimiento de Dios como el Rey de los Reyes. (Deut . 17.15; Jueces 8. 22 - 23; I. Samuel 10.19; I. Samuel 12. 17-19; II. Samuel 23.3; II. Reyes 11.31.). La Tora como constitución también restringió el poder de los Reyes. (Deut. 17.18-19.). Los profetas formaron un frente y desafiaron la autoridad y el poder mal usado de los gobernantes. (I. Reyes 21.19.). Fueron los profetas quienes proclamaron: «Dejad correr el juicio como el agua, la justicia como impetuoso arroyo». (Amos 5.24.). « ¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué seremos desleales el uno hacia el otro, quebrantando el pacto de nuestros padres?» (Malaquías 2.10.). «Oh hombre, Dios te ha declarado, qué es lo bueno y qué pide de ti. Sólo actuar con justicia, practicar la misericordia y andar humildemente con Dios» (Miqueas 6.8.).
La voluntad y la ley de Dios, que toma cuerpo en las Escrituras, fue la Carta Magna del pueblo que antecedió con 2.000 años el Acta de Derechos del pueblo inglés. «Entonces Samuel proclamó el derecho del reino al pueblo, y lo escribió en un libro que depositó en el Santuario del Eterno». (I. Samuel 10.25.). Cuando en cumplimiento de la prescripción de la Tora, el rey sube al trono real, se escribirá para su uso una copia del original de esta Ley, que está al cuidado de los sacerdotes levitas, y la tendrá el rey consigo para leerla todos los días de su vida, para aprender y reverenciar al Eterno su Dios, para guardar todas las palabras de esta Ley, y poner estos estatutos por obra.» (Deut.17-19.).
El rey de Israel estuvo así sujeto al Rey de Reyes. Su ley tenía que estar de acuerdo con la Tora, su autoridad fue limitada y motivada por la ley del pueblo, en todos los tiempos. La legislación era una guía de la nomocracia hacia la democracia.
La democracia supone una base y un trasfondo moral, la democracia tiene sus raíces más en la moral, antes que en la política. Para que el pueblo pueda gobernar, debe prevalecer la justicia y el derecho, y una pasión por la libertad de cada uno y del prójimo. Si faltaran estas virtudes, el pueblo no se encontrará en una verdadera democracia.
Sin embargo, con estas virtudes vigentes el pueblo puede ser libre y soberano aunque sea bajo un sistema monárquico. La democracia no es únicamente un sistema político. El hombre desea ser libre no sólo como ciudadano, sino también como ser humano, vivir su propia vida a su manera, limitado sólo por el mismo derecho que tiene su prójimo. El estado democrático asegura esta libertad.
Este anhelo requiere un orden social dominado por las virtudes civiles fundamentales y por un alto idealismo. El Reverendo Jonathan Meyhew, de Nueva Inglaterra, uno de los promotores de la Constitución de los Estados Unidos, resumió esta filosofía en un sermón pronunciado el 23 de mayo de 1766: «Donde habita el espíritu del Señor, existe libertad».
Esta interpretación trae consigo que la democracia surge del judaísmo. La misma alma nutre la lucha del judaísmo por un orden social más justo, inspirado y santificado por Dios, y basado en la justicia y la rectitud, en cumplimiento de Su voluntad. En la Biblia, el Dios de Israel está representado como el dueño de la tierra y de todo lo que hay en ella. Entregó estos bienes, como regalo, a los seres humanos para que sean sus administradores, según el espíritu del Donante, quien dio la vida a todos.
Junto al ideal de la democracia política, la Biblia pregonó la democracia espiritual, lo que significó el reconocimiento del derecho del individuo a ser diferente en la esfera política, social e intelectual (Salmo 118; 20; 33.1; 125.4; Miqueas 4.5.), y la aceptación del pluralismo cultural y espiritual. Fueron los profetas los grandes demócratas, los tribunos del pueblo, los «agitadores sociales» consagrados, quienes proclamaron en el nombre de Dios el nuevo orden social basado en justicia, paz y libertad, como quintaesencia de la democracia en la Tierra.
De este ideal judío de la democracia surgió la institución más importante del judaísmo: la sinagoga. La sinagoga era una institución democrática, desde su base. Sus dirigentes eran elegidos por el pueblo; los privilegios más altos podían ser disfrutados y los deberes más sagrados realizados por cualquier persona. La única exigencia era, que el dignatario fuera competente y mereciera la confianza de la congregación. No existió distinción real entre el rabino y el laico. El propósito de la sinagoga era transformar el pueblo en «Reino de Sacerdotes», como señala Schürer, el conocido historiador: «El objetivo de la sinagoga no era sólo la adoración, sino también la instrucción del pueblo en la Tora, en la Ley Religiosa, para convertírsela en bien común de todo el pueblo.»
No había nada comparable con la sinagoga en el mundo antiguo. Este esfuerzo para educar a todo el pueblo en su religión no tiene paralelo en el Mundo Mediterráneo de la Antigüedad. El rasgo característico más relevante de la sinagoga era su base puramente democrática. Hizo iguales a todos en los ojos de Dios y de los hombres. Cada persona, por humilde que sea, puede buscar y encontrar la comunión con Dios, quien en la esperanza de su arrepentimiento, acompaña al pecador aun hasta el fin del mundo. El camino de la oración estuvo abierto para todos, y Dios les respondió a todos quienes lo invocaron.
Por consiguiente, la sinagoga fue siempre la encarnación de los elementos que constituyen la democracia, y este espíritu debía prevalecer entre el pueblo antes de que pueda haber verdadera democracia en la sociedad o en el país. La Iglesia ha considerado como su misión, divulgar las formas democráticas y las ideas sociales de la sinagoga, y les ha dado a estos ideales una extensión mundial. Ayudaba la realización de ese ideal sobre la Tierra. Era y sigue siendo ésta la visión y el objetivo tanto de la sinagoga como de la Iglesia.
La divulgación y la realización de los ideales democráticos no era la tarea del judaísmo, sino de todos los judíos, en forma individual, no sólo como consecuencia de las enseñanzas recibidas, sino también por su infortunado status social y político, ha tenido que sufrir durante casi toda su historia. Así tomó a su cargo esta tarea, dispuesto a sufrir el martirio, para defender la libertad y el progreso.
El judío fue la víctima permanente de la intolerancia religiosa, de la envidia económica, del chauvinismo nacional y de la hostilidad racial. El Estado lo consideró como habitante no incorporado en la vida del pueblo, la Iglesia como infiel, la sociedad como paria. Tenía que luchar por los derechos más elementales, por los derechos de los oprimidos por doquier.
Hasta cierto punto su situación trajo consigo su identificación con los movimientos liberales. Estaba dispuesto a luchar por la separación de la Iglesia y el Estado, por la universalización del voto, por la mejor distribución de los recursos económicos, por todo lo que significaba progreso y desarrollo para las masas sufrientes. Cada paso por su propia emancipación era un paso para la emancipación del espíritu humano del país donde vivía.
El genio del judaísmo y el destino del judío se unieron para inspirar a luchar por el establecimiento de una sociedad más justa, para hacer prevalecer la buena voluntad, la justicia y la tolerancia dentro del estado entre los estados y los pueblos.
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