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LA CONTRIBUCIÓN DEL JUDAISMO
A LA SOCIEDAD MODERNA
La palabra clave de este título, «judaísmo», puede ser utilizada de varias maneras. Como se emplea aquí significa la suma total de la cultura, religión, ética, enseñanzas, creencias, tradiciones, principios de vida y de la conducta del pueblo judío en todas las épocas de su historia, tratará las contribuciones del judaísmo y no de individuos judíos. La distinción estriba, en que el judaísmo es la contribución de todos los judíos, aunque tal vez los judíos hayan contribuido a la sociedad moderna mucho más que el judaísmo mismo.
El judaísmo tiene un Crecimiento Orgánico.
Hagamos hincapié desde el principio de que el judaísmo no es estable, no es el mismo ayer, hoy, mañana. Es el alma de un organismo vivo, que crece y se expande. Como tal, sus necesidades deben ser progresivas, en permanente evolución y desarrollo. Ha cambiado de generación, en generación, se adapta a condiciones cambiantes, y sin embargo, forma una unidad básica.
Baste un ejemplo. Se proclamó la ley en el Levítico: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo», que es una contribución noble del judaísmo a la sociedad de hoy. Pero, ¿Qué significa entonces el aforismo «ojo por ojo», «diente por diente», «vida por vida»?
La respuesta es que el precepto «ojo por ojo» es muy anterior, tanto histórica como éticamente, en comparación al mandamiento «amarás a tu prójimo». Aún el «ojo por ojo» significó un paso hacia adelante, un avance en el acto de venganza sangrienta de las tribus primitivas. Por lo menos pone límites a la retribución, al prohibir que se infiera más daño que el daño causado.
Este precepto presupone una organización social más desarrollada y una ley más compleja y más ética, que la primitiva ley de la «vendetta». Y más aún, los rabinos posteriores han interpretado estos pasajes como una orientación, y no como una obligación literal hacia una represalia corporal, sino el pago monetario por los daños, de acuerdo al grado de la injuria - el «valor» de un ojo por un ojo, un diente por un diente, pero no más.
Cuando se menciona que el precepto de amar al prójimo, es parte de la contribución del judaísmo, y no se mencionan conceptos anteriores y más primitivos, es porque también el judaísmo ha pasado por un proceso de desarrollo, siempre la enseñanza última es un avance con respecto al anterior, está de acuerdo a su época.
Toda cultura religiosa específica debe ser analizada por sus ideales desarrollados y actualizados, y no por sus orígenes más primitivos.
La Naturaleza del Intercambio Cultural.
Así como el judaísmo se percibe como una ideología que evoluciona, así también la sociedad moderna es un organismo celular y complejo. Para cambiar la metáfora, por decirlo así, es una confluencia de vertientes. Algunas de ellas son claras como el cristal transparente, otras son contaminadas y llevan sedimentos. Lo claro y lo contaminado se entremezclan. Los hombres y las mujeres, éticamente conscientes de nuestra sociedad moderna, procuran e intentan eliminar la carga corrosiva de la sociedad anterior, y liberar las vertientes que traen bendición y salud, paz y alegría para el presente.
El judaísmo es una parte integral de la vida misma. Es progresivo, crece y se desarrolla espiritualmente. En medio de la sociedad moderna puede ser identificado como una vertiente purificadora y portadora de bendiciones. ¿Cuál es, entonces, la contribución del judaísmo a la sociedad moderna?
En el Comienzo, Dios.
La contribución principal y básica del judaísmo es, su concepto acerca de Dios y su conciencia permanente de la presencia de Dios en el hombre. Es claro que no ha descubierto a Dios, pero el Dios que percibe la sociedad occidental y el Islam, es el Dios que el judaísmo ha percibido durante su desarrollo, y ha enseñado de manera heroica. El concepto de Dios como una Realidad Invisible, es un concepto del monoteísmo, con el rechazo absoluto y revolucionario del politeísmo y del paganismo, es una contribución del judaísmo al pensamiento religioso del hombre civilizado. Sin este concepto de la Unidad y Unicidad, que traspasa y trasciende a todos los seres y a todo el Universo, la ciencia moderna no sería posible.
El monoteísmo no sólo enseña la Unidad de Dios, sino conlleva la creencia en «la regularidad cósmica absoluta», como fundamento de una ley orgánica, por medio de la cual se mueve toda la Creación. Y es un nuevo concepto, no sólo por la idea de que El es Uno y Único, sino porque «es santificado a través de los actos correctos», es el Dios de la Rectitud, en cuyos ojos el mal es despreciado.
Es el Dios a quien Abraham llama «el Juez de toda la Tierra quien no puede actuar injustamente»; el Dios al cual el Salmista canta así: «La rectitud y la justicia son los fundamentos de Tu trono»; y en otro lugar: «Tú no eres un Dios que se complace en la maldad; el malo no habitará junto a Ti. Tú aborreces a todos los que hacen iniquidad». Oseas fue el primero que habló de El como también «lleno de ternura, de amor y de misericordia».
Esta idea de Dios es una evolución desde sus comienzos toscos y primitivos hasta las alturas más dignas de la experiencia profética. La percepción de los profetas es una contribución del judaísmo a la civilización del hombre occidental: el concepto del monoteísmo ético. El judaísmo, al identificar al Dios Omnipresente con la Rectitud, considera la justicia como un pilar estructural del Mundo, un acompañamiento indispensable de la convivencia y experiencia sociales.
¿Cuáles son las formas de la adoración que aprueba este Dios? Isaías respondió con palabras memorables: «Inclinar la cabeza, como las plantas de junco, no es suficiente; vestirse con sacos y poner cenizas, no es suficiente, sino ésta es la manera de llegar a Dios: soltar todas las ataduras de la maldad, deshacer las coyundas del yugo, compartir el pan con el hambriento, cubrir al desnudo, dar asilo y albergue al desamparado y al paria» (Jes. Cáp. 58). Miqueas define más explícita e incuestionablemente la religión recomendada por Dios al hombre: «Si ha dicho, oh hombre, lo que es bueno y lo que Dios requiere de tí: sólo actuar con justicia, amar la misericordia y caminar humildemente con tu Dios».
Este concepto, amplificado y enriquecido posteriormente, es una contribución a la sociedad moderna, que tiene más necesidad de él que muchas generaciones anteriores, en la historia de la lucha del hombre por caminar hacia una sociedad ordenada. Este concepto del Dios Único, del Dios de la justicia y de la misericordia, del amor y de la rectitud, tendría que estar profundamente insertado en el pensamiento ético-religioso de la sociedad moderna, definido en la Biblia y desarrollado por los escritos y las enseñanzas de Israel.
Esta creencia en un Dios Único, Santo y Fuente de la ética ha matizado el pensamiento y las actitudes del hombre, y ha engendrado normas positivas y negativas, como por ejemplo: «tú debes hacer» y «tú no debes hacer». Eso trajo consigo que los códigos morales posteriores se transformaron en parte imprescindible de nuestra sociedad moderna, que muestra el camino hacia lo correcto y acosa lo incorrecto.
La Disciplina Moral.
El judaísmo ha aportado la parte principal a la ley moral y a la disciplina moral para la sociedad moderna. Los logros de la sociedad occidental con respecto a la justicia y al progreso sociales son consecuencia del concepto judío de Dios, que vive en el alma de los seres humanos. Hay judíos que son primitivos, materialistas o reaccionarios, pero ningún judío se ha atrevido todavía a justificar su actitud tosca y reaccionaria por las palabras y las enseñanzas de los profetas y los rabinos de Israel. Las siguientes palabras y preceptos constituyen un núcleo de las enseñanzas del judaísmo:
«No robarás; no extorsionarás; no dirás mentira.
No darás falsos testimonios.
No defraudarás a tu prójimo; no engañarás a tu prójimo; no le robarás; no retendrás el pago de tu trabajador.
No participarás en ninguna injusticia; No disminuirás el derecho de un pobre y no favorecerás al poderoso en el juicio.
No andarás difamando a la gente; no serás testigo fraudulento en ningún caso privado o judicial. No odiarás a tu semejante. No tendrás rencor contra tu prójimo, sino que amarás a tu prójimo como a tí mismo».
La cita anterior no es completa, sino es parte de los capítulos 21-23 del Levítico, y podrá ser el credo de un estado democrático moderno.
El ímpetu y la autoridad de estas leyes radica en la declaración que «el Eterno dio estas ordenanzas para toda la comunidad de Israel», con el énfasis: «Yo soy el Señor, vuestro Dios». Este manifiesto es la disciplina moral del judaísmo. Por esta razón ha sido incorporada en la legislación de todas las sociedades modernas, moralmente alertas y conscientes.
El Decálogo - la Carta Magna de la Dignidad Moral del Hombre.
El Decálogo expresa amonestaciones contra el asesinato, la deshonestidad y el robo; contra el adulterio; contra el falso testimonio y la envidia y los prohíbe. Enfatiza el honor y la dignidad del hogar. Exige reverencia en la conducta y en la palabra. Prescribe en orden solemne de no reemplazar los más altos ideales por ninguna imitación costosa o barata. ¿No es éste el significado moderno de: «No tendrás otros dioses ante Mi», o «No te harás imágenes ni te inclinarás delante de ellas ni los honrarás»? Cuando pensamos en el Primer Mandamiento que considera la libertad como algo divinamente sancionado y la esclavitud como algo condenado por Dios - y recordamos también que el Decálogo es la Carta Magna de la dignidad moral y de la soberanía ética del hombre; ha penetrado hondamente en nuestro pensamiento social y nuestras aspiraciones éticas. Todo eso refleja la magnitud de la deuda de la sociedad moderna con el judaísmo.
¿Qué es el Hombre?
En uno de los Salmos más delicados (Salmo 8), el poeta mira la majestad del cielo brillante lleno de estrellas, y canta así: «Cuando contemplo Tu cielo, la obra de Tus manos, la luna y las estrellas, las que Tú has establecido, digo: ¿Qué es el hombre, para que Tú te preocupes de él? ¿Y el hijo del hombre, para que Tú pienses en él?»
Al contemplar al hombre en relación al Cosmos, el Salmista se percata que el hombre es sólo una parte infinitesimal del Todo. Es una pizca de polvo en la gloria majestuosa de la Naturaleza. Sin embargo, el versado en judaísmo conoce la respuesta a la pregunta:
«¿Qué es el Hombre? Tú lo has hecho un poco menor que los ángeles, y lo has coronado de gloria y de honra».
El hombre, entonces, no es sólo una «cosa» sobre la Tierra, algo terrenal y material, el hombre fue creado a la semejanza espiritual de su Creador. Es «un poco menor que los ángeles», para usar la descripción del poeta, y los rabinos agregan que Dios tomó parte de Su propia esencia espiritual y la insufló en el hombre. El hombre es parcialmente material y parcialmente espiritual. Los rabinos hablaron del «hombre», y no del «judío» o del «cristiano» o del «mahometano» o del «budista», tampoco del negro, del rojo o del amarillo o del blanco; ni del nórdico, del ario, ni del semita. El judaísmo piensa y habla del «hombre», de todo hombre.
Preguntaron a Ben Azzai, un maestro talmúdico del segundo siglo d.C. acerca del principio fundamental de la Tora y él contesto «Se ha afirmado en las palabras que abren el quinto capítulo del Génesis: «Este es el libro de las generaciones del hombre, en el día en que Dios creó al hombre, a Su semejanza lo hizo». Los sabios del antiguo Israel interpretan que el Creador deseaba que toda la humanidad descendiera de un solo hombre, de modo que en el futuro nadie pueda referirse a un parentesco racialmente mejor, o a alguna superioridad basada en esta circunstancia.
La Dignidad Espiritual del Hombre.
El concepto de la dignidad espiritual del hombre es otra contribución del judaísmo a la sociedad moderna. El judaísmo enseña que el hombre es colaborador de Dios en el proceso evolutivo de la vida, y en la permanente creación, en el desarrollo progresivo del mundo. La naturaleza animal y espiritual, el Bien y el Mal, pueden luchar continuamente dentro del hombre, y de hecho lo hacen. Según el pensamiento persa, están siempre en conflicto, pero según el judaísmo el hombre tiene libre albedrío y es un ser responsable de como lo usa.
El redactor del Deuteronomio atribuye a Moisés estas palabras desafiantes: «Mira, Yo he puesto ante tí este día la vida y lo bueno, la muerte y lo malo. He puesto delante de ti la vida y la muerte, las bendiciones y las maldiciones; elige por tanto la vida». El hombre tiene plena libertad para elegir. No es una lanzadera de suerte ciega, o de destino inexorable. Al hombre, como colaborador de Dios, le fue dada la libertad y la voluntad, la razón y el poder para elegir, es decir, la disciplina esencial y la responsabilidad moral.
Santos Seréis.
«Santos seréis porque Yo el Señor tu Dios soy Santo». Esta santidad que figura en el Levítico y también en otras partes de la Biblia, no es la santidad de un tabú, de un «no me toques», sino es moral y ética. En un sentido más sublime, es el resumen de las calidades y las excelencias morales. Es la santidad cuyo sinónimo es la rectitud. Sus atributos son la justicia, la misericordia, la ternura y el acto cariñoso de amar.
Desde este punto de vista, la ordenanza del capítulo XIX del Levítico nos complace con el deber de la «imitatio Dei», es decir, el deber de la imitación de la naturaleza moral de Dios. Es un concepto más dentro de las contribuciones revolucionarias del judaísmo para la sociedad moderna. No es menos importante que la idea de la Paternidad de Dios, la Hermandad de los hombres, la Naturaleza espiritual del hombre, su dignidad y responsabilidad moral.
Otro concepto es aquel que nos dice que Dios está santificado por la conducta y la lealtad del hombre, hasta el autosacrificio y el martirio en pro de los Ideales Divinos. Es una idea forjada en el yunque de la experiencia judía, es una chispa de esa alma del judío que llamamos «judaísmo». Tal vez es uno de los conceptos más atrevidos de toda la teología judía que, al traducirla en acción moral y conducta social, pasa a ser uno de los incentivos más gloriosos que lleva a la plena experiencia social y religiosa.
Dios como Padre.
El hombre debe tener una relación íntima con su Creador. El judaísmo considera a Dios no sólo como un Ser trascendentemente remoto, encima de toda Creación, sino también inmanente por Su proximidad y por Su cercanía. «Cercano está Dios de todos aquellos que Lo llaman»; y más adelante: «Aunque yo camine a través del valle asombroso de la muerte, Tú estarás conmigo»; «Así dice el Altísimo y Único que habita la eternidad, y cuyo nombre es Santo: Yo habito en la altura y en la santidad, pero también con aquél que tiene espíritu contrito y humilde».
Cuando se intenta describirlo a El y a Su inmanencia de manera adecuada, aunque falten los términos adecuados, los maestros usaron palabras que correspondían a sus más sublimes experiencias personales con respecto a Su paternidad. Hablaron de Dios como del Padre. En esta Paternidad, todos los seres humanos se convierten en «hijos del Dios Viviente», y su relación entre sí la definen, de manera inolvidable, con las palabras del Profeta Malaquías: «¿No tenemos nosotros acaso un Padre? ¿No nos ha creado a nosotros un solo Dios? ¿Por qué, entonces, nos comportamos en forma traicionera, cada hombre contra su hermano?»
El Ideal Democrático.
El concepto de democracia es el equivalente político de la idea judía de la hermandad e igualdad del hombre. No pasaremos por alto muchos factores complejos, que contribuyeron al crecimiento de la democracia. Pero como la democracia es producto de la idea de la igualdad humana y tiene un contenido espiritual, que es un fruto de la Biblia.
Entre otras causas no había democracia en Europa antes que la Biblia estuviera al alcance de las masas. Sólo cuando las enseñanzas de la Biblia liberaron el alma de los seres humanos, llegó el ímpetu de la democracia al mundo occidental. La Inglaterra puritana bajo la influencia del Antiguo Testamento, fue la precursora del sistema del gobierno americano, construido sobre los fundamentos del código y sistema de gobierno mosaico y bíblico.
Significativo es también en este sentido el texto tomado del Antiguo Testamento y grabado en el primer sello proyectado de los Estados Unidos (Liberty Bell): «Proclamad la libertad a toda la tierra y a todos los habitantes que moran en ella».
Tampoco carece de significado que el totalitarismo nazi, antítesis de la democracia, negó los conceptos bíblicos, especialmente el Antiguo Testamento, que pone énfasis especial en el ideal democrático, que surge de los conceptos de «la Paternidad de Dios y la Hermandad del Hombre».
La Democracia Espiritual - el Derecho a Ser Diferente.
Lo que es verdadero para la democracia política, lo es también para lo que podríamos llamar democracia espiritual. Al decir esto, pensamos en términos contrarios a «los elegidos y los condenados», que ha expresado Calvino en su doctrina. Se basa en las enseñanzas del judaísmo, a través de los maestros talmúdicos, que enseñaron: «Los piadosos de todas las naciones tienen participación en la vida por venir». La frase «la vida por venir» significa la salvación espiritual con la aprobación de Dios. Los rabinos interpretaron en este sentido las siguientes palabras de los Salmos: «Esta es la puerta de Dios, y los rectos pueden entrar por ella». Estas palabras no se refieren a sacerdotes, levitas o israelitas, sino a los justos. El Salmista no dice que se regocijen los sacerdotes, levitas e israelitas sino, «regocíjense en el Señor todos ustedes que hacen lo justo». No dice el Salmista, haz el bien, oh Señor, a los sacerdotes, a los levitas, a los israelitas, que hagan el bien, sino, «haz el bien, oh Señor, a aquellos que hacen el bien». Del mismo modo encontramos las grandiosas palabras de Miqueas: «Dejad que todos los pueblos caminen, cada uno en el nombre de su Dios, pero nosotros caminaremos en el nombre del Señor nuestro Dios, por siempre jamás».
Es un reconocimiento de la esfera espiritual, lo que llamamos «el derecho a ser diferente», en las esferas políticas, religiosas, sociales e intelectuales. Esto va en contra del totalitarismo, ya sea político o religioso. Reconoce la existencia de varios caminos, por los cuales se puede encontrar la senda hacia Dios y hacia la salvación. Reconoce el derecho al individualismo religioso, tanto como el valor de la homogeneidad histórica y cultural. Es la senda que algunos llaman «el pluralismo cultural» y que podría ser denominado, además, «pluralismo espiritual». Enfatiza el hecho que las contribuciones pueden ser ofrecidas por muchos, pero ninguno de nosotros tiene acceso exclusivo al Eterno que está en el Cielo, y también en la Tierra.
La Educación como un Deber Religioso.
El lugar de la educación en la vida judía ha sido comentado ya varias veces y por muchos autores, pero vale la pena tratarlo aunque no ampliamente. La educación era un deber religioso y, por consiguiente, una responsabilidad comunitaria y social, sin desmedro de la obligación de los padres, para quienes es un derecho y una pasión. «Deberás enseñar con diligencia a tus hijos» es un precepto bíblico. Un sistema bastante completo de educación existe en Israel desde la época del regreso del cautiverio babilónico y de la reconstrucción del Estado, alrededor del año 444 a.C. Una de las más antiguas oraciones de la Sinagoga, repetida tres veces al día, dice así: «Tú dotas al hombre con sapiencia y le enseñas el discernimiento. Favorécenos, oh Dios, con la sapiencia, el discernimiento y la inteligencia. Bendito eres Tu, Dios, que nos agracias con el raciocinio y el conocimiento».
La ignorancia siempre ha sido considerada como una desgracia. Uno de los antiguos maestros llegó al extremo de decir que «ningún ignorante puede ser piadoso». Se esperaba que cada judío fuera no sólo un estudiante, sino un estudioso. El estudio llegó a ser considerado como una forma de oración. Un sabio dijo que el sinónimo talmúdico para la «educación» es el «trabajo celestial». El Talmud Palestinense enseña, que «todos los hijos de la comunidad deberán recibir instrucción en común, en instituciones especialmente asignadas para ese propósito».
Dice el Talmud Babilónico que ya en el Primer Siglo a.C., las escuelas fueron «eregidas en cada pueblo, en todo Israel». La educación fue considerada como un asunto de interés y responsabilidad públicos. Se lee en el Talmud, que «una comunidad que descuida el establecimiento de escuelas para los niños, está destinada a perecer».
Arraigada en el precepto bíblico, la educación pública se convirtió en una bendición social. Aún cuando Europa estuvo sumida en la más profunda ignorancia, había pocos que no supieran leer en las comunidades judías. La educación universal era la regla, y proveerla significó una responsabilidad comunitaria, una actitud aceptada ahora por todas las naciones iluminadas. Fue este énfasis en la educación que permitió a los judíos en la Edad Media, ser los intermediarios para dar a conocer las riquezas de la cultura clásica griega y árabe a la Europa moderna. El Reino de Dios en la Tierra.
El concepto del «Reino de Dios» o el «Reino del Cielo» ha llegado a ser tan familiar para el pensamiento cristiano, que puede pasar por alto el hecho que este concepto, lleno de alegría y entusiasmo, fue una contribución del judaísmo.
A medida que buscamos sus comienzos históricos, ha florecido en las almas de los profetas y rabinos, siendo este concepto sublime en su esperanza, en su objetivo, en su desafío y en su atrevimiento. Según las palabras de la antigua oración de Israel, en su más esclarecido aspecto prevé «un mundo perfeccionado, bajo el Reino del Todopoderoso».
El «Kadish» es una oración sin la cual ningún servicio de la sinagoga podría ser completo. Se refleja en la «Oración del Señor» de la Iglesia, en el Padre Nuestro. Dice en una de sus partes: «Magnificado y santificado sea el Nombre del Eterno en el mundo, que El había creado según Su voluntad, y quiera El que Su Reino esté establecido en nuestros días, a lo largo de nuestras vidas, y a lo largo de la vida de la casa de Israel; y digan ustedes: Amén».
¿Cuál sería el carácter de este Reino Divino, cómo lo imagina el judaísmo?
Primero, no será un Reino «celestial» desconectado de la sociedad. No es un otro-mundo, el mundo del más allá, sino un mundo mejor. «El Señor será el Rey reconocido sobre toda la Tierra». Está parafraseado en la liturgia del Año Nuevo, que expresa la esperanza en el Reino así: «Oh Señor, Nuestro Dios, manifiesta Tu temor sobre toda Tu Creación y haz que Tu reverencia esté sobre todo lo que Tú has creado, de modo que Te venere toda la Creación, que ellos, todos, puedan constituir una sola unidad para hacer Tu voluntad con corazón perfecto».
En segundo lugar, el Reino, el ideal futuro, estaría inaugurado no por una nación o un pueblo, sino por todos los pueblos que trabajan, luchan y sirven juntos a Dios, formando «una sola unidad y con un corazón» perfecto. No se refiere a santos inmaculados, sino a seres humanos, que observarán la visión y con lealtad a ella, serán servidores fieles del Eterno, trabajando bajo Su inspiración para la realización de una sociedad ideal.
En tercer lugar, el Reino será inaugurado «cuando los hombres no se dañen y no se destruyan más»; y «cuando los hombres morarán, cada cual, bajo su viña y su higuera, y nadie hará que padezca temor»; «cuando la justicia fluirá como agua y la rectitud como una vertiente poderosa»; «cuando las espadas serán transformadas en arados y las lanzas en azadas»; «cuando las naciones no aprenderán a hacer la guerra jamás»; «cuando en todos los lugares de la Tierra se hallarán hombres y mujeres que son limpios de manos y puros de corazón»; cuando las naciones y los pueblos buscarán la montaña del Eterno de tal manera, que «El pueda enseñarles Sus caminos, cómo se debe caminar en Sus sendas»; «cuando habrá«una sola humanidad sobre la Tierra, de la misma manera que existe un solo Dios en el Cielo».
El concepto del Reino de Dios es una esperanza llena de exaltación. Coloca un objetivo para la vida y da propósito a la historia. Ve a Dios como el Centro de la Existencia. Establece la perfección de la raza humana, confiere dignidad al esfuerzo humano, otorga valor a los ideales y coraje a los idealistas. Anima a los servidores que sufren y da la confianza de que no viven y no sufren en vano.
Este concepto del judaísmo, adoptado y adaptado a diversas y cambiantes tradiciones, y a experiencias históricas, es otra contribución del judaísmo a la sociedad moderna.
La Biblia - una Autobiografía Espiritual.
La Biblia es contribución del judaísmo a la sociedad. Tal vez la mención de este solo hecho será suficiente. La Biblia, con toda su gloria literaria y con su incomparable valor ético, es la «biografía espiritual» de los judíos durante un milenio de su historia. Ha nacido de su alma y refleja sus aspiraciones, sus esperanzas, sus sueños, su fe. Durante los últimos dos milenios, se ha convertido en la herencia de toda la familia humana. El judaísmo pudiera ser reconocido por el mundo entero, si no más, por causa de este Libro, que ha enriquecido por su sabiduría los corazones, las mentes y las almas de los hombres.
El Shabat.
Lo mismo se refiere al Sabath. Los babilonios - como se sabe - tenían un día de cada siete, en el cual no trabajaban. Dejaron de trabajar en «Shabbatum», por algo parecido como la gente supersticiosa de hasta hoy día teme al «viernes 13». (En América Latina, el martes 13.) Era un día de mal augurio, cuando los dioses de Babilonia estaban furiosos, y algo malo pasaba cada semana. Por consiguiente, no parecía ni sabio ni seguro aventurarse a realizar algo importante en ese día, por temor a los malos augurios.
Se dice que esta fiesta babilónica ejerció cierta influencia en el Shabat judío, pero eso no es así. ¿Qué significado tiene para el hombre y para la humanidad el Shabat judío? Es el día de descanso, un símbolo de la libertad y de la dignidad humanas. Es un signo del Pacto entre Israel y su Dios, quien es el Creador, el Libertador y el Redentor.
Es un día que sirve para refrescar el alma. «Tú llamarás el Sábado una delicia», dice la Tora. Es un día para la adoración a Dios, dedicado también para la recuperación de las energías espirituales y físicas, para el encuentro y a la reunión de la familia y para el fortalecimiento del equilibrio emocional, físico y espiritual.
El séptimo día fue prescrito en la Biblia; su traspaso al primer día es de origen paulino, y el sexto día es del Islam. Se ha convertido en una necesidad espiritual y social, apreciada en el mundo civilizado.
Israel - Sacerdote y Profeta.
Una contribución más es el mismo Pueblo de Israel, el pueblo que dio nacimiento al judaísmo y que, a su vez, ha sido sostenido y preservado por la fe con la cual está comprometido y consagrado.
El judío de la historia es, en sí mismo, una contribución a la sociedad moderna. Hay quienes, aún entre los cristianos liberales, aplaudirían la extinción benevolente del judío a través de la conversión y la absorción, y hay todavía algunos entre los judíos menos informados, que aplaudirían esta «solución» del eterno problema judío. Pero la inmersión de una entidad colectiva bien definida, antigua y de tan altos objetivos, como la judía, en una totalidad que no reconoce la integridad espiritual del grupo incorporado, no es ninguna solución. Sería como el suicidio, una derrota miserable, que a la luz de la historia no se justifica y ante la Ley de Dios es inexcusable.
Desde tiempos remotos, el pueblo judío recibió al llamado para que fuera «Reino de Sacerdotes y Pueblo Consagrado». Por supuesto, no todos los individuos judíos están conscientes de este llamado, de este desafío de la historia. De la misma manera muchos miembros de las iglesias cristianas tampoco están conscientes del significado y desafío de la figura de Jesús y del cristianismo en la historia. Entender la vida con conciencia, especialmente a la luz de la filosofía de la historia y de los altos ideales, no es un hábito fácil para el hombre común. Mucha gente no está interesada en filosofar, ni con frecuencia hace una pausa para medir o sopesar sus propias acciones.
Pero los grupos, como un pueblo histórico deben ser conscientes de vivir y servir de acuerdo al desafío que sus ideales representan. De la misma manera ha servido y ha vivido gran parte de los judíos de acuerdo a su llamado ancestral por Dios. El pueblo judío, creador del judaísmo, cree en un Plan Inteligente y en la Economía Divina en el Universo, y está sujeto a la fe de que existe un propósito para su continua lucha por su existencia y sobrevivencia.
Por boca del profeta Oseas vino el mensaje divino al pueblo judío: «Yo te desposaré Conmigo para siempre. Yo te desposaré conmigo en rectitud y en justicia, con misericordia, en ternura y en compasión, Yo te desposaré Conmigo con Mi verdad y tendrás conocimiento de Dios.»
El Judío - que Siempre Protesta.
El judío aún se ve a si mismo como un sacerdote consagrado y un profeta en medio de las naciones. Por su herencia y contribución multifacética y multidimensional, pertenece a esa pléyade de benefactores que, según las palabras de Milton, prestan servicio incluso también cuando permanecen tranquilos y esperan, y no les importa lo que Hitler y los otros rencorosos dicen de él y no acepta sus prejuicios. El pueblo judío es un símbolo de valores eternos, «una insignia para las naciones». Su sola presencia en la sociedad moderna es un llamado divino para vivir y seguir los ideales éticos. El judío que esté en todas partes desafiando a las autoridades pecadoras que pervierten la justicia con «tú eres hombre fuerte, la mayoría te sigue, pero el mundo necesita una minoría de idealistas». En la presencia del judío, consciente de su tradición y de su herencia, el mundo debe irremediablemente pensar acerca de los ideales de los profetas, incluso Jesús y Mahoma acerca de la conducta moral y con énfasis especial en Dios. Israel es el eterno protestante de los siglos. El es el instructor inquieto que instiga contra la maldad de donde que venga y reafirma la verdad, que no sólo de pan vive el hombre, sino también de aquello que viene de la existencia de Dios y de la realidad de Su espíritu en el mundo.
Un maestro judío moderno dijo: «El judío se cree a sí mismo como testigo de Dios. Piensa que en algún sentido real, depende de él el cumplimiento de los propósitos de Dios. Esto puede parecer un pensamiento arrogante pero, a la vez, nos hace humildes y nos ennoblece. Nos hace humildes por la conciencia y nos ennoblece por la visión de lo que pudiera ser...».
Continúa así: «El judío moderno piensa que en algún aspecto el judaísmo rabínico significa un avance con respecto a la Biblia. Considera además que su propio judaísmo moderno está adelantado con respecto al Rabínico. El judaísmo, como se lo concibe, es una religión con una gran historia; nunca proclamaba que las doctrinas religiosas antiguas fueran la últimas palabras sobre religión. Piensa que la última palabra no está dicha todavía, y vive inspirado por la confianza de que la continuidad hará que la palabra ulterior sea todavía más plena, más verdadera, más sustentadora, más fraternal y más universal, escuchada por toda la humanidad.
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