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IDEAS E IDEALES
La contribución de los grupos humanos está condicionada por circunstancias históricas. La contribución judía a la civilización no involucra indagar logros de individuos prominentes, y las ideas o los ideales muchas veces no están proporcionados por individuos o grupos de renombre histórico, sino propagados por innumerables personas, cuyos nombres no registra la historia.
Muchos de los ideales del judaísmo llegaron a la civilización occidental por intermedio del cristianismo y del islamismo, especialmente en España; también en estos casos, es legítimo hablar de la contribución judía. Muchos conceptos de la religión y cultura cristianas están basados en el judaísmo, mientras algunos son oriundos principalmente de la cultura de Roma, de Grecia y probablemente también de cultos orientales. El edificio de la religión cristiana tiene bases múltiples.
El Monoteísmo.
La base del cristianismo, el monoteísmo, se tomó del judaísmo y es conjuntamente con la ética donde el judaísmo y el cristianismo se entrelazan. Es un hecho que la mayoría de los grandes ideales con los que el judaísmo contribuye a la civilización occidental, conforma una ética en el amplio sentido del término.
Intentaremos presentar algunas de las ideas de mayor énfasis en el judaísmo, que fueron transmitidas al mundo entero por el cristianismo, aunque existen diferencias importantes en las interpretaciones.
El primer gran ideal de la civilización occidental fue el monoteísmo. No existe concepto más intrínsecamente judío, como dice el historiador contemporáneo, Cecil Roth: «En el judaísmo ha significado siempre lo que significa hoy día y significará mañana el monoteísmo. Era un descubrimiento revolucionario, que marcó, marca y marcará a la historia occidental.
La segunda gran idea que la civilización occidental ha recibido del judaísmo es la del hombre hecho a imagen y semejanza de Dios y con libre albedrío. Eso significa, que es potencialmente capaz de adquirir una chispa de la bondad de la justicia, y santidad de Dios. Por lo tanto, su deber y su razón de ser no es ni su instinto ni su impulso, sino buscar el perfeccionamiento personal en nivel ético. Vivir una vida consagrada a la verdad, a la justicia, a la compasión, y sobre todo al amor. «Ama a tu prójimo como a ti mismo». Es la quinta esencia de la ética judía, como también de la cristiana.
En cuanto a la moralidad personal, hay un ideal judeo-cristiano acerca de la bondad personal. Este ideal está generalmente aceptado por toda la civilización occidental; forma parte de su sistema de valores. Es un camino para cada individuo para conformar su existencia, necesario cuando los valores fundamentales son rechazados, como en el curso de nuestro siglo.
Cuan precaria, cuan inestable es la naturaleza humana. ¿Cómo sería el hombre occidental sin el monoteísmo?.
Pero de acuerdo con el judaísmo, Dios demanda no sólo que el individuo, sino también la sociedad sea recta y honesta. El propósito de Dios para la historia humana es el establecimiento de una sociedad justa sobre la tierra. La llegada de ésta «era mesiánica» podría ser, en último término, la visión del profeta Isaías, y es el sueño y la convicción apasionada de todos los profetas, incluso de Jesús. El impulso mesiánico ha hecho actuar a los judíos a través de toda la historia, para permanecer fieles al judaísmo profetice»; y a los cristianos, guardar y practicar las enseñanzas morales de Jesús.
El «Reino de Dios» también es un concepto judío. Significa una nueva Edad de Oro en el futuro, una era de paz, justicia y hermandad universal sobre la Tierra. En este concepto hay cierta diferencia entre judaísmo y cristianismo. Citamos al fiel estudioso cristiano Jakob Jocz quien, en su libro «El pueblo judío y Jesucristo», escribe: «La Sinagoga enfatiza la "imagen de Dios" en el hombre; la Iglesia enfatiza la caída del hombre. La Sinagoga ofrece un humanismo en crecimiento, esencialmente idealista y optimista, en perspectiva. La Iglesia, por otra parte, al enfatizar la depravación de la naturaleza humana y la impotencia del hombre para salvarse a si mismo, presenta una actitud casi negativa y ascética con respecto al mundo.»
La esperanza mesiánica es parte de la misma esencia del judaísmo. De acuerdo con la parábola rabínica, una de las preguntas que nos harán después de la muerte, será: «¿Buscaste ansiosamente la redención?» Buscar la redención, esperar y trabajar por la llegada de la era mesiánica es, como si fuera parte de la constitución biológica de nuestro propio ser.
«La esperanza mesiánica, este ideal, es uno de los principales regalos del judaísmo a la humanidad, hay quienes consideran que es ésta la fuerza vital de la civilización occidental. Y estos mismos pensadores dan una orientación al proclamar que el deber del hombre es, planificar un mejor orden de vida sobre la Tierra y trabajar por su realización con toda su capacidad.
El concepto mesiánico judío no cree en pacifistas o quietistas, como algunos filósofos del Siglo XIX, sino que insiste que el hombre se transforme en el creador de un nuevo orden humano, donde la paz está asegurada por la justicia social, como una muralla erigida contra todo tipo de barbarie. Fue el judaísmo que divulgó estas ideas, mucho antes que la civilización occidental hubiera nacido. No en vano dijo Toynbee, que el monoteísmo dio un tiro de gracia no sólo a la idolatría, sino también a la barbarie.
La Paz.
Por supuesto, el simple deseo y pasión por un orden mejor no es suficiente. Hay que tener un concepto claro de lo que significa ese orden. La sociedad humana, al igual que la vida del individuo, puede asumir un sinnúmero de variantes. En nuestra época, con todos los descubrimientos, el hombre puede convertirse en un santo o en un sabio, pero también en una bestia, como el mundo mismo puede convertirse en un paraíso, o en un infierno.
El judaísmo tiene un cuadro de ordenamiento ideal de la sociedad. Lo primero que demanda y requiere para ello es la paz. La paternidad de Dios conlleva a una hermandad de los seres humanos, y en consecuencia, la guerra debe ser aborrecible. El judaísmo da origen a la idea revolucionaria de que la guerra puede y debiera ser abolida de la vida de la humanidad.
Ya según la visión mesiánica del profeta Isaías, una señal de la era mesiánica será, que «los pueblos no levantarán espada contra otros, y no aprenderán a hacer la guerra nunca más».
Según la historia vivida por la humanidad, esta visión parecería una ironía, puesto que en la época del profeta y hasta nuestros días, la conquista ha sido considerada como el derecho natural del más fuerte, y la guerra victoriosa el propósito principal de todo estado poderoso.
La Libertad.
Otra consideración original del judaísmo para el reordenamiento de la sociedad es que cada individuo debería tener, por derecho propio, la libertad completa que regule su relación con el prójimo, quien tiene los mismos derechos.
Se basa en la aseveración que el hombre fue creado a la imagen y semejanza de Dios, lo que le entrega la dignidad para ser respetado. Dios es libre, por consiguiente debe considerarse como un pecado grave la limitación personal, y aún más, la opresión de otros y usarlos como medio para los propios propósitos. La imitación de Dios es el deber y el privilegio de todo ser humano; por lo tanto, hay que asegurar a todos la más amplia oportunidad para su desarrollo personal y para ello se requiere, ante todo, la libertad.
El judaísmo se opone a toda forma del totalitarismo. El gobernante no debe abrogarse nunca el poder absoluto. El es sirviente de Dios, y está sujeto a Su ley; de esta manera ha sido considerado el rey judío en la época de la monarquía. Todos los profetas solían reprenderlos, cuando habían transgredido la ley moral, o actuado contra la intención divina.
La esclavitud es una institución claramente en conflicto con el ideal de la libertad del hombre. El judaísmo fue el primero en ponerle límites, humanizarla al considerar al esclavo como un ser humano y no como un objeto, y preparar su abolición. Obviamente, el ideal de la libertad es también parte tanto del cristianismo como del judaísmo. Muchos judíos y cristianos han luchado por ella en el nombre de la moral religiosa, pero en su origen, la idea del Shabat, la oposición a la esclavitud y al totalitarismo eran ideales judaicos, y ya por intermedio del Antiguo Testamento ejercían una influencia directa.
Las ideas de libertad, igualdad y fraternidad, que son la base de la democracia, tienen sus raíces en la Biblia y han llegado a ser las más características para definir y distinguir la civilización occidental de las civilizaciones anteriores; es la idea de la libertad del individuo como parte indispensable de ella. La civilización occidental se manifiesta como la historia de la Libertad. Desde las guerras de las ciudades libres de Grecia contra los reyes persas, contra la autoridad oriental centralizada que pisoteaba al individuo, desde la experiencia del pueblo judío con el faraón en la Biblia hasta el día presente, hasta la Segunda Guerra Mundial contra la Alemania nazi, fue la guerra de la civilización occidental por la libertad.
La civilización occidental puede ser considerada como un movimiento político, económico y espiritual, que aspiraba a asegurar la libertad del individuo. Sólo la civilización occidental intentó abolir las intenciones más malignas del mundo unir el deseo de mandar del hombre con la obligación de obedecer.
La Justicia Social.
El judaísmo, fuera de paz y libertad, también demanda justicia. La justicia significa la administración imparcial de la ley, pero al mismo tiempo significa lo que hoy denominamos «justicia social», es decir, la abolición de la pobreza y de todo tipo de explotación social y económica. La justicia social es un aspecto importante de la libertad. Un hombre condenado por el orden social al hambre, aunque pueda tener todos sus derechos políticos, no puede ser realmente libre. No es libre para desarrollar su personalidad, ni para realizar la humanización y la santificación de la vida. Por esta razón, los profetas judíos están llenos de preocupación por la realización de lo que prescribe la Tora: una legislación especial en pro del pobre, del extranjero, de la viuda, del huérfano, y de todos los desamparados. El ideal de la justicia social, por el cual los reformadores occidentales luchan para llevar a la práctica también en nuestros días, es el ideal de Isaías, de Amos y de Miqueas, que se transforma en herencia común de casi toda la humanidad.
La compasión judía está contra el dicho: «Bienaventurado es el pobre» pues él no puede desarrollarse plenamente como ser humano, creado a la imagen de Dios, por lo tanto debe ser compadecido. El hambre y la desnutrición le imposibilitan desarrollar sus poderes mentales y espirituales. La pobreza involucra hambre, desnutrición, falta de higiene; frío en invierno; vivir y dormir en casas inadecuadas y no tener ropaje adecuado. El hombre, creado a imagen de Dios, no debe vivir en un estado indigno lo cual lo condena la pobreza.
Resumen de las ideas principales del judaísmo que configuran la civilización occidental actual:
- El monoteísmo y el monantropismo,
- El monoteísmo ético,
- El libre albedrío del hombre,
- La bondad personal como meta del hombre,
- El concepto mesiánico,
- La paz universal,-
- La libertad,
- La justicia.
Estos y otros ideales más constituyen la contribución judía a las civilizaciones del pasado. ¿Qué debería aportar el judaísmo en el futuro? Al hacer esta pregunta, uno estará tentado a suponer que las contribuciones presentes y futuras del judaísmo deberían ser completamente diferentes y nuevas. Después de haber entregado los valores, éstos pasan a ser preocupación de toda la humanidad. Teóricamente, las ideas otorgadas por el judaísmo a toda la humanidad deberían ser depositadas ahora en las manos de los poderes laicos actuales, incomparablemente más poderosos e influyentes que las comunidades religiosas.
En segundo lugar, a pesar de ser numéricamente un núcleo pequeño, el rol de los judíos en la civilización demuestra que ellos no son un factor de poca importancia. Dios no los eligió como una multitud. El autor del Deuteronomio nos asegura: «El Señor no puso su amor sobre ustedes, ni los eligió porque eran más en número que cualquier otro pueblo; eran el pueblo más pequeño de todos, pero por medio de la Alianza, recibieron la vocación de servir a los demás. Fue éste el poder del judaísmo, el tratar de realizar su tarea para llegar a ser un reino de sacerdotes, un pueblo consagrado al cumplimiento de su vocación, de ser transmisor y mensajero de las leyes de la ética como parte de la religión.
¿Hay todavía algo por hacer?
¿Qué pasa ahora con la paz universal? No existe paz universal. Desde la conclusión de la Segunda Guerra Mundial, no hubo ni un solo día sin guerra o violencia en algún lugar del mundo. Y el resto del mundo está angustiado por el miedo que se provocaría una guerra mundial más grande en magnitud y destrucción, que la última.
¿Qué pasa ahora con la libertad? Está brutalmente suprimida donde el totalitarismo haya tenido éxito en establecerse.
¿Qué pasa con la justicia social? Pobreza más grande no existió jamás en la historia de la humanidad para una gran parte de la población, y tampoco mayor riqueza, opulencia y bienestar para unos pocos.
¿Qué pasa con el ideal mesiánico? En vez de trabajar mancomunadamente y con entusiasmo ardiente por un mejor orden social en el mundo, la gran mayoría de los seres humanos sufre por sus sentimientos amenazados, por la impotencia para enfrentar las calamidades internas y externas, nacionales e internacionales, que amenazan el mundo entero. Prevalecen el pesimismo, el cinismo, la frustración, el despotismo, el egoísmo, el materialismo, el hedonismo.
Quisiéramos probar con este libro, que la relevancia de las ideas del antiguo judaísmo y del actual tienen valor y validez también en nuestro mundo de hoy, y sugerir que la máxima necesidad de la humanidad es la esperanza activa. A pesar de todos los sufrimientos en nuestra época, deberíamos creer en la esperanza mesiánica y deberían ser los propios judíos los que tendrán que mostrar el ejemplo. Ningún otro pueblo ha sufrido tanto en los tiempos pasados, y especialmente en este siglo. El remanente del pueblo judío puede y debe hablar, a pesar de todo, de la época mesiánica, acerca del Reino de Dios en la Tierra, puede tener y ofrecer fe en el progreso no sólo en lo técnico y material, sino mucho más en lo espiritual y ético.
El judaísmo debe demostrar la convicción que, por fin, la justicia triunfará sobre la iniquidad, el amor vencerá al odio.
Quisiera sugerir que el mundo reconozca 'que las antiguas ideas del judaísmo, divulgadas durante casi tres milenios, junto con las del cristianismo, divulgadas durante casi dos milenios, contribuirán en forma permanente e imborrable no sólo al mantenimiento físico de la humanidad, sino también a su progreso espiritual. Sin ellas no existiría civilización occidental mantenida por el idealismo que, sin duda, ha contribuido fuertemente a todo lo que es bueno en el mundo de hoy, especialmente en la parte espiritual, cultural y ética.
Ahora estos «idealistas», asociados con otras fuerzas espirituales y éticas, tienen que cerrar el abismo existente entre el desarrollo material y lo ético, para poder retener las manos de aquellos que, por su poder material y tecnológico, creen tener también el poder para destruir el mundo y la humanidad.
¿Para qué sirven hoy las antiguas ideas, y ¿por qué nos parece, que para algunos ya no sirven? Hay que comprobar que los hombres, movidos por estas ideas y practicándolas, podrán contribuir al mejoramiento del mundo y promover la llegada del Reino de Dios -es decir, la época mesiánica- en la Tierra.
Con toda convicción podemos confirmar, que las ideas antiguas siguen siendo válidas y valiosas. Por supuesto, hay que convencer a los vacilantes. Para restaurar la confianza en la validez de ellas, es necesario definir los cambios necesarios y tratar que todos, juntos, examinemos la historia, los hechos, los acontecimientos y su porqué. Entonces llegaremos a convencernos, que no son las ideas las que no nos sirven, sino que faltan quienes las pongan en práctica.
Cuando hayamos vuelto a confiar en la validez de los antiguos valores, veremos que vale la pena defenderlos, aunque fuera necesario por la fuerza, como una «muralla erigida contra los bárbaros actuales». Debemos defender la civilización occidental.
Es obvio sin embargo, que tal programa requiere de esfuerzos y sacrificios casi sobrehumanos, pero son realizables. Todas las religiones deben otorgar la fuerza apasionada del mesianismo y el espíritu de autosacrificio que demanda la urgencia de la situación. Aquí yace la tarea de todos. Todos debemos redescubrir nuestros deberes, para acelerar el advenimiento de la era mesiánica y concebir este deber en términos de la situación concreta, en que se encuentra el mundo actual. El judaísmo y el cristianismo dejarán de ser factores activos en la historia del mundo, si sólo predican el mensaje de la Biblia como una poesía que, por muy bella que parezca, no cambiará el mundo. Debemos trabajar juntos por un mundo mejor, aquí en la Tierra.
El antiquísimo programa judeo-cristiano: -monoteísmo, moralidad, mesianismo, paz, libertad y justicia- no ha perdido su validez, por el contrario. Ha adquirido una nueva urgencia. Para que este mensaje sea escuchado y practicado, debemos proclamarlo desde el pulpito, en la prensa, en libros, en los centros de influencia de política mundial, y sobre todo en nuestros contactos individuales, y debemos confirmarlo en nuestra actuación diaria, concreta y humana.
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