DIOS EN EL CONCEPTO DEL JUDAISMO

 

 

Se cuenta del filósofo romano Alanus, que después de haber dominado las siete artes liberales, decidió revelar los misterios de la Deidad en una conferencia pública. El día anterior de su ponencia, al caminar a lo largo de la ribera de un río, por casualidad se encontró con un niño que había hecho un hoyo en la tierra y llevaba agua del río al hoyo con una pequeña cuchara. El filósofo, atónito, le preguntó al niño de aspecto misterioso, qué estaba haciendo. «Yo intento llevar toda el agua del río hasta este hoyo», replicó él. «Pero eso es imposible», contestó Alanus. «No es más imposible», replicó el niño, «que la tarea que tú te has puesto a tí mismo». -La conferencia no fue dada.

 

Este capítulo tampoco debiera estar escrito, si su propósito fuera revelar la naturaleza de la Fuente de toda Existencia. Lo que es Dios en Su infinidad y majestad, excede las capacidades mentales del hombre mortal. Se ha dicho de buena forma que comprenderlo significaría, que la mente humana debiera superar a Dios mismo. En este capítulo nos hemos propuesto una tarea más humilde: bosquejar en un breve resumen la respuesta a la pregunta: ¿Qué significado e interpretación le ha dado el judaísmo a la idea de Dios?, pues sus conceptos fueron incorporados en todas las religiones monoteístas.

 

En la medida en que la religión asume una variedad infinita de formas y conceptos es, en el fondo, la conciencia del hombre con respecto a lo sagrado. Es su respuesta a lo Divino, en la forma en que es aprehendido en el mundo externo y dentro de su propia mente, su corazón y su conciencia. En un sentido verdadero y vital la religión comienza cuando el espíritu humano mira hacia la fuente misteriosa de su propio ser y busca una comunión con ella, como la presencia que engloba a todos y la inteligencia, que comprende todo.

Alcanza las formas más nobles de la autoconsagración del hombre al Único Santo y a Sus planes, y decide dedicar su corazón, su mente y su voluntad al servicio de Dios y al de sus semejantes. En el judaísmo, la conciencia de lo sagrado se cristalizó en la doctrina del monoteísmo ético, el concepto más noble de Dios, conocido por la humanidad.

 

La Revolución de la Idea de Dios.

 

Aunque la creencia en un Dios siempre viviente ha sido un concepto central en el judaísmo, no fue siempre concebida de la misma manera. Al igual que cualquier otro producto de la experiencia humana, la idea de Dios ha estado sujeta a desarrollos continuos. En respuesta a las crecientes necesidades del hombre, y con el avance del conocimiento y del refinamiento moral, ciertas nociones que una vez fueron mantenidas con respecto a lo divino, más tarde resultaron estar consideradas indignas de El Quien representa la perfección más alta, y fueron reemplazados con otros, más adecuados.

 

La Biblia, redactada a base de la fe monoteísta ya avanzada, no muestra de manera simple la historia del desarrollo de su idea acerca de Dios. Una lectura superficial de su contenido sugiere, que el judaísmo, en su desarrollo, comenzó con una doctrina sobre Dios plenamente revelada, según la cual Dios era el Creador del mundo y Guía del hombre. Un análisis más cuidadoso muestra que esta doctrina representa el clímax de una larga lucha en pos de la verdad, por parte de las mentes más iluminadas de Israel.

 

A través de la oscuridad que empaña el origen de las primeras ideas e instituciones religiosas, vagamente discernimos algunos de los más importantes pasos en el crecimiento de la idea judía de Dios. Josué (Cáp. 24.2.) se dirige así al pueblo de Israel: «Vuestros padres moraron antiguamente al otro lado del río (Eufrates), Teraj, el padre de Abraham, el padre de Nahor. Ellos sirvieron a otros dioses». Poco se dice de la forma como Abraham rompió con los 'otros dioses'. El Éxodo (Cáp.. 6.2.) nos dice, que los Patriarcas conocían a su Dios familiar con el nombre de «El Shadai», un nombre de significado incierto. A menudo lo tradujeron como «Dios Todopoderoso». Lo que fue reservado a Moisés conocer a Dios por Su nombre distintivo, compuesto de cuatro letras, YHVH, probablemente pronunciado Yahveh. La transformación «Jehová» es una lectura no correcta de las vocales de Adonai, el Señor. En tos primeros tiempos, se aplicó YHVH.

 

La revelación de Dios a Moisés, bajo un nuevo nombre, representa el momento de la partida de la religión de Israel. Moisés identificó a YHVH, a quien aprendió a conocer más ampliamente o, como algunos piensan, por primera vez durante su estadía con los Kenitas en el desierto de Sinaí, era el Dios familiar de sus padres, y bajo su inspiración se llevó a cabo la liberación de sus hermanos del cautiverio egipcio.

 

El significado de YHVH ya confundió a los más antiguos redactores de la Biblia. La historia de Su revelación a Moisés desde la Zarza Ardiente intentó dar una explicación al nombre. Cuando Moisés fue comisionado por Dios para que regrese a su pueblo, llevándole el mensaje de liberación, le preguntó a Dios, cómo debería responder a la pregunta del pueblo: «¿Cuál es Su nombre?». El fue instruido por Dios para hablar acerca de El como «Ehye asher Ehye - Yo soy El que soy». «Así dirás tú a los hijos de Israel: Ehye me ha enviado a ustedes» (Éxodo 3.13, 14.).

 

El nombre se deriva de la raíz«Haya - Ser». Esta afirmación crítica ha sugerido una infinidad de significados e interpretaciones. Hay quienes ven en ella la idea del Ser Absoluto, de la inmutabilidad, de la eternidad, y la idea de la revelación progresiva. Mientras estos pensamientos filosóficos estuvieron asociados con Dios, después apenas tuvieron implicación alguna en el significado original de la palabra.

 

Cualquiera que sea su explicación etimológica, expresaba para el pueblo la idea formulada en el verso precedente: «Ehye imach - yo estaré contigo» como guardián siempre presente, protector y gobernante, el Dios que está siempre con el pueblo en sus vicisitudes, listo para liberarlos de sus tribulaciones. Este nombre misterioso creció en significado con el avance del pensamiento judío, y llegó a poseer la significación más alta que Dios pueda tener para el hombre.

 

Desde los días del Sinaí, Israel y YHVH estaban mutuamente ligados el uno al otro. Su unión estaba simbolizada por una Alianza, que los ataba bajo atención mutua. Tenían fe que YHVH había prometido ayuda continua a Israel, bajo la condición de que Israel siguiera Su liderazgo de manera resuelta, y obedeciera a Su voluntad. Su voluntad no se expresaba sólo en un conjunto de prohibiciones, que el pueblo debería respetar, sino que concernía a la relación de ellos con sus semejantes. Sus costumbres, su forma de vivir, ya sea que afectaran al culto o sus asuntos sociales, estaban llevados a la práctica bajo Su jurisdicción.

 

Esta fusión de lo sagrado y lo ético representa la contribución más importante de Moisés a la historia de la religión judía y de las demás religiones. El colocó la relación YHVH e Israel sobre bases morales, y así puso los fundamentos para el importante desarrollo del carácter ético de Dios. Los términos de la Alianza están estipulados en el Decálogo (Éxodo 20. 2-17; Deuteronomio 5. 6-18.). YHVH debería ser reconocido como el Libertador de Israel. Ningún otro Dios deberá ser adorado por Israel, fuera de YHVH.

 

Su nombre no debería ser mencionado en vano, ni para perjurio ni como blasfemia, ni para propósitos mágicos. El ordena la santificación del Shabath, la reverencia de los padres y la consideración de la vida, del hogar y de la propiedad del prójimo. Este simple código ha encontrado su camino a través de los corazones de la mitad del mundo, en cuanto se considera que la voz de Dios iba a servir de base a la vida de Israel, y de la mitad de la población del mundo.

 

Israel comenzó su historia nacional con una concepción de Dios que fue caracterizada como monoteísmo nacional, en que YHVH aparece como el Dios nacional. Los dioses de los vecinos no fueron todavía negados, pero estaban excluidos de la esfera del reconocimiento del pueblo judío.

 

Al entrar a Canaán, con su rico culto a los dioses de la naturaleza, los Baalim, el pueblo de Israel encontró en YHVH la fuente de su fuerza y de su unión. La adopción de los dioses de la tierra habrían tendido a aflojar sus vínculos nacionales. La fidelidad a YHVH los unió en un pueblo único. Como su gobernante, YHVH fue concebido como «un héroe de la guerra», quien participó y luchó en sus batallas y les dio la victoria sobre sus enemigos. El era su Dios, como Kemosh era el dios de los Moabitas y Milcom el dios de los Amonitas. Pero El estaba considerado como el más grande y el más poderoso.

 

La imaginación creadora de mitos lo concibió a El en términos humanos, con imagen humana, con manos y pies, ojos y boca, y conversando con individuos escogidos, al igual que hace un hombre con otro. El estaba sujeto a emociones humanas tales como la rabia, los celos, etc. Al mismo tiempo, Sus cualidades distintivas estaban reconocidas. El poeta exclama: «Quién es igual a Ti, oh YHVH, entre los dioses, y quién es igual a Ti, glorioso en santidad, digno de temor y de alabanzas, Hacedor de maravillas». (Éxodo 15.11.).

 

Contrariamente a la mayoría de los dioses tribales que protegieron su propio suelo bajo todas las circunstancias y en contrario a las deidades de la naturaleza que otorgaron su abundancia sin mirar el aspecto moral, YHVH extendía su ayuda a su pueblo sólo si ellos fueran fieles a la Alianza.

 

La derrota de los judíos y la adversidad de los vecinos no eran señales de la debilidad de YHVH, sino el fracaso de los "bene Israel" en cumplir con la voluntad de Dios. Sin considerar sus desastres y sus triunfos, el reinado de Dios sobre ellos debería ser, de todas maneras, establecido y mantenido. «YHVH reinará por siempre jamás» (Éxodo 15.18.).

 

Sí, en la medida que absorbieran varios elementos de la civilización de Canaán, los israelitas retuvieron su identidad. Eso era, en gran medida, debido a la idea del Pacto con YHVH, que formó la base de su religión. En vez de ser sumado a los Baalim, YHVH emergió como el único Dios de la Tierra. La lucha contra los Baalim está dramatizada en la historia del profeta Elías. (I.Reyes 17.19-21.).

 

Los festivales y los ritos antiguos, los santuarios y los altares fueron transferidos a YHVH. Las funciones de la naturaleza, antes identificadas con los Baalim, fueron atribuidos a El (Oseas 2.). No obstante, Dios no fue reducido a una personificación de los fenómenos naturales. El Dios Nacional de Israel fue reconocido también como el Dios de la naturaleza, aunque no era la naturaleza misma, sino trascendente ella en gloria y poder. En la visión de Isaías, el coro de ángeles canta: «Santo, santo, santo es el Señor de las Huestes Celestiales, toda la tierra está llena de Su gloria» (Isaías 6.3.).

 

La Visión Profética.

 

Mientras que la idea judía de Dios creció desde los comienzos tribales sencillos, su carácter complejo no puede ser explicado sólo por sus orígenes. En el proceso de su desarrollo adquirió nuevos elementos, que no estaban presentes en la semilla, en su origen, al principio. Estos fueron asegurados no sólo a través de la experiencia histórica del pueblo judío, sino principalmente a través de la visión intuitiva de los profetas y del pensamiento reflexivo de los sabios.

 

Notamos la relación íntima entre YHVH e Israel. Su pensamiento acerca de Dios penetró profundamente en todas sus relaciones. Las duras experiencias de la historia abrieron los ojos de los profetas a la obra de Dios en la vida de Israel y de las otras naciones como una voluntad moral, que trabaja por la rectitud. En la rectitud ética, ellos reconocieron no sólo un convencionalismo humano sino una ley de moral gravitacional, que sostiene el mundo. A través de estas mentes luminosas, Israel aprendió a ver los eventos cambiantes de la historia como obra de YHVH, portentosos y llenos de sentido.

 

La conciencia de lo santo, que abrió nuevos niveles de verdad y valor para el hombre, asumió sus formas más ricas en la visión de los profetas. Así como la naturaleza entrega sus secretos a la mente científica, y su belleza al genio poético y artístico, la verdad divina se comunica con especial plenitud a las mentes proféticas que se avienen a percibir Su grandeza.

 

El proceso de la Revelación es progresivo y universal, sin límites de época o de pueblo. A los hombres de genio religioso de todos los tiempos y de todas las razas, se le ha entregado la visión de Su verdad. Puede ser que en el antiguo Israel alcanzó su nivel más alto. Los profetas fueron iluminados por lo Divino y llegaron a ser los videntes más claros de Su verdad. La voz de Dios resonó dentro de su conciencia, llamando al hombre a la lealtad y a la obediencia como condiciones de un vivir verdadero.

 

El genio de la profecía transmutó la concepción popular del henoteísmo nacional, el cual no estaba tan apartado de las visiones sustentadas por los pueblos vecinos del mundo antiguo, con respecto a la idea de la redención por el mundo del monoteísmo ético. A través de todas las edades, la humanidad ha estado en busca de la visión completa de Dios.

 

Por intermedio de Moisés Le pidieron: «Muéstrame tu gloria; muéstrame Tu camino.» (Éxodo 33.12-23.). Mientras las mitologías de muchas naciones han buscado satisfacer esta búsqueda eterna con cuadros imaginarios de la esencia de Dios,el judaísmo profetice declaró: «Tú no puedes ver Mi rostro». La visión del Ser Dios no está hecha para el ojo físico del hombre mortal. El hombre puede percibirlo por Su santidad, Su bondad, Su justicia y Su misericordia. Lo que distingue a la doctrina profética judía acerca de Dios no es sólo el monoteísmo, sino también y sobre todo, su insistencia en el carácter ético de Dios como la Voluntad Soberana.

 

La Rectitud sin mácula y el Amor sin resque­brajaduras, es la norma suprema y perfecta de Su comportamiento para Israel y para toda la humanidad. El carácter ético de Dios es, en cierto modo, el producto de la idea del Pacto, de la Alianza. Este pensamiento actuó como levadura en la vida religiosa de Israel. Los profetas siempre lo sostuvieron como un incentivo para avanzar hacia los objetivos éticos. En el nombre de Dios ellos hicieron razonar, por primera vez en la historia, acerca del mensaje de la ética social.

 

Oprimir o hacer mal al pobre y al desvalido es una afrenta a Dios. Su ojo no está sólo sobre Israel, sino sobre todas las naciones, demandando de ellas una conducta correcta, El los castiga a causa de su avidez, su crueldad y su inhumanidad. (Amos 1.2.).Las naciones que escamotean la justicia, destruyen los fundamentos de su propia existencia. La voluntad de Dios se realiza de todas maneras, a pesar de las maldades de los paganos.

 

«La rabia del hombre te alabará a Tí» declara el Salmista (76.10.). La misma furia de las naciones se transforma en un instrumento de su retribución.

 

El auge y la caída de los imperios poderosos de la Antigüedad los llevó a creer, que las naciones son sólo Sus instrumentos (Isaías 10.5.). Ellas son en Sus manos como arcilla en las manos del alfarero, él los modela y los forma de acuerdo a Sus planes. El es a la vez el autor y el actor principal en el drama de la historia. Para aquellos que tienen un ojo para ver en el significado verdadero de los sucesos que pasan, Dios se revela a Sí mismo no sólo como el Dios del poder, quien demuele el brazo del tirano, sino también como el Dios del Derecho, que equilibra la balanza de la justicia con misericordia Aunque Sus juicios puedan tardar, es seguro que se harán presentes.

 

«La rectitud y la justicia son los fundamentos de Tu trono, la misericordia y la verdad están ante Tí» (Salmo §9.14.).

 

En la visión de Moisés, Dios se muestra a Sí mismo como «El Eterno, el Señor Dios, misericordioso y lleno de gracia, lento para la ira, de gran fortaleza y abundante en bondad y verdad. Guarda la misericordia hasta mil generaciones, perdona la iniquidad, las transgresiones y el pecado, y no deja sin castigo al culpable; visita la iniquidad de los padres a los hijos, y a los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación». (Éxodo 34.7-8.). Amos enfatiza la inexorable justicia de Dios, y el mensaje de Oseas al infalible amor de Dios. A pesar de la declaración de Moisés, Ezequiel insiste acentuadamente en que los padres no morirán por los pecados de los hijos, y los hijos por los de los padres. Cada uno morirá por su propio pecado.

 

La profundización de la convicción de los profetas acerca de la naturaleza moral y de la santidad de Dios deja claro, que la semejanza corporal del hombre con Dios no era un rasgo representativo. El segundo Mandamiento, que prohibió la adoración de otros dioses, fue ampliado en el sentido de prohibir toda representación visual de Dios. «Tú no tendrás otros dioses ante Mi. No te harás para tí una imagen tallada, ni ninguna otra semejanza de nada que exista en el cielo arriba, o debajo en la tierra, o que esté en el agua debajo de la tierra. No te postrarás ante ellos ni los servirás». Dios es espíritu y no carne (Isaías 31.3.), es oculto al ojo humano. Se revela a Sí mismo en la visión interior de los profetas como el supremo gobernante de la Naturaleza y de la Humanidad. El es el agente que está detrás de todos los fenómenos, es el poder que está detrás de todas las maravillas de la Naturaleza. El determina los destinos de los individuos y de las naciones, es la fuente de la ley moral, con la cual ellos alcanzan su felicidad.

 

Según el pensamiento profetice, Dios no podría permanecer como uno entre otros, sino sólo como el único y solitario Dios. Las crisis de la vida interior de la Nación y las luchas contra las fuerzas hostiles lo revelaron a Dios como el Dios de la Historia de Israel y los demás pueblos. En el siglo VIII a.C., la amplitud del horizonte internacional llevó a los profetas a la convicción, de que Aquel que gobierna el destino de Israel, es el Soberano de todas las naciones. Los etíopes de piel oscura, los enemigos de Israel, los filisteos y los arameos, también son el objeto de Su amor. (Amos 9.7.). Egipto también es Su pueblo, y Asiría es obra de Sus manos. (Isaías 19.25.). El era el Padre de todos los seres humanos (Malaqufas 2.10.). Todos los dioses, fuera de él, son nada. Los dioses de las naciones son meros ídolos, creaciones del trabajo humano, mientras que el Dios Viviente es el Creador de todas las cosas. (Jeremías 10.1-16.). En contraste al politeísmo y al dualismo de los persas, creencia de dos principios opuestos, el bien y el mal, Deutero - Isaías exclama en el nombre de Dios: «Yo soy el Señor (YHVH), y no existe nadie más fuera de Mi, no existe otro Dios... Yo creo la luz y la oscuridad; traigo el bienestar y la desgracia I; Yo soy el Señor que hago todas estas cosas». (Isaías 45.5-7.).

 

A través de la enseñanza profética, el nombre YHVH dejó de ser una designación personal de la deidad en la manera como lo adoraron en Israel, y pasó a ser el nombre inefable del Dios Universal, fuente de toda la existencia y gobernante de toda la humanidad. Relacionado primero con el Monte Sinaí y Horeb, y subsecuentemente con el Monte Sión y la Tierra de Israel, Dios fue reconocido como el Creador del Universo. Comenzando como el Dios Único de Israel, llegó a ser adorado como el Único Dios de toda la Humanidad.

 

Al lograr una definición adecuada del concepto del monoteísmo ético, los maestros del judaísmo lo transformaron en una doctrina básica. La incorporaron en toda la Biblia, desde el Génesis hasta las Crónicas. Las expresiones henoteístas fueron cuidadosamente subordinadas a la visión monoteísta, de tal manera que virtualmente pasaron desapercibidas hasta el auge de la crítica humanista moderna.

 

Las Enseñanzas Rabínicas.

 

Al aceptar la Tora como la palabra literal de Dios, los rabinos la interpretaron a la luz de su concepción más alta. A pesar de alguna ocasional extravagancia homilética, surgida del libre juego de la fantasía, preservaron y aún dieron avance a las ideas bíblicas acerca de Dios en su pureza esencial. Con gran cuidado, propusieron interpretar el texto, libre de toda referencia a antropomorfismos y antropopatismos. «La Tora habló en el lenguaje de los seres humanos»- es su explicación de tales referencias a las Escrituras. Enfatizando la naturaleza espiritual y ética de Dios, ellos continuaron marcando las diferencias entre los caminos del hombre y los de Dios. El Rey del Universo y Padre de toda la Humanidad no actúa igual que un rey terrenal o un padre humano. Mientras que Dios gobierna el mundo con justicia (Midat Hadin), se inclina hacia la misericordia. Su objetivo no es, castigar, sino salvar y redimir. Su atributo acerca de la justicia está mitigado con el atributo de la misericordia (Midat Harajamim), por lo tanto Dios está siempre dispuesto a recibir al trasgresor que regresa a El con arrepentimiento sincero. Esta creencia favorita de los rabinos está expresado en el Salmo 103.13.: «Al igual que un padre tiene compasión de sus hijos, así el Eterno tiene compasión de aquellos que Le temen». Una oración basada en las palabras de Jeremías 31.2. dice así: «Con abundante amor Tú nos amaste, oh Eterno, nuestro Dios, y con gran e infinita piedad Tú nos has compadecido».

 

Se hace referencia a Dios no sólo como «el Único Santo, alabado sea El», «Señor del Mundo» y «el Omnipresente», sino también como «Nuestro Padre, Nuestro Rey», y «el Misericordioso».

 

La visión rabínica de Dios está claramente expresada en los primeros párrafos de la plegaria central de la liturgia, llamada «Amida». Dios está invocado como el Dios de los Patriarcas, que otorga ternura y posee todo, que recuerda la bondad de los padres, y en su amor traerá al Redentor para los hijos de sus hijos, por Su nombre y por el amor a Su pueblo. Oh Rey, Sostenedor, Salvador y Escudo... Tu misericordia sostiene a los vivientes; con amor y ternura concedes la vida al muerto, con gran misericordia apoyas al que cae, sanas a los enfermos, liberas a los cautivos, cumples con Tu promesa a los que duermen en el polvo».

 

La doctrina rabínica acerca del Reino de Dios está sorprendentemente formulada en la adoración y oración, llamada «Alenu», con la cual concluyen los tres servicios diarios. Ya no está limitada a Israel, sino abarca a todos los hombres de todas las razas y de todas las tierras.

 

«Por lo tanto, confiamos en Tí, oh Eterno, Nuestro Dios, que pronto podamos ser testigos de la gloria de Tu poder, cuando Tú destruirás todas las abominaciones de la tierra, y los ídolos serán arrancados; cuando el mundo sea mejorado bajo el reinado del Todopoderoso, y todos los hijos de la carne adorarán Tu nombre, cuando Tú borres toda la maldad de la tierra. Permite, que todos los habitantes del mundo perciban y reconozcan que ante Tí debieran doblar cada rodilla, cada lengua debiera pronunciar su confesión ante Tí, oh Señor Dios. Haz que ellos se inclinen ante Tu glorioso Nombre, haz que ellos Te honren; haz que ellos acepten el yugo de Tu Reino y que Tú reines sobre ellos con prontitud y por siempre jamás. Porque el reino es Tuyo, y por toda la eternidad Tu reinarás en gloria, como está escrito en Tu Ley (Éxodo 15.10.): «El Eterno reinará por siempre jamás», y se ha dicho (Zacarías 14.9.): «Y el Señor será Rey de toda la tierra, y en ese día el Señor será Único y Su Nombre, Único».

 

Las Ideas Filosóficas.

 

Las ideas rabínicas acerca de Dios están basadas en la Escritura revelada y en la tradición, más bien que sobre la reflexión independiente. El desafío de doctrinas extrañas y filosóficas o críticas impulsaron a los maestros del judaísmo a examinar y a defender los plazos y las fechas de la Revelación. Presentaron sus enseñanzas de manera sistemática. Llegaron a usar también su propia razón, como una fuente independiente del conocimiento, confiando en los fenómenos observables por su propia visión de la realidad. Investigaron la naturaleza, para lograr evidencias con respecto a la naturaleza de Dios. A pesar de que los comienzos de la reflexión filosófica aparecieron en la Biblia, son los períodos posbíblicos cuando la filosofía floreció en el judaísmo. Eminentes pensadores judíos utilizaron todos los recursos de la razón y se apoyaron en todos los sistemas del conocimiento, para interpretar y profundizar las ideas judías con respecto a Dios.

 

Al entrar en contacto con la filosofía griega, los pensadores judíos en Alejandría, en los tiempos precristianos y en la España Medieval y en otras tierras, tomaron varios elementos útiles de Platón, Aristóteles y de los estoicos, a la luz de los cuales ellos reformularon sus propias convicciones básicas. Siguiendo a los estoicos, el autor de la Sabiduría de Salomón concibió a Dios como el Principio Divino omnipresente, que se manifiesta a sí mismo como el Orden Racional del Universo. Con la ayuda de la enseñanza platónica, Filón ofreció pruebas para comprobar la existencia de Dios en la naturaleza, y desde las intuiciones del alma. Bajo la influencia aristotélica, Maimónides presenta a Dios como la Primera Causa y la Primera Fuerza Motriz. La intención ha sido realizada para unir al Dios impersonal de la metafísica griega con el Dios viviente de los profetas, y apoyar la religión revelada con la teología natural.

 

El árabe Kalam también ayudó a los maestros judíos a purificar los atributos de Dios, a liberarlos de todas las implicaciones físicas. A su vez, las reformulaciones filosóficas judías de la idea de Dios afectaron el pensamiento, tanto de los musulmanes como de los estudiosos cristianos.

 

Casi toda la filosofía significativa de los tiempos modernos ha entrado en contacto vital con la idea judía acerca de Dios: el panteísmo a través de Spinoza, el deísmo a través de Mendelssohn, el moralismo kantiano a través de Moritz Lazarus y Hermann Cohén, el idealismo hegeliano a través de Samuel Hirsch, y el vitalismo a través de Bergson. Prácticamente cada concepción moderna del teísmo ha luchado por un lugar, tanto en el judaísmo como en el cristianismo. No obstante, y a pesar de que se han hecho significativas revisiones como respuesta a ciertos avances del pensamiento, el monoteísmo ético sigue siendo el corazón del judaísmo, Adoramos a Dios como el Dios de nuestros padres, el Dios que se revela a través de la historia y a través del genio profetice.

 

Resumen.

 

El monoteísmo ético no es sólo uno de los numerosos artículos de la fe, sino el corazón mismo de la religión judía. Da carácter a toda su doctrina, a su ética y a su culto. A través de la experiencia histórica, como fue interpretada por el genio de los profetas y a través de la reflexión de los sabios, el pueblo judío se hizo cada vez más consciente de la realidad de Dios, y que encima de toda existencia están Sus brazos extendidos. El Señor del Universo es también el Dios del alma y del cuerpo. El revela a Sí mismo en la corriente majestuosa del proceso evolutivo, en la historia de los pueblos y de las naciones, y en la mente y en la conciencia de los puros de corazón que buscan la comunión con El en humildad y en fe, como con un Padre y un Rey, Redentor y Amigo. Buscan Su Revelación y Su propósito, no sólo en la ley cósmica sino también en el amor humano y en la justicia, en la bondad y en la verdad, en la belleza y en la santidad. A través de estos factores, él habla a los corazones de todos aquellos que Lo escuchan y Le demuestran su fe en forma de su vida; que la aman Sus enseñanzas éticas y las viven plenamente, aún autosacrificándose por ellas; que demuestran tener conciencia de El y conocen lo que El espera del hombre.

 

La idea de Dios ha distinguido a Israel como un pueblo con destino y con una misión religiosa para el resto de las naciones de la Tierra. El judaísmo transforma e irradia la vida de muchos seres humanos y brinda santidad, satisfacción moral y significado a la existencia humana.

 

El creyente siente, que Dios ayuda a todos aquellos que están dispuestos a recibirlo, a dejarlo entrar en su corazón. La existencia de Dios no se advierte de manera extraordinaria en acontecimientos espectaculares, ni cruciales. Su ayuda se manifiesta, según las palabras de los Maestros: «Tus milagros están con nosotros todos los días, Tus maravillas y Tu bondad nos rodean todos los días, al amanecer y al anochecer, y durante todo el día.» Qué pena, que no siempre lo percibimos.

 

Según el concepto de los Maestros, Dios está ayudando al hombre por medio de los recursos de la Naturaleza. Además, al proporcionarle capacidad para desarrollar su cuerpo y sus facultades, mediante su destreza y su flexibilidad, por medio de su capacidad mental, su inteligencia e ingeniosidad; por medio de su corazón que ama la vida, por su valentía y por sus aspiraciones.

 

Ayuda al hombre por intermedio de los demás seres humanos, por su capacidad de colaboración, por la convivencia social y los conocimientos que han alcanzado juntos. Por el amor y la comprensión de cada uno con el otro; por los sistemas políticos, por los derechos humanos que protegen la vida y la libertad; por la ciencia, las artes, las religiones y todos los valores culturales, acumulados en el curso de la historia humana y trasmitidos de generación en generación, como patrimonio de la humanidad.

 

Dios es el Libertador de todos los seres humanos. El es la fuerza que no permite que los individuos, ni los pueblos o las naciones sucumban en la esclavitud, El es el estandarte que los empuja hacia la rebelión, y es la fuerza que los convierte en inflexibles en la lucha por la libertad.

 

La creencia en Dios ha servido siempre como el motor del bienestar social y personal y de la regeneración permanente. Ha infundido paciencia y coraje en los hombres, para enfrentar obstáculos que parecen insuperables. En la noche más oscura del dolor y de la tempestad, ha seguido alumbrando como la estrella de la esperanza, que indica una mañana mejor y más brillante para toda la humanidad.

 

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