![]()
COSMOGONÍA Y FILOSOFÍA EN LA BIBLIA
Introducción.
Voltaire, el famoso poeta y pensador francés dijo hace dos siglos, que la Biblia es más célebre que conocida. Sus palabras tienen validez también en nuestros días.
Un predicador contemporáneo dijo hace unos cincuenta años atrás: Hay muchos quienes tienen la Biblia en su casa, está en el lugar más importante en su biblioteca, y la consideran tan sagrada que ni lo tocan. ¿Por qué?
Los lectores se le acercaron con mucha devoción, pero con poco interés por conocer sus autores, su forma y sus valores literarios, su influencia en las religiones y a la vida misma.
Aunque este concepto comenzó a sufrir una reinterpretación tan pronto como los talmudistas, teólogos y filósofos la sometieron a su escrutinio, para el pueblo en general, la Biblia siguió siendo considerada como un libro «sagrado», pero no muy interesante. En nuestra época, es poco investigado entre los creyentes devotos, tanto judíos como cristianos.
Esta actitud ha tenido varias consecuencias importantes; por ejemplo, todo su contenido se considera de igual importancia. Eso trajo consigo la conservación de la Biblia. Mientras tanto en algunas épocas del desarrollo cultural del mundo occidental, los grandes clásicos de la literatura griega y romana eran desconocidos, y en muchos casos sus obras se perdieron, la Biblia se conservó con cuidado amoroso, de parte de escribas judíos tanto en su idioma original hebreo como en traducciones, en griego y latín y de parte de monjes cristianos.
La Biblia sigue siendo una obra viva y en continuo desarrollo, manifestado en la legislación rabínica. El vasto material no-legal del Talmud y las compilaciones independientes del Midrash, llamado «Hagadá», que son enseñanzas éticas, sabiduría popular, leyendas, todos de valor incomparable, se basan en las interpretaciones de los pasajes bíblicos. Estos servían como fuente inagotable para las homilías judías y cristianas.
El concepto de la inspiración literal de la Biblia produjo una rica literatura ética y religiosa, e hizo posible la creación de la filosofía religiosa del judaísmo y del cristianismo.
El encuentro posterior de la filosofía religiosa con la filosofía griega, la búsqueda de armonizar las dos, ensancharon inconmensurablemente el horizonte de la religión tradicional compuesta de liturgia y teología y contribuyeron al desarrollo de la filosofía universal.
Los estudios detallados y el análisis de los textos bíblicos llevaron al reconocimiento, que existían diferencias en la Biblia, que se explican sólo en función del factor humano. La Biblia contiene libros de origen evidentemente humano, como por ejemplo los Libros Profetices, los Salmos, el Libro de Job, el Libro de Ester, etc. Poco a poco se reconoció, que hay diferencia en el nivel de la inspiración entre los Libros de la Biblia. Comenzaron las investigaciones lingüísticas y gramaticales y poco a poco se echaron las bases de un enfoque humano de la Biblia. Iban a considerarla, no como el dictado de Dios al hombre, sino como un registro de la aspiración del hombre hacia Dios; en vez de revelación de Dios, se habló de Su inspiración.
Esta actitud revolucionaria con respecto a la Biblia comenzó a dominar el pensamiento de la mayor parte de los científicos modernos en el siglo XVIII. En el pasado, la Biblia estaba considerado un libro muy importante, un libro sagrado. Ahora también se la considera sagrada, pues es grande en todo sentido. Empezaron a apreciar la Biblia también como literatura, buscaron a comprenderla como tradición, historia, derecho, ética, poesía, sabiduría, etc., y quizás el factor más importante, como un elemento indispensable para la educación religiosa y moral de la humanidad. Excede los marcos históricos, es una obra clásica y universal de todos los tiempos. Tiene mensaje para todos aquellos que están interesados en la búsqueda de la «vida buena», por supuesto, desde el punto de vista ético, y no material.
Finalmente, la Biblia es historia vivida, reveladora, inolvidable. Santayana, el filósofo idealista dijo, que quien no conoce el pasado, está condenado a repetirlo. El conocimiento de este aspecto básico del desarrollo espiritual del mundo es crucial en la actualidad. Comprender la Biblia no significa excavar simplemente el pasado, sino cimentar los fundamentos del futuro.
No se puede olvidar que en la Biblia no hay tan sólo conceptos éticos, sino también cosmogonía y filosofía. Las ideas éticas pertenecen a la filosofía y las definiciones éticas dan valor a la Biblia.
El valor filosófico de la Biblia está confirmado por el hecho que muchos filósofos buscaron y encontraron ideas y recibieron inspiración de ella. Es interesante mencionar que algunos de los investigadores de la historia de la filosofía declaran, que la filosofía griega está relacionada con la Biblia.
Es un hecho que los filósofos griegos empezaron sus actividades después del hallazgo de un ejemplar de la Tora o de una parte de ella, por intermedio del rey Josías, en el año 622 a.C. En ese año el primer filósofo griego, Tales, tenía dos años. En esa época ya había tráfico comercial y cultural entre el Cercano Oriente y Grecia, en el que participaron también los judíos, por cuyo intermedio las ideas de la Tora pudieron haber sido divulgadas, no intencionalmente, sino por conversaciones casuales. Se sabe que Tales estuvo en Fenicia y en Egipto; se supone que estuvo también en Judea; según la tradición popular griega, las raíces de la filosofía griega se ubicaron en el Cercano Oriente.
Los primeros filósofos griegos, Tales, Anaxímandro, Anaxímenes se acercan al pensamiento judío, al romper sus relaciones con los principios multidimensionales y mitológicos, al explicar lo multifacético de los fenómenos. Mantienen la unicidad del origen de todo existente: Tales menciona el agua, Anaxímenes el aire, Anaxímandros al «apeiron», una materia inmensamente fina y leve, casi incorpórea. El concepto griego es materialista, y difícilmente puede aceptar la idea judía, la creación de la nada. Sin embargo, el concepto del apeiron no está lejos de lo espiritual.
Jenófanes declara la unidad del Universo, se acerca al monoteísmo y rechaza las ideas paganas con respecto a la divinidad, diciendo: «Los mortales creen que los dioses nacen como los hombres, con cuerpo, voz, órganos de los sentidos, pero si los toros o leones tuvieran manos, los toros esculpirían dioses parecidos a ellos y los leones harían lo mismo». Según él, el Dios Supremo no es semejante a ningún ser vivo.
El concepto de Jenófanes se acerca al concepto monoteísta judío, pero difiere de éste cuando dice, que todo es uno y éste es Dios (panteísmo).
La filosofía griega se vuelca hacia el «hombre» y estudia los problemas éticos. Avanza hacia la moral pura, y las ideas de Sócrates y de sus seguidores se acercan a las enseñanzas morales de la Biblia. Platón deja de mirar los problemas del hombre y se vuelca hacia lo infinito, por medio de las ideas realizadas en los fenómenos del Universo. Mira arriba y ve al Dios Único, mientras Aristóteles llega hasta la primera causa, la primera razón, que es el Dios Único, pareciera como si los nuevos transmisores de la Revelación Divina fuesen los filósofos griegos. Esto induce a varios filósofos antiguos a presentar a los filósofos griegos como seguidores de la Biblia, Numenio, una excelencia de la escuela nueve-pitagórica, dijo que los filósofos griegos absorbieron mucho de la filosofía judía; y Platón sería Moisés de habla griega (Moisés Attikizón citado por Eusebio). Esta caracterización del famoso filósofo Numenio coincide con la tradición apócrifa, según la cual Moisés fue el maestro de Platón. Otra leyenda habla de un encuentro entre Pitágoras y Moisés.
Los filósofos judíos de la época helenista, Filón y Aristóbulo, pretenden confirmar esta influencia. Filón, en su exégesis bíblica, siempre busca y encuentra pensamientos de Platón. En la expresión bíblica, Dios creó al primer hombre a su imagen y semejanza, encuentra la fuente de la enseñanza de Platón respecto a las «ideas», como si no se tratara de alegoría, sino simplemente de la interpretación del texto bíblico. En su libro escrito sobre la vida de Moisés, declara que, él comprende las ideas de Moisés por intermedio de leer las de Platón.
Se puede ver, que filósofos de renombre, ligados con la filosofía griega (no sólo de la escuela filosófica de Alejandría), percibieron la relación entre la filosofía bíblica y la griega. Esta percepción los indujo a constatar, que la filosofía griega absorbió conceptos y criterios de la judía.
Consideramos, que se justifica presentar las ideas y los sistemas filosóficos de la Biblia como parte de la filosofía judía y la de la historia espiritual universal, subrayando que el judaísmo incorporaba la ética entre los conceptos filosóficos desde tiempos remotos. La filosofía judía contemporánea insiste en esta consideración.
Las ideas filosóficas de cada época de la humanidad se comunican en el nivel del idioma de su época. Su intención es, por supuesto, que sus contemporáneos las comprendan, y a través del lenguaje lleguen a todos.
La Biblia divulga sus enseñanzas filosóficas de acuerdo a su época. Los sabios del Talmud lo transmiten de esta forma: «Las enseñanzas de la Tora fueron entregadas en manera humana, aunque la Tora transmita verdades eternas, en forma sincera y fácilmente comprensible para todos».
Veamos los primeros versículos del Génesis: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era caos y confusión, hubo oscuridad por encima del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas».
Cuántas verdades hay en estas palabras. La naturaleza, el Universo, que en aquella época se conocía como cielo y tierra, no es una sustancia eterna. Su existencia demuestra el hecho de la creación y la existencia del Creador. El Creador es Dios, el único Ser, un ser espiritual. Su espíritu flotaba encima de los espacios cósmicos caóticos. Por medio de la creación, Dios pone orden en el Caos.
Tantas ideas filosóficas, expresadas de tal manera para que los paganos supersticiosos, hombres primitivos, las comprendan. Si miramos las palabras que siguen: cuando se separan las aguas, se separa la tierra, la que es apta para la formación de plantas, cuyo poder nutritivo favorece en forma progresiva la formación de diferentes especies de animales y su evolución. Luego, se crea también el hombre. Aparentemente, hay coincidencia entre esta descripción de la creación con la teoría de Kant Laplace y de Darwin.
Se podría contradecir y mencionar, que la descripción de la Creación habla de seis días, en vez de largas épocas, de millones y diez o cientos de millones de años.
La respuesta nuestra es: la Biblia habla para el entendimiento de los hombres primitivos. Es conocido, que a los comienzos de las culturas, el número «siete» fue el número más grande y sirvió para señalar la multitud. Los seres humanos sabían poco de la formación de sistemas numéricos, y tampoco de milenios de años o de épocas, sin embargo la Biblia habla de épocas. La palabra «yom - día» no significa un día de 24 horas, sino épocas cerradas, terminadas. Los días comienzan con la noche (erev en hebreo), y terminan con la mañana (boker). La raíz de la palabra «erev» se refiere al concepto de «mezclar», mientras la de «boker» es, «buscar, encontrar, visitar». Erev -noche significa, que el día se mezcla con la noche. La palabra boker - día significa, que el día visitó la noche, es decir se encontraron. Según el modo de ver cosmogónico, las palabras «erev» y «boker» significan: punto de transición, conclusión y comienzo de otra época.
Para la espiritualidad de los pueblos orientales, es característica la mayor capacidad imaginativa, que se manifiesta en la mejor comprensión de símbolos materiales y de palabras. La palabra «yom - día» figura muchas veces como símbolo, y significa época. La vida larga está expresada en la historia de Abraham. Dice la Tora: Abraham avanzó en días (ya era anciano). La expresión del Quinto Mandamiento es: que se prolonguen tus días (que tengas larga vida). Uno de los libros históricos de la Biblia se llama «Divre-Hayamim» (las palabras de los días, de las épocas, es decir la historia). Según esta analogía, la descripción bíblica sobre la creación del mundo habla no de siete días, sino de siete épocas.
Hay otra verdad importante en la descripción de la creación, cuando dice en forma repetida: atardeció y amaneció. Día primero, segundo, tercero, cuarto, quinto, sexto, séptimo. Reconoce la unidad y de la periodicidad de la naturaleza. Es la primera expresión filosófica de la permanencia, constancia, continuidad y regularidad de la naturaleza.
Cuando se concluyó la creación, dice la Biblia: y vio Dios que ésta era buena. Esta definición no es una evaluación materialista, sino espiritual y filosófica. Los exegetas la interpretaron como útil (ésta es la interpretación también de los estoicos), conveniente, apropiada, mientras los filósofos judíos posteriores opinaron que el mundo creado es bueno, pero no es perfecto, y los hombres pueden y deben perfeccionarlo.
Además, refleja la visión optimista de la Biblia, la que aceptó y transmitió el ilustre filósofo y sabio alemán Leibnitz, diciendo: Este mundo es el mejor entre todos los otros mundos posibles.
De hecho, ya en los primeros capítulos de la «Tora -los Cinco Libros de Moisés» está listo el sistema de la teología y filosofía judías. Notamos la primacía del espíritu en tiempo y categoría, encima de la materia. Se presenta la obra de la Creación, la declaración de la existencia de Dios, de su poder, de su sabiduría. Vemos la unidad de la naturaleza, la utilidad, eficacia, conveniencia de sus manifestaciones, notamos la sabiduría y el optimismo sano que es característico a la Biblia.
Pero aparece también el hombre, formado de cuerpo y de alma. Fue formado de polvo y vivificado por el espíritu de Dios. El hombre, ser moral, que recibirá leyes éticas y tendrá que obedecerles. Su naturaleza material lo seduce y cae en pecado, pero tiene la posibilidad de liberarse del pecado. El camino es largo y fatigoso. La historia de la caída del hombre es de alto contenido sicológico; la caracterización más conmovedora de la debilidad humana y el desenlace más sublime de la trágica falibilidad humana no puede imaginarse de mejor manera que la que ofrece la Biblia: el trabajo, el camino del trabajo creativo y laborioso para el futuro.
La Biblia proclama la unidad y la unicidad de Dios: «Oye Israel, el Eterno, nuestro Dios, el Eterno es Uno». Las figuras de la Biblia ejemplifican que en la lucha entre el bien y el mal, puede vencer el hombre quien, a pesar de toda su debilidad y de su caída, es un ser moral, virtuoso y obediente, fiel y dispuesto a hacer sacrificios por Dios.
La lucha del monoteísmo contra el paganismo significa la lucha de la virtud contra el pecado; significa la lucha del espíritu contra el poder físico, lo que se manifiesta en la Biblia, especialmente en las obras de los profetas. Sin embargo, ya las primeras páginas presentan la finalidad de esta lucha, que es promover la llegada de aquella época cuando el hombre deje de pecar y viva con justicia y con amor. Esta sería la época mesiánica, la época de la Redención.
Este pensamiento bíblico iluminó a San Agustín, obispo de Nipona, para escribir su obra famosa «La Ciudad de Dios», en que presenta la lucha, pero también el feliz desenlace.
El modo de ver la naturaleza y la historia por intermedio del monoteísmo bíblico es una inspiración creativa y espiritual para toda la humanidad. La idea no es sólo creencia o suposición o teorema, sino mucho más. Significa saber, conocimiento, sabiduría, reconocer a Dios partiendo del orden de la naturaleza, de la regularidad de los acontecimientos históricos, de las leyes de la vida ética. La Biblia exige este conocimiento; los profetas hablan de este saber; los Proverbios lo recomiendan como objetivo de la vida. Andar en el camino de la sapiencia no significa sólo la filosofía de la vida, la realización de la ética de la vida, sino también reconocer y sentir a Dios en nuestro ser y en nuestra vida, y al mismo tiempo, buscar el saber que se adquiere por el estudio y por la observación de la naturaleza y de la historia.
La regularidad de la naturaleza aparece en la literatura por primera vez en la Biblia, que la considera como bendición para la humanidad; cuando haya un desvío, aunque pequeño del curso regular, es un peligro. (Jes. 40.22, 40, 25-26; Jer. 5-22; Jer. Cáp.10; Salmo 19; Salmo 104.).
En la filosofía de la Biblia figura no sólo el concepto de Dios que domina la naturaleza, sino también el Dios de la Historia. La historia de la humanidad no depende sólo de la voluntad de Dios y este concepto manifiesta también la unidad de la humanidad, y los conceptos del orden ético del mundo. Eso significa que la suerte de una nación o de un pueblo depende de la vida moral de ese mismo pueblo o nación. Los pueblos pecadores sufren por la ira de Dios, mientras la recompensa por la práctica de las virtudes es la vida feliz. Este pensamiento aparece en los libros históricos de la Biblia, especialmente en el Libro de los Jueces, y también en algunos Libros Proféticos (Amos 9.7; Amos 2.9; Hageo 2.7; Jes. 40 y 41.).
La finalidad de la providencia divina en la historia es el bienestar y la prosperidad de la humanidad. Así se transforma el concepto teológico en antropocéntrico, porque la humanidad que percibe la voluntad de Dios en la práctica de la ética, crea la posibilidad de una vida mejor.
Esta verdad se encuentra también en el relato de la historia de la creación del hombre, quien fue creado a la imagen y semejanza de Dios. Esta similitud no quiere atribuir ningún carácter humano a Dios, como lo hacían las religiones paganas o politeístas, sino al revés. Habla de la similitud del hombre a Dios que demuestra, que el hombre es un ser moral y tiene capacidades para grandes logros espirituales. Puede abstraerse del dominio del cuerpo, liberarse de sus pecados y andar puro frente a Dios. «Santos seréis, porque Yo soy santo, vuestro Dios». Esta es la base de la idea del monoteísmo ético, que educa al hombre para actuar éticamente. Sin embargo subraya, que el hombre jamás podrá llegar a alcanzar la santidad de Dios. No puede ni acercarse al carácter de Dios, como tampoco verlo; pero sí puede ver y admirar el resultado de Su creación, y además, puede y debe imitar sus atributos.
Atributos de Dios.
Los atributos de Dios están escritos en el Éxodo (34.67.) en esta forma: Oh Dios, Oh Dios, Dios tierno y compasivo, paciente y grande en amor y verdad. Por mil generaciones se mantiene fiel en Su amor, y perdona la maldad, la rebeldía y el pecado; pero no deja sin castigo al culpable, sino que castiga la maldad de los padres en los hijos, nietos y bisnietos. Vale la pena subrayar que los profetas posteriores niegan el castigo a los descendientes por culpa de sus progenitores y la tradición rabínica tampoco lo acepta.
Al mirar con mayor profundidad el carácter ético de la Biblia, podemos percibir que junto a la voluntad y justicia de Dios en la vida y en la historia de las naciones y pueblos, y también de las personas, hay otros dos factores: el hombre y la ética. La definición más exacta sería la relación del hombre con la ética. Si se reconoce la tutela de Dios en el mundo, se puede prever el futuro de las naciones y pueblos, y quizás de ahí viene el vaticinio de los profetas (Hoshea 14.10.). Ellos anuncian la lógica del pecado y del castigo, como también la posibilidad de la expiación (Jes. 59.18; Jer. 21.8; 7.19; 4.18.). Esta misma lógica se encuentra también en las enseñanzas de los otros profetas, como Ezequiel y Hoshea. Vale la pena investigar, qué consideran ellos como pecado.
El pecado más grave es la idolatría. La base de la virtud es la percepción correcta del mundo, y el pecado más grande es la falsa percepción del mundo. Si un pueblo deja de creer en el Dios Único, abandona el camino de la vida ética. La base más firme de la moral es creer en la justicia de Dios, y la convicción, que Dios castiga el pecado. Es un grave pecado del hombre la negación de la jurisdicción divina (Zefania 1.12.). El pecado fundamental es la interpretación sofisticada de la moral, como también la creencia que promueva el relativismo ético (Jes. Cáp..5). El resultado de la falsa percepción del mundo es la mentira que conlleva la corrupción de la sociedad. Si la apariencia muestra que todo anda bien en la sociedad, que los templos o sinagogas estén llenos, si hay una apariencia de religiosidad, puede ser hipocresía, que también es un crimen capital. Una de las fases más difíciles de la lucha contra la mentira es la lucha contra la hipocresía (Jes. 1.13; 43.23; Jer. 6.20; Hoshea 6.6; Amos 5.21.).
Aparentemente, los profetas se oponen a las ceremonias y al ritual; la verdad es que aprecian más la práctica de la ética y rechazan el formalismo y las ceremonias sin alma, sin contenido espiritual y sentimental. Los profetas exigen no sólo la ética de los hechos, sino también la belleza de la disposición del espíritu, y la pureza del alma (Ez. 11; 19; 26; 36; 37; Jes. 66.2.).
¿Cuáles son las exigencias éticas más importantes? Ante todo, la justicia. (Jes. 1. 16-17; 1.27; 33.15; 45.8; 54.14; 56.1; Cáp.. 58; Jer. 21.22; 22.3). «No se alabe al sabio en su sabiduría, ni se alabe al valiente en su valentía, ni se alabe al rico en su riqueza. Más bien alábese al que Me alabe; en su intención de conocerme, que Yo soy el Eterno, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra, porque estas cosas me agradan, dice Dios». (Jer. 9. 23-24.).
«Lavaos, limpiaos, quitad la maldad de vuestras acciones delante de Mis ojos; dejad de hacer el mal; aprended a hacer el bien; buscad el derecho; reprended al opresor; defended al huérfano; amparad a la viuda.» (Jes. 1.16.). «Sión será redimida por el derecho y sus arrepentidos por la justicia.» (Jes. 1.27.). «Oíd la palabra de Dios, oh Casa de David. Juzgad cada mañana con justicia, y librad a quien está despojado de sus bienes por la mano del opresor.» (Jer. 21.11.). «Practicad el derecho y la justicia, no maltratéis, ni tratéis con violencia al forastero». (Jer. 22.3.). «He aquí que todas las almas son Mías; tanto el alma del padre, como el alma del hijo son Mías. El que peca, ése morirá.» (Ez. 18.4.). «Si un hombre es justo y practica la justicia y el derecho, no oprime a nadie, no comete robo, da de su pan al hambriento, cubre con ropa al desnudo, no presta con usura ni cobra intereses, retrae su mano de la maldad, obra verdadera justicia entre hombre y hombre; este vivirá, dice el Eterno». (Ez. 18.4-9.), Mi pueblo estará destruido porque carece de conocimiento, porque te has olvidado de la ley de tu Dios, Yo también me olvidaré de tus hijos.» (Hoshea 4.6.). «Conozcamos y persistamos en conocer a Dios.» (Hoshea 6.3.). «Lo que quiero, que me amen y no sacrificios; conocimiento de Dios y no holocaustos.» (Hoshea 6.6.). «Derecho y justicia.» (Amos 5.7.); «Prepárate Israel para venir al encuentro de tu Dios.» (Amos 6.12.). «¡Buscadme y viviréis!» (Amos 5.4.); «Buscad el bien y no el mal, para que viváis.» (Amos 5.14.); «Aborreced el mal y amad el bien, estableced la justicia en el tribunal.» (Amos 5.14.); «Corra el derecho como agua, y la justicia corno arroyo permanente.» (Amos 5.24.). «¡Oh hombre, El te ha declarado lo que es bueno! ¿Qué quiere Dios de tí? Sólo hacer justicia, practicar la misericordia y caminar humildemente con tu Dios.» (Miqueas 6.8.); «La ley pierde su autoridad, el derecho no prevalece, porque el impío persigue al bueno y por eso se tuerce la justicia.» (Habacuc 1.4.). «Los sobrevivientes del pueblo de Israel no cometerán injusticias, ni dirán mentiras, ni llenarán de embuste su boca.» (Sofonías 3.13.).
«No con ejército ni con fuerza, sino con Mi espíritu, dice Dios.» (Zacarías 4.6.). «Juzgad conforme a la verdad, practicad la bondad y la misericordia, cada uno con su hermano. No extorsionéis a la viuda, al huérfano, al extranjero y al pobre, ni ninguno piense mal en su corazón contra su hermano.» (Zacarías 8.9-10.). «¿Acaso no tenemos todos un mismo Padre? ¿No nos ha creado el Único Dios? Entonces, ¿Por qué traicionamos cada uno a su hermano?» (Malaquías 2.10.). «La ley de verdad estuvo en su boca y en sus labios no se halló iniquidad; en paz y en justicia anduvo conmigo y a muchos apartó del pecado.» (Malaquías 2.5.).
Si examinamos las ideas de los mensajes de los profetas, podemos encontrar en ellos los siguientes conceptos fundamentales: justicia, verdad, derecho, ley, lealtad, fe, amor, misericordia, conocimiento, reconocimiento de Dios, vida, paz. Estos son los pilares de la ética de los profetas, sobre estos se erige un enorme edificio.
Con la realización de estas ideas se puede mejorar la humanidad. Pero quien quiere participar en el mejoramiento del mundo, tiene que mejorar permanentemente a sí mismo. Para eso, la orientación básica es: practicar la justicia y el amor juntos. Para el mejoramiento del mundo, el hombre es un factor importantísimo, con la «teshuva - retorno a Dios» y siguiendo el camino que El le ha mostrado, el retorno es posible en cualquier momento. Si la voluntad del hombre es firme y persistente, Dios no sólo aceptará el arrepentimiento, sino ayudará a su realización. (Deut. 4. 30-31; Deut. Cáp.. 30; I Reyes 8.33-34; 46-50; casi todo el libro de Hoshea; Ez. Cáp.. 33.).
Ezequiel subraya la responsabilidad social por la maldad de la sociedad (Ez. 14.13.). La idea del arrepentimiento es un factor activo en la percepción de la historia entre los profetas, y según ellos no se trata sólo de la renovación ética, sino también de la renovación del mundo. Eso significa que la renovación de la fe en Dios es imprescindible para toda la humanidad. El arrepentimiento no puede ser un enardecimiento instantáneo, sino un proyecto para toda la vida.
El retorno como programa, se presenta por primera vez en la religión judía, como escribe Martín Buber: El retorno es la fuerza y el impulso del judaísmo, y por su intermedio, la de toda la humanidad, para que juntos trabajen por la realización de las esperanzas mesiánicas y por la realización del Reino de Dios en la tierra. Para este fin fue elegido el pueblo judío. (Ex. Cáp.. 19). La elección no es un privilegio, sino la obligación de trabajar como pueblo por el mejoramiento de la humanidad y estar comprometidos en su realización. (Deut. 7.10; 14.2.).
Ser elegido es una gran tarea, cuya realización necesitan el sentido de la vocación y el esfuerzo. Así se tornó el pueblo de Israel no sólo en el Siervo de Dios, sino también en el Siervo Sufriente de toda la humanidad. (Jes. 40; 41.8; 42; 44.1; 49; 52.13.- 53.12.). Los profetas preveen los sufrimientos que Israel tendrá que soportar; los sufrimientos son la consecuencia de la vocación. Según algunos profetas, los judíos sufren por los pecados de los otros, pero a pesar de todo, Israel sobrevivirá los sufrimientos y se mantendrá para siempre. (Jes. 59; Hoshea 2.19-22; Zacarías 4.18-21; Miqueas 4; Jes. 27.).
En las enseñanzas de los profetas, la elección y la vocación de Israel están en pro del interés de toda la humanidad. En vez del Dios nacional del pueblo judío, divulgan la idea del Dios Universal; insisten en la formación de una humanidad universal.
Es interesante notar que en los libros profetices hay capítulos que hablan de muchos pueblos, incluso de enemigos de Israel, sin embargo, los incorporaron en el Canon Bíblico, como signo innegable del Universalismo del judaísmo. De los profetas surge el concepto mesiánico del judaísmo, que se extiende para toda la humanidad y no sólo para los judíos. (Jes. Cáp.. 11; Miqueas 4; Jes. 2; Sofonías 3; Zacarías 2, 9.9.).
Según los profetas los dos factores más importantes de la época mesiánica son la paz y la seguridad. No habrá guerras, y toda la humanidad trabajará por la paz universal. Los sufrimientos humanos desaparecerán y vendrá la serenidad de la felicidad humana para toda la humanidad. Todo eso se realizará como consecuencia de la divulgación del espíritu divino en toda la tierra.
La llegada de la época mesiánica estará precedida por el Juicio Final, que será triste para los pecadores, pero los justos estarán felices y alegres. Guerra y destrucción precederán el Juicio, porque la soberbia, la estupidez, la crueldad y el salvajismo no renunciarán de su influencia y de su poder. Las fuerzas de la justicia y del amor lucharán contra las fuerzas de la maldad y vencerán, porque el Espíritu de Dios los protegerá. Este Espíritu gobernará a todos los pueblos y les ayudará a transformar el mundo en un mundo de humildad, modestia, justicia y amor universales.
Visita Nº