EL ENCUENTRO ENTRE EL ESPÍRITU JUDIO Y GRIEGO

Antecedentes a la Formación del Cristianismo

 

 

Mientras en Judea se desarrolló la lucha de los Hasmoneos contra los sirios, representantes de las formas de vida de los griegos, los judíos que residían en Egipto gobernado por los Ptolomeos, eran representantes del espíritu griego-helenista. Disfrutaban de una vida absolutamente tranquila. Su número había crecido considerablemente con los que inmigraron de Judea, es­capándose de las .crueldades de Antíoco Epífanes. El rey egipcio Ptolomeo Filopator acogió con agrado a estos fugitivos y les acordó su protección.

 

La comunidad judía de Alejandría, capital de Egipto, adquirió una enorme importancia. Vivían judíos en dos de los cinco barrios de la ciudad, generalmente en el barrio del Delta, a orillas del mar. Eran comerciantes, incluso a nivel internacional. Disfru­taron de la igualdad de derechos, ejercían ellos mismos la admi­nistración de su vida comunitaria. Se impregnaron de la cultura griega, hablaban en griego, vestían en forma griega, frecuentaron las tertulias de los filósofos, concurrían a los teatros. Sus poetas, escritores y filósofos escribieron sus trabajos en idioma griego.

 

Tradujeron la Biblia al griego. Esta es la «Versión de los Setenta». Esta denominación se debe a la tradición, según la cual la Biblia fue traducida simultáneamente por setenta (según otras versiones, setenta y dos sabios). La traducción se hizo en el siglo III a.C., así los judíos de Alejandría podían conocer la Biblia, pues en esa época ya no hablaban hebreo. También el mundo pagano pudo conocer las enseñanzas de la Biblia que dejó de ser, de este modo, un libro desconocido. La versión «Se­tenta» abrió la posibilidad para el proselitismo judío, y más tarde fue una de las puntas de lanza de la misión cristiana.

 

Alejandría era la capital de la cultura griega, mucho más importante que Atenas. Floreció la literatura, todas las es­cuelas filosóficas estaban representadas y se ofreció la posibilidad, tanto a los judíos como a los no judíos, para conocerlas. Los judíos consideraron, que era insuficiente que los paganos sólo leyesen la Biblia en una ciudad de filósofos e intelectuales, y su­brayaron la necesidad de explicar y justificar los textos sagrados.

 

Escribieron obras de explicación y de divulgación, junto con las de historia, moral, filosofía religiosa, poemas sibilinos, casi todos con carácter apologético.

 

El judaísmo de aquella época no era una doctrina filosófica completamente elaborada; tenía sus preceptos y ritos, para muchos de los griegos aparentemente incomprensibles y hasta absurdos. Por esta razón surgió la necesidad de justificar y defender las enseñanzas judías y, hasta cierto punto, incorpo­rarlas en las categorías de pensamiento de la filosofía y civilización helenistas. Parecía importante demostrar que el judaísmo no era una religión oriental de misterios, sino una doctrina filosófica, es­pecialmente elaborada y evolucionada, que podría afrontar victo­riosamente con los sistemas filosóficos de la antigua Grecia.

 

El mejor representante del encuentro del espíritu judío y griego fue Filón de Alejandría, o Filón el Judío. Su nombre se tornó conocido cuando llevó una delegación de judíos ante el emperador Calígula, para quejarse contra los vejámenes sufridos por los judíos de parte de ciertos grupos griegos. Su labor y su personalidad sobrevive hasta hoy como consecuencia de su acti­vidad filosófica con la cual, inconscientemente, estaba allanando el camino para la formación del cristianismo.

 

El resumen de sus enseñanzas, a las cuales volvere­mos más adelante, es que la parte histórica de la Biblia no se interpreta al pie de la letra, sino en forma alegórica; es ésta la forma de la presentación del sincretismo espiritual griego-judío, en casi todas sus manifestaciones. Las personas no son sólo personas, sino también prototipos. Por ejemplo, Abraham es el símbolo del hombre piadoso; José del político; Moisés del líder. Además, Dios no se manifiesta a los seres humanos en forma directa, sino por intermedio del «Logos - Verbo», por la Palabra Divina. Esta definición incluye la idea del dualismo, es decir, que al lado de Dios existe otro poder, aunque sometido a la voluntad divina. Esta idea debilitó el concepto judío acerca del monoteísmo y facilitó la formación de la teología cristiana.

 

Mientras vivía Filón, surgieron acusaciones religiosas contra los judíos y contra el mismo judaísmo, surgidos del desco­nocimiento de esta filosofía religiosa. La diferencia más profunda entre el judaísmo y el paganismo se centró en torno a la idea, o mejor dicho, al concepto de Dios Filón estaba preparado y dispuesto a demostrar la pureza de la religión judía.

 

Al principio rechazó las opiniones de las escuelas fi­losóficas griegas con respecto a Dios, y reafirmó los valores del monoteísmo bíblico.

 

Creía implícitamente que las leyes de Moisés habían sido revelados por Dios. Moisés era profeta, una persona con percepción sensorial, de perfecto intelecto, imaginación y emo­ciones. Recibió los mensajes por intermedio de una voz divina.

 

Había también otros profetas entre el pueblo judío, pero su calidad de profeta no estaba ligada a calificaciones na­cionales, sino a la autoconsagración al servicio de Dios.

 

Según Filón en ningún otro pueblo surgieron perso­nalidades tan majestuosas como los profetas hebreos; no hay comparación con ellos. De ahí la unicidad y la autoridad absoluta de la Enseñanza Judía. La Tora es divina, pero no toda la ense­ñanza es divina, sino sí es inspirada.

 

Filón, como los judíos helenistas en general, creía en dos fuentes de verdad: la religión y la filosofía, es decir, revelación y razón. Filón intentó identificar las verdades de la Tora con las enseñanzas de la filosofía. Es el primer racionalista en el pensa­miento judío. Según su criterio la fe y la razón no son contradic­torias. Los preceptos de la Biblia son sumamente razonables. El mundo está en armonía con la Ley, y la Ley con el mundo. La Ley tiene aplicación universal, y hasta posee significación cósmica. El hombre que observa la ley, por ese hecho se constituye en ciudadano del mundo, pues regía sus actos en conformidad con el propósito y la voluntad de la naturaleza.

 

La Tora insiste en el desarrollo de las virtudes del hombre, no por Dios o frente a Dios, sino por sí mismo y por el mundo. La virtud tiene su propia recompensa.

 

Filón insiste que la ley judía no lleva a la falta de patriotismo, ni infunde una actitud de intolerancia hacia los no judíos; los juzga según su moral. Y además, recoge los prosélitos con brazos abiertos.

 

Con el advenimiento del Mesías se levantará la ba­rrera entre judíos y gentiles, y todas las naciones abandonarán su carácter peculiar, y se desharán de sus costumbres atávicas, y honrarán las leyes del Dios Único.

Filón insistió en relegar las leyes ceremoniales y puso énfasis especial en las éticas que, antes o más tarde, deberán ser universales.

 

Filón se esfuerza en explicar el significado especial de algunas leyes ceremoniales de la religión judía. Por supuesto, subraya la mayor importancia de las leyes éticas, por eso pone más énfasis a las actividades de los profetas que a la de los sacerdotes.

 

Al explicar el calendario judío, recuerda a los pitagóricos y destaca la importancia natural y humana de las fiestas.

 

Expone las leyes alimenticias como disciplinas, desti­nadas a enseñar al hombre a controlar sus emociones y apetitos. El propósito de estas leyes no es separar a los judíos de los otros pueblos, sino sirven a la santificación de la vida y educan para la sobriedad y la maduración. En general, muy pocas veces apoyó los aspectos aislacionistas del judaísmo.

 

Según Filón los preceptos ayudan a alcanzar la vida recta, a buscar la unión extática con el Logos y, finalmente, con Dios. En este punto observamos el motivo central del misticismo, que Filón introdujo en la piedad judía. Cabe mencionar, que en las Escrituras casi no hay misticismo, sino lealtad y obediencia para fines prácticos. Filón insiste también en la contemplación y en la búsqueda de experimentar la unión mística con Dios.

Para Filón la inmortalidad es un don de Dios, conce­dida como recompensa al hombre justo. No cree en el castigo después de la muerte, ni en la resurrección corporal.

 

Subrayamos una enseñanza básica y característica de Filón. Dice que Dios es el Padre Universal, pero también el padre de todas las cosas y la Sofía (prudencia) es la madre, y todas las cosas nacieron por intermedio de ella.

 

El pensamiento de Filón es complejo, polifacético, susceptible de una variedad de interpretaciones; sus enseñanzas se mantienen dentro del marco del judaísmo y forman una unidad orgánica con las Escrituras.

 

Se considera que el «Logos - Verbo», la idea más importante de Filón y uno de los conceptos más característicos en el Cristianismo, es necesario revisarlo, cómo el lo había en­tendido.

 

Siguiendo la idea de Platón según la cual Dios infun­dió el «alma del mundo» al universo, éste funciona como fuerza dinámica, que abarca todo el mundo, Filón introduce una correc­ción en el sistema platónico. El alma de Dios no es una fuerza objetiva; lo que o quien ocupa una posición intermedia entre Dios y el mundo es el Logos que, tomando el lugar del alma del mun­do, une a Dios con el mundo, pues permanece siempre ligado a Dios, aún cuando entra en el mundo como su fuerza dinámica y creadora. Mientras que Dios es espíritu, exaltado por encima del Universo visible y diferente de éste, está también en constante contacto con el mundo a través del Logos que emanaba de El como un manantial insondable y se derrama por el Universo. Consiguentemente, Dios es trascendente al Universo en su ser interior e inmanente a El, como su esencia dinámica. Está, al mismo tiempo, lejos y cerca.

 

La voz o el lenguaje de Dios (Bat Kol) se concibió como el modo en que Dios se había revelado en el mundo real. En el lenguaje, la unidad del pensamiento se transforma en una ordenada multitud de distintos sonidos. Esto es la unicidad del espíritu, que se transforma en la diversidad de la materia. En los escritos de Filón, el término Logos significa razón, sabiduría, len­guaje, palabra. Se trata de un proceso que comienza con Dios, donde el Logos es uno, es el espíritu, y culmina en los fenómenos del Universo, donde es muy concreto y material. Filón escribe: Dios no habla en palabras, sino en hechos. Su energía creadora fluye desde arriba como un poderoso río que desciende y se de­rrama sobre todas las cosas y las alegra. Esta corriente de ener­gía creadora inspira a los hombres para que desarrollen sus ca­pacidades, los colma de nobles pensamientos y en ciertas oca­siones puede transportarlos a los raptos del éxtasis. El Logos es algo más que el principio vivificante de la inteligencia divina, es también el fluir de su amor y gracia redentora. Es el instrumento del Poder Divino, por el cual Este gobierna continuamente el curso de los sucesos de la Tierra.

 

El pensamiento de Filón, rico, fecundo, original, polifacético, no penetró demasiado en el pensamiento judío, quizás porque fue escrito en griego. No se le incorpora en el Canon, pero su influencia es visible en el Midrash, en el Talmud, y tam­bién en la Cabala. Algunos investigadores suponen que él escribía sus obras sólo para un pequeño círculo íntimo.

 

En cambio el cristianismo naciente recibió y aceptó la fuerte influencia de Filón, el Judío, hasta el punto que podía haber sido considerado como uno de los «Padres de la Iglesia». El cristianismo tomó de él el método alegórico, elemento impor­tante de su teología, la idea de la trascendencia de Dios, una teoría sobre los intermediarios que unen a Dios con el hombre, el infinito con el finito, insistiendo particularmente en vez del «Logos», en el «Verbo».

 

Sin embargo un Dios de esta categoría es el Solo y Único Dios. Criticó a todos que fueron los promotores del politeísmo. Simultáneamente, el Dios de Filón no sólo es incorpóreo, ni femenino ni masculino, incorruptible por la natura­leza, despojado de todas las calidades que puede atribuirle la razón humana. Por el conducto de Orígenes y de la Escuela Cris­tiana de Alejandría, llegaron las enseñanzas de Filón a los Padres de la Iglesia. Su influencia se nota en la redacción del IV Evangelio, especialmente en las partes escatológicas. En el mundo cristiano, las palabras de Filón resonaron durante 1500 años, y ayudaron a formar su filosofía religiosa.

 

El cristianismo absorbió no sólo la influencia religio­sa del judaísmo helenista, sino también incorporó los Apócrifos (Escondidos) o Libros Deuterocanónicos en su Canon Bíblico.

 

Los libros Deuterocanónicos son:

 

Tobit;   I Macabeos,   Sabiduría de Salomón,

 

Judit;    II Macabeos,    Baruc,

 

Ester (griego),    Eclesiástico (Ben Siraj),

 

Mencionamos ahora algunos pensamientos filosóficos en los Apócrifos:

 

Apócrifos, es decir Libros Escondidos, son aquellos libros cuya lectura no se había incorporado en la liturgia y ense­ñanza sinagogales. Aunque ofrecen lecturas devotas, incluso reli­giosas, desde el punto de vista de su contenido y forma no siempre demuestran la concepción generalmente aceptada sobre Dios, sobre la religión y sus enseñanzas judías, que los dignifiquen para utilizarlos en la liturgia, y aún menos para representar los conceptos religiosos del judaísmo.

 

Estos libros han sido escritos en la época del sincretismo espiritual griego y judío. Es lógico, por lo tanto, que contengan mucho de los conceptos judíos, también griegos, y además parte del misticismo, incluso de la mitología oriental. Por lo tanto, no se puede considerar esta literatura como parte genuina, o aún más, como representante de un monumento literario como es la Biblia, pues estos libros son diferentes en su conteni­do y en sus tendencias.

 

De todos modos, podemos diferenciar dos tendencias espirituales en ellos. Una, la mística, otra la escatológica; es una mezcla de grandes y valiosos pensamientos, esperanzas, ilusio­nes, aunque a veces cargados de ignorancia, supersticiones, errores y equivocaciones. Hay libros que narran la vida de perso­nas piadosas, de milagros que Dios ha realizado en favor de Sus escogidos. Además, hay obras históricas, que no tratan los acon­tecimientos del pasado, sino un mejor futuro imaginario, como si fueran visiones de profetas antiguos. Sin duda, los libros están animados y compenetrados por la fe en Dios, esperanza en el mejor futuro de la humanidad, por la creencia en el mundo del más allá, y algunos muestran preocupación por el juicio final, que tocará tanto a los buenos como a los malos.

 

Innegablemente en algunos libros hay también una tendencia racional, como si fuera la continuación de las antiguas literaturas y cuentos sapienciales. Son pensamientos sensatos, amor por la sabiduría, conceptos de vida muy realistas, que se unen con ideas e ideales valiosos respecto a Dios y al acerca­miento piadoso a El. Por supuesto, hay conceptos contemporá­neos de otros pueblos, filtrados con cierto cuidado.

 

Entre los libros de carácter didáctico, mencionamos la obra de Joshua ben Siraj, el «Eclesiástico». Es una obra rica en ideas morales de alto nivel filosófico. Es una lectura popular hasta nuestros días, en que la alabanza de la sabiduría rivaliza con los Salmos y con los Proverbios. Es una joya de la literatura moral normativa, citada también por pensadores y moralistas gentiles.

 

La «Sabiduría de Salomón» es un libro pseudoepigráfico; su autor no es Salomón, el verdadero autor puso el nombre de Salomón para dar más prestigio a la obra.

 

Está planteado en ella el problema aparentemente justo y lógico de la prosperidad de los malvados y de los sufrimientos de los buenos. Para este dilema eterno del monoteísmo ético, el autor ofrece la «doctrina de la inmortalidad», donde el «justo vive por siempre», mientras el malvado es un «huésped que ha venido para un día». El autor personifica la sabiduría y afirma, que es una compañera del Todopoderoso, «quien se sienta junto a El en Su trono».

 

El paso a la sabiduría terrenal que es accesible para todos los seres humanos, no es más sino una sombra de la sa­biduría verdadera, pura e incorruptible, que mora eternamente en el cielo. Debido a su elevado origen, «la sabiduría no llega a un alma inicua y no mora en un cuerpo entregado al pecado».

 

El autor recrimina a los griegos, ya que adoran imá­genes, y explica el origen de los errores de la idolatría de modo racionalista.

 

Se burla de los egipcios por el hecho que ellos adoran animales y sostiene, que el paganismo es culpable por los males de la homosexualidad y de la inmoralidad en general. El vicio de la homosexualidad estaba difundido en el mundo helenístico. También San Pablo lo considera como un vicio griego. A pesar de que el autor juzga con menosprecio el modo de vivir griego, se sirve libremente de varios conceptos valiosos de su filosofía. Está de acuerdo con la idea de la creación desde una sustancia material y sostiene que la sabiduría es una fuerza casi indepen­diente, es la fuente del pensamiento racional y del sentimiento ético, que da inspiración a los profetas y promueve la presentación de milagros. La sabiduría es el reflejo de la luz eterna, y por eso es sempiterna.

 

El pecado lleva al mundo y al hombre al caos. Se puede vencer el pecado por la sabiduría. La fuente del pecado es el deseo del placer, y de aquí se hace notar que el autor lucha contra el epicureismo, y aprecia a los estoicos, Es así tam­bién la influencia de Platón. Enseña la preexistencia del alma. Este concepto se encuentra no sólo en Platón, sino es un con­cepto antiguo del judaísmo. Es interesante, que en una ocasión personifica la Sabiduría y la llama «Logos». Dice que Dios ama la sabiduría, que vive con El en Su trono. De esta definición hay un solo paso hacia Plotino y de aquí un otro paso más hacia el concepto «del Hijo de Dios». Otra expresión del Libro que pasó al Cristianismo es: «Hagion pneuma» (en griego); « Ruaj hakodesh» (en hebreo), y «Espíritu Santo» en el cristianismo.

 

Lucha contra el pesimismo y discute con el autor del Eclesiastés en este sentido. No está conforme con la idea de que del poder puede surgir el derecho, y subraya que el poder es perdonable, mientras venga de la justicia.

 

El Libro de Tobit ofrece un cuadro de la vida religiosa y cultural de la época, por intermedio de la presentación de la vida de una familia.

El «Libro de Judit» anima al pueblo judío en momen­tos de peligro, infundiéndole confianza en Dios. Quien, valiéndose de medios, aunque parezcan débiles, les dará victoria sobre sus enemigos.

 

El Libro de Ester (el texto griego) contiene algunos complementos al texto hebreo, conocido de la Biblia, especial­mente oraciones y el relato de cómo fueron contestadas éstas por Dios. Da un tono religioso al original texto hebreo, que parece una narración secular, pues no menciona ni una sola vez a Dios.

 

El I. Libro de los Macabeos tiene tendencia histórica. Narra los episodios de la historia judía del siglo II. a. C., como la historia de la rebelión capitaneada por los Macabeos contra los sirios y sus consecuencias. Cabe mencionar que los Macabeos fueron tan respetados y queridos por el cristianismo primitivo, que llegaron a ser incorporados en el Santoral.

 

El II. Libro de los Macabeos se refiere a los mismos acontecimientos que el I. Libro, pero mirándolos de otro enfoque. Insiste en las enseñanzas de Judas Macabeo, tiene un gusto es­pecial por lo maravilloso en la historia de los Macabeos y quiere despertar la solidaridad de los judíos del exterior con los de Pa­lestina, y especialmente su interés por el Templo.

 

Los dos Libros vienen a complementar en buena parte la historia del período que antecede al Nuevo Testamento, y de este modo ayudan a entender mejor no sólo estos acontecimien­tos, sino también el carácter del medio ambiente en la época del surgimiento del cristianismo.

 

El Eclesiástico - Ben Sirac, fue escrito en hebreo en el II. Siglo a.C. por Joshua ben Eleazar. Su nieto lo tradujo al griego después del año 132 a.C., luego de haber llegado a Egip­to, como lo cuenta él mismo en el Prólogo: «La Ley, los Profetas y los demás libros que fueron escritos después, nos han transmi­tido muchas enseñanzas importantes. Por esta transmisión hay que felicitar al Pueblo de Israel, pues tenía la instrucción y la sabiduría para hacerlo. Los que leen las Escrituras tienen el deber de no sólo adquirir muchos conocimientos, sino que deben ser capaces de ayudar a comprender a aquellos, quienes no tienen esta instrucción, tanto oralmente como por escrito, Así lo hizo mi abuelo Joshua. En primer lugar, él se dedicó de lleno a la lectura de la Ley, de las enseñanzas de los profetas y de los demás libros recibidos de nuestros antepasados y alcanzó, por intermedio de ellos, conocimientos muy amplios y luego, él mismo se sintió entusiasmado para escribir un libro sobre la instrucción y la sabi­duría para que, al practicar sus enseñanzas, las personas deseo­sas de aprender puedan hacer mayores progresos, viviendo de acuerdo a la ley.

 

Todos, pues, están invitados a leer este libro con atención y buena voluntad».

 

El tema del libro es una reflexión, de tipo poético y en estilo tradicional del género sapiencial, como el Libro de los Proverbios en la Biblia. Su ejemplo y su fuente era probablemen­te el libro de Amenemope de Egipto. Presenta muchos temas propios de la religión judía, y aún más, ofrece consejos prácticos para muy diversas situaciones en la vida.

 

El autor está convencido de que la verdadera sabidu­ría es la que Dios ha dado al Pueblo Judío por medio de las Leyes de Moisés.

 

Los temas tratados en el Libro son los siguientes: alabanza de la sabiduría; la honra de Dios; paciencia y confianza son necesarias en el servicio de Dios; los deberes hacia los padres; humildad: la obligación de ayudar al necesitado; el premio de la sabiduría es más sabiduría; no ser ni tímido ni arrogante; sinceridad ante todo; cómo es la verdadera amistad: contra la ambición exagerada. ¿Cómo portarse con diversas personas?, prudencia con las mujeres; cuidado con los que se forma compa­ñía; los atributos de los gobernantes; quién merece ser honrado; cuidado con la elección de amigos; el carácter de ricos y de po­bres; modos de usar la riqueza; los beneficios de la sabiduría; el castigo del pecado: ¿Cómo se nota la sabiduría de Dios en la Creación?

 

Otros temas tratados son: Dios, en Su misericordia, recibe a los que vuelven al camino correcto: autodominio; cuidar la lengua; el sabio y el necio; la importancia de la oración; el uso y abuso de la palabra; el adulterio; personas que merecen ala­banza; buena y mala mujer; la honradez; hay que guardar el se­creto; falta de sinceridad; perdonar y ser perdonado; los préstamos son fuente de la enemistad; también el pobre puede estar con­tento; la beneficencia; la importancia de la educación de los hijos; salud y felicidad; conducta interhumana; el verdadero culto de Dios; cumplir con las obligaciones morales; escoger bien los ami­gos y consejeros; moderación en la vida; no todos pueden dedicar su tiempo al estudio y al culto, pero nadie dispone de tan poco tiempo que no pueda estudiar; las penalidades humanas de las cuales se avergüenza; cuidado de las hijas; las obras de Dios merecen ser honradas; elogio de los antepasados; Salmo de la Alabanza.

 

El Libro de Baruc se compone de cuatro disertaciones distintas, escritas en hebreo. Son componentes de un libro escrito alrededor del año 100 a.C. Contiene el elogio de la sabiduría, oraciones de confesión y petición de perdón para Israel, una la­mentación y un mensaje de consuelo.

 

Los Apócrifos están considerados como libros prove­chosos para la lectura privada, aunque no como bases de la doctrina religiosa.

 

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