LOS DOS HERMANOS

 

Hace muchos, muchos años, en el mismo sitio donde está construida la ciudad de Jerusalén, vivían dos hermanos. Ambos eran agricultores. Uno vivía con su esposa y con sus hijos en un lado de la colina, y el otro, que era soltero, vivía en una pequeña choza al otro lado.

 

Una vez tuvieron una cosecha especialmente buena. El herma­no casado se paró en el lado de la colina donde tenía sus tierras, mirando las altas gavillas y exclamó: "¡Qué bueno es Dios! ¿Por qué me bendice más a mi, que a mi hermano? Yo tengo esposa e hijos, pero mi hermano está sólo. A mi me va mucho mejor que a él. Yo no necesito tanta cosecha. Cuando mi hermano esté durmiendo hoy por la noche, le llevaré algunas de mis gavillas al otro lado de la colina. Mañana, cuando él se despierte, ni se dará cuenta de lo que he hecho."

 

Mientras el hermano casado estaba mirando su campo, pen­sando de esta manera, el hermano soltero estaba sentado en su lado, pensando así: "Que Dios sea alabado por su benevolencia. Porque yo habría preferido que me conceda menos que a mi hermano, pues las necesidades de él son mayores que las mías. Tengo tanta cosecha de trigo y frutas como mi hermano, aunque él tiene que compartir toda su cosecha con su esposa y sus hijos.

 

Quisiera que ellos compartan también lo mío. Hoy por la noche, cuando todos estén dormidos, voy a colocar algunas de mis gavillas en e1 el campo de mi hermano. Mañana, cuando se despierte. no se dará cuenta".

 

Así fue que los dos hermanos esperaron con mucha alegría que anocheciera y. hacia la medianoche, cada uno se fue a su campo, cargó trigo en su espalda y se fue a la cima de la colina. Era justamente la medianoche, cuando en la cima de la colina, se encontraron los dos hermanos. Al darse cuenta que los dos pensa­ban sólo en el otro, su corazón se llenó de felicidad, se abrazaron y lágrimas salieron de sus ojos, pero de felicidad

 

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