UNA PEQUEÑA INTRODUCCIÓN A LOS CUENTOS

 

I

 

Los cuentos populares. donde se mezclan la fantasía y la reali­dad. generalmente están relacionados con la vida cotidiana; con leyendas, conceptos religiosos, añoranzas y acontecimientos tristes o alegres del pasado y situaciones del presente. Expresan la fe en Dios y en la salvación que, a pesar de su demora, llegará, si estamos dispuestos a esperarla con fidelidad.

 

En nuestra época, cuando la relación del Individuo y la familia, como convivencia básica humana, se ha debilitado. las fábulas y los cuentos pueden resultar un gran aporte al restablecimiento de nuestros lazos tanto familiares como sociales y culturales. Entre­gan, también, una influencia positiva en la educación judía de los jóvenes en la familia, en los colegios y movimientos juveniles.

 

El cuento es uno de los géneros literarios más antiguos de la humanidad. De la tradición oral pasó a ser escrito por los cuentis­tas. pero sigue pasando de boca en boca. Traspasó las barreras generacionales, culturales, lingüísticas, territoriales y los muchos siglos que los separan entre una y otra época. En su divulgación y propagación formaron parte Importante los padres y, primordial­mente, los abuelos y las abuelas y, por supuesto, los maestros de escuela. Los cuentos hicieron abrir los ojos de generaciones de niños ávidos de saber, de conocer, estimulan y motivan su fantasía.

 

Entre los judíos, los cuentos han sido utilizados y siempre se ut1lizan como instrumento pedagógico insustituible para la trans­misión de principios y valores ético-morales. Muchos de ellos tienen sus raíces en la literatura talmúdica y midráshica, en los cuentos jasídicos y en el folklore de las diferentes diásporas, épocas y circunstancias. Son joyas de la sabiduría judía y humana en general, formando un invaluable tesoro de la literatura universal.

 

II

 

Se cuenta que la Verdad estaba paseando casi desnuda por la ciudad. Al recorrer las calles notó que ninguna persona quería dejarla entrar en su casa, todos la miraban con recelo y huían de ella con angustia.

 

Al día siguiente la Verdad, desconcertada, vagaba sin rumbo fijo, con mucha tristeza y exasperación. De pronto, vio a lo lejos una gran multitud. Se acercó para ver que pasó y, de pronto, se dio cuenta de que se trataba. El Cuento, tan famoso, tan entretenido y tan querido por toda la gente, se había transformado en el centro de atracción de grandes y chicos. Cómo no iba a serlo, si siempre tenía puestas hermosas vestimentas multicolores, adornadas con joyas valiosas. Todos los ojos lo miraban, todos los corazones latían fuertemente al verlo y escucharlo. Mirarlo no más, daba la sensación de un viaje entre la fantasía y la realidad; todo el mundo estaba fascinado y cautivado por él.

 

Luego, la Verdad se alejó lentamente de aquel lugar. El Cuento. al notarlo, se apresuró en alcanzarla. "¡Espera! ¿Qué sucede conti­go?" -preguntó a la Verdad. "¿Por qué estás tan triste, tan deprimida y desanimada? ¿Por qué andas tan cabizbaja por los caminos?"

 

La Verdad, con los ojos llenos de lágrimas y con un tono quebrantado, le contestó así: "Mis cosas andan muy mal. Parece que ya soy demasiado vieja, muy entrada en años, y ahora ya nadie quiere conocerme."

 

Y una vez más, le habló el Cuento: "No se trata de tu edad. Esta no es la razón por la cual no te quieran. Yo soy tan viejo como tú y cuando esté más viejo todavía, seguirán queriéndome, y aún más. Voy a revelarte los secretos de los hombres. Ellos quieren y les gusta mucho todo aquello que está decorado o, al menos, bien vestido. Yo voy a prestarte algunas de mis ropas multicolores y joyas lindas; ya verás que así van a quererte todos los hombres”.

 

La Verdad secó sus lágrimas, aceptó el consejo y la ayuda ofrecida del Cuento y desde este momento no se separaron nunca más, y ambos fueron muy queridos por toda la gente.

 

III

 

Se cuenta que un escritor muy famoso, un Premio Nóbel, excelente narrador de cuentos, estaba sentado a su escritorio en un edificio cercano a un parque. De repente, se dio cuenta que había allí un grupo numeroso de niños. Mientras jugaban fútbol, gritaban cada vez con más fuerza, hasta que el ruido se tomo tan alto que el escritor tuvo que interrumpir su trabajo. Decidido salió de su oficina para d1rigirse al parque. Al llegar allí, se acercó a los niños y les pidió que por favor se alejasen de su ventana abierta, pero los niños continuaron Jugando, y hasta pareció que ni siquiera habían escu­chado las palabras del escritor.

 

Por fin, decidió intervenir con astucia. Esta vez se acercó al grupo más numeroso de niños y les contó, que acababa de recibir una grata noticia: en el mercado que está en la otra punta de la ciudad, una empresa productora distribuye gratuitamente lindas frutas frescas.

 

Apenas escucharon la noticia, los niños suspendieron el juego y corrieron hacia el mercado. Durante el camino, se encontraron con otros grupos de niños y cuando éstos preguntaron, ¿hacia dónde corrían?, les contaron la noticia, la que el escritor les había dicho. Por supuesto, también los nuevos grupos empezaron a correr hacia el mercado, esperando recibir frutas.

 

Los adultos, al ver que los niños corrían, también se apresura­ron para no perder la distribución gratuita de frutas frescas.

 

Así cuando el escritor vio que toda la ciudad corría hacia el mercado, él mismo empezó a correr, pensando que si todos corrían, era de verdad que estaban regalando frutas.

 

Eso demuestra que un narrador de cuentos es bueno cuando él mismo cree que su cuento es verdad.

 

 

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