LA  SUERTE Y  EL  TRABAJO

La Suerte y el Trabajo, en forma de dos chiquillos, caminaban juntos y discutían entre ellos. Dijo la Suerte al Trabajo: - "Si yo no ayudo a las personas en su trabajo, ¡nada sirve de nada!"

Le contestó el Trabajo: - "Eso no es cierto. La Suerte es nece­saria tan sólo si uno está trabajando. Antes o después se logra una buena situación."

Hablando entre los dos, pasaron delante del tallercito de cordonería que fabricaba redes y cordones para pescadores. Para­ron delante del negocio y empezaron a charlar con el dueño. Le preguntaron: - "¿Qué tal? ¿Cómo va el negocio? ¿Te alcanza para vivir?"

Les contestó el maestro del taller: - "Lo que pasa es, que el negocio no va muy bien y mi vida es muy difícil. No puedo ganar lo suficiente para dar de comer a mis criaturas".

"¿Cómo puede ser?" - le preguntaron los dos.

"¡Porque no tengo plata para empezar algo!"- le contestó el hombre. - "Si tuviera un poco de capital, podría desarrollar bien mi trabajo y ganar un poco más para mantener mejor mi familia."

El Trabajo empezó a buscar en su bolsillo y le dio un billete. El hombre, alegre y contento, cerró su negocio y se fue en seguida al mercado para comprar pescado y llevarlo de comer a su familia.

Tomó el pescado, lo pagó y metió el vuelto en su bolsillo. Pero, mientras tanto, pasó por allí un ladrón, metió su mano en el bolsillo y le sacó lo que había quedado del billete. El hombre se dio cuenta sólo en su casa, que le habían robado el dinero.

Pasó algún tiempo y el Trabajo y la Suerte volvieron a pasar por el mismo tallercito. Se quedaron hablando con el mismo maestro y le preguntaron, qué hay de su vida. El les contó lo que le había pasado. El Trabajo sacó una vez más un billete de su bolsillo y lo dio al hombre. Este se fue al mercado y se compró una partida de cáñamo para hacer cuerdas, pero cuando comenzó a elaborarlo, se dio cuenta de que la cuerda estaba podrida. Así, perdió el dinero.

Después transcurrieron unos cuantos meses y los dos jóvenes pasaron una vez más por ese negocio. Le hicieron al hombre la misma pregunta y recibieron la misma respuesta. El Trabajo metió la mano en su bolsillo, pero no encontró nada. Entonces buscó la Suerte algo en su bolsillo y le dijo: - "Lo único que encontré en mi bolsillo es este pedazo de plomo. Tómalo."

El hombre tomó el pedazo de plomo y se fue a casa, pensando: - ¿Para qué me servirá este plomo?" - Durante la noche, de repente, golpeó un pescador a la puerta de su casa y le preguntó:

¿Tienes por casualidad un pedazo de plomo para darme? Pues perdí la pesa de mi red." - Entonces, le dio el pedazo de plomo que le había dado la Suerte.

Al día siguiente, vino otra vez el pescador le trajo unos pescados y le dijo: - "Tuve una buena pesca. Te estoy trayendo estos pescados para agradecerte por tu ayuda la noche anterior."

 La mujer del pescador empezó a limpiar los pescados, pero al tratar de abrir uno de éstos, el cuchillo no era capaz de cortarlo, pues topó con algo duro. Entonces, ella empezó a abrir el pescado con mucho más atención y, ¿qué encontró en los intestinos del pescado? Un hermoso anillo.

Llena de alegría, la mujer lo mostró a su marido. Este se fue en seguida donde un joyero, para averiguar el valor del anillo. El joyero en seguida le propuso comprárselo por un precio muy bueno. El maestro, al ver eso, mostró el anillo a otros tres Joyeros y lo vendió a aquel que le dio más. Y así consiguió una fuerte suma de dinero, que lo hizo rico.

Esta vez pasaron unos cuantos años. Un buen día, la Suerte y el Trabajo volvieron a caminar en la calle donde se encontraba el negocio del maestro. Se pararon delante de el y vieron, que se vendían allí otras mercaderías. Preguntaron a los vecinos, qué pasó con el maestro. Estos les comentaron, que el hombre encontró un tesoro, vendió su negocio y fundó allí una fábrica de cuerdas y se hizo rico.

Le dijo la Suerte al Trabajo: - "Viste, bastó que yo le diera una cosa casi sin valor alguno, para encaminarlo".

Le contestó el Trabajo: - "Es cierto y tienes razón. Sin tu ayuda, él no hubiera podido empezar nunca nada. Pero sin mi ayuda, nunca habría podido ir adelante y tener éxito en sus actividades".

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