LOS DIEZ MANDAMIENTOS
Los "Diez Mandamientos" o "Decálogo" (de Deka - diez, y Logos - palabra) son los preceptos supremos de la Torá (los Cinco Libros de Moisés). Por su importancia fundamental, por su enorme alcance y por la manera de suscitar reverencia la forma de revelarlos a los judíos recién salvados de la esclavitud egipcia, y para toda la humanidad. Entre truenos y relámpagos, acompañados por el sonido del shofar – del cuerno de carnero- entre fuego y llamas envolviendo la montaña humeante, una Voz Majestuosa pronunció las Palabras que eran, son y serán la guía ética y moral de gran parte de la humanidad. La Revelación es el evento más importante de la historia. Era la hora del surgimiento del Espíritu y de la Religión, destinados a iluminar las almas humanas y mantener el orden en la tierra entre todos los seres humanos. Como un sumario sublime de los deberes que unen a toda la humanidad; un sumario sin par, por su simplicidad, por haber posibilitado la comprensión fácil de los deberes humanos básicos. Un sumario que lleva el origen divino en su rostro, y no va a convertirse en ultrapasado mientras perdure el mundo. Al mismo tiempo, es el epítome de los fundamentos de la vida religiosa de Israel; los maestros judíos, tanto de la antigüedad como los modernos, los consideraron como la fuente de un manantial en la cual se origina y deriva toda la verdad ética, siendo la base de todas las enseñanzas judías. "Estos Mandamientos están escritos en las paredes de la Sinagoga y de la Iglesia; son las Leyes de la humanidad de todos los tiempos. Nunca dejará de existir su influencia poderosa. Es base del llamamiento de los profetas y de los maestros posteriores; los Mandamientos del Dios del Universo siempre permanecerán vigentes”
Según la división más natural de los Diez Mandamientos, los primeros cinco, grabados en la Primera Tabla, incluyen los deberes que se orientan a Dios; los deberes del hombre hacia su prójimo, los otros cinco Mandamientos, están grabados en la Segunda Tabla.
LA PRIMERA TABLA: DEBERES HACIA DIOS.
PRIMER MANDAMIENTO: YO, YAHVE, SOY TU DIOS
“Yo soy el Eterno, tu Dios que te ha sacado de Egipto, de la casa de la servidumbre.”
El primer Mandamiento es el reconocimiento de la existencia y de la soberanía de Dios.
“No habrá para ti otros dioses delante de Mi.”
La tradición judía deduce de ella el primer precepto básico: Creer en la existencia de Dios Quien sacó al pueblo judío de la tierra de Egipto y de la esclavitud.
El Dios venerado por el judaísmo no es una Fuerza impersonal, un ente denominado "Naturaleza" o "Razón del Mundo". El Dios de Israel no sólo es la Fuente de la vida y del poder, sino también Fuente de la conciencia, del propósito moral y de la acción eterna.
Tu Dios
El énfasis está en el tu, en el Dios no sólo de las generaciones pasadas sino de cada individuo de todas las generaciones. Dios de todo lo que existe y al mismo tiempo Dios personal de todos aquellos que lo buscan. "Quien te sacó de la tierra de Egipto". Dios no está nombrado aquí como ”Creador del cielo y de la tierra”. El Dios de Israel no se ve sólo en la naturaleza, sino en el destino del hombre y de la historia. Se reveló a Israel en el gran hecho histórico, el más grande en la vida de cualquier pueblo; el Dios que salvó a Israel de la esclavitud, con el que tenía un propósito moral, subrayando la importancia incomparable de la libertad.
Dios se presenta como tu Benefactor y Redentor, por lo tanto, merece gratitud y obediencia. Para la religión judía no significa solamente que hay un solo Dios, sino que El es el Dios Único y Verdadero, El es mi único Orientador, el que me guía en todo lo que hago. El primer Mandamiento es, así, una exhortación a reconocer la soberanía de Dios, a fin de tomar y aceptar el yugo del Reino de los Cielos.
La referencia a la Redención de Egipto es de profunda importancia, no sólo para los israelitas, sino para toda la humanidad. La primera palabra del Mensaje Divino de Israel es la proclamación del Dios Único como el Dios de la Libertad. El reconocimiento del Dios de la Libertad ilumina y da la pauta para toda la historia humana. A la luz de esta verdad, la historia universal se convierte en una búsqueda incesante de libertad y de justicia en la Tierra, a partir de una Revelación Divina.
SEGUNDO MANDAMIENTO: LA UNIDAD Y LA ESPIRITUALIDAD DE DIOS
“No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra.
“No te postrarás ante ellas ni les darás culto, porque Yo, ADONAI, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y la cuarta generación de los que Me odian, y tengo misericordia por millares con los que Me aman y guardan Mis Mandamientos.”
"No debes tener otros dioses"
Pues no hay otros dioses fuera de Dios. El dogma fundamental y único de la religión judía, como de todas las religiones superiores, es la Unicidad de Dios.
Delante de Mi o al lado Mío
Nadie ni nada puede recibir o compartir la adoración que Le corresponde a Él. Ni ángeles, ni hombres o mujeres santos deben recibir adoración, la que corresponde sólo a Dios. A los judíos, les está prohibido rezarles. Este Mandamiento prohíbe también la creencia en espíritus buenos o malignos; está prohibida la brujería, la hechicería y otras supersticiones parecidas. Además, aquel que cree en Dios, no va a depositar su confianza en casualidades o en la suerte.
Imagen tallada
Este versículo prohíbe el culto del Dios Único de una manera inapropiada, dándole alguna forma. Sólo el judaísmo enseñó desde el inicio, que Dios es espiritual e incorpóreo, y consideró como un pecado imperdonable, adorar a Dios en una forma tangible, producida por manos humanas. Sin duda alguna, esta Ley dificultó, y casi imposibilitó, el desarrollo de las artes plásticas en el Israel de la Antigüedad; pero tuvo una importancia incalculable para la pureza del concepto de Dios espiritual.
Ni nada parecido
No se le debe adorar en ninguna imagen, sea en forma tallada o en cualquiera que la mente humana pueda concebir.
Arriba en el Cielo - Dentro de la tierra - En el agua debajo de la tierra
El objeto de la adoración tampoco se encuentra en los cuerpos celestiales, como lo hicieron muchos pueblos de la Antigüedad.
Animales, como los que adoraron los egipcios quienes compartieron la tierra con los israelitas.
Como los monstruos de las profundidades - según otras creencias.
Un Dios celoso
La raíz hebrea de "celoso" - "kana" designa la justa indignación de aquel que es injuriado u ofendido. Esta palabra es utilizada aquí para expresar la falta de rectitud del hombre, para recompensar la bondad de Dios. Dios quiere hallarse en el alma de todos Sus hijos, y requiere el derecho exclusivo de ser amado y obedecido por todos. Odia la injusticia y la falta de rectitud, la impureza y el vicio; y como una madre es celosa de toda mala influencia que pueda afectar al desarrollo de sus hijos, Dios es celoso cuando en lugar de pureza y rectitud, hay idolatría y falsedad en los corazones.
Es evidente que el término "celo" o "propósito" está aplicado a Dios en un sentido antropomórfico. También es evidente que este celo de Dios es la misma esencia de Su santidad. Fuera de Israel, los pueblos antiguos creyeron que cuanto más dioses poseían, tanto mejor; cuanto más rico era, o es, el panteón de un pueblo, tanto más grande es su poder. Así, las deidades paganas no eran "celosas", sino tolerantes el uno con el otro, y también frente a todas las luchas de toda índole entre ellos mismos y entre sus adoradores. El paganismo era espiritualmente degradante y moralmente devastador.
Devuelve las iniquidades de los padres hacia los hijos
La Torá no enseña que ni aquí ni en ningún otro lado, los pecados de los padres serán registrados, y castigados en los hijos. "El alma que peca, morirá" -proclama el profeta Ezequiel. En la administración de justicia de parte del Estado, la Torá pone de manifiesto que "los padres no pueden ser condenados por la maldad de los hijos, y los hijos no pueden ser condenados por el pecado de los padres. Cada ser humano será condenado por su propio pecado." (Deut.14.16.). Sin embargo, la experiencia humana enseña claramente la interdependencia de los padres con los hijos. El mal ejemplo del padre frecuentemente corrompe a aquellos que están cerca de él. El más terrible legado de los padres a los hijos no es la responsabilidad por el castigo que correspondería al padre, sino la posibilidad de cometer nuevas ofensas. Por eso, el amor a Dios como un poder restrictivo de malas acciones, debe ser reforzado en cada padre, a fin de que los hijos no hereden la tendencia a cometer transgresiones, y después, a sufrir las consecuencias.
Otra traducción explica: "rememorar los pecados de los padres en los hijos", es decir, Dios “rememora” los pecados de los padres cuando se trata de castigar a los hijos. Hace distinción entre la responsabilidad moral que recae exclusivamente en los padres pecadores, y recuerda las consecuencias naturales y la predisposición hacia el pecado, heredada por su descendencia. Toma en consideración el ambiente desfavorable y su influencia sobre el hijo. Por eso, suaviza la justicia con misericordia, y lo hace hasta la tercera o cuarta generación.
...de aquellos que me odian
Con estas palabras, los rabinos se refieren a los hijos. Los pecados de los padres recaen en ellos, pero sólo cuando ellos también cometen transgresiones contra los Mandamientos de Dios.
...misericordia por millares
Como hemos leído arriba, los pecados de los padres recaen sobre los hijos hasta la tercera o cuarta generación. En cambio, las buenas acciones, los beneficios de una vida virtuosa, repercuten en millares de generaciones, sobre todo, si se trata de personas que aman a Dios y mantienen Sus mandamientos. Perduran en bendiciones las buenas acciones. Las malas, son olvidadas luego de pocas generaciones.
Que Me aman
Hay que fijar la palabra "amor", utilizada para designar la actitud recta hacia Dios. "Ustedes deben amar al Señor su Dios, con todo su corazón, toda su alma y todo su poder." (Deut.6.5.). El amor a Dios es la esencia del judaísmo, pues del amor a Dios resulta la obediencia a Sus mandamientos. Los maestros posteriores enseñan que el amor a Dios debe manifestarse en el amor a sus criaturas.
TERCER MANDAMIENTO CONTRA EL PERJURIO Y EL JURAR IRREVERENTEMENTE
“No tomarás en falso el nombre de YAHVE, tu Dios, porque YAHVE no dejará sin castigo a quien toma Su Nombre en falso.”
El Segundo Mandamiento define el deber de adorar a un único Dios, y adorarlo en el espíritu y no por intermedio de imágenes. El Tercer Mandamiento nos prohíbe deshonrar a Dios por invocar Su nombre para atestiguar algo falso, o mencionar Su nombre al decir algo frívolo, con falta de sinceridad.
En vano
...con vanidad o "falsedad", de fundamentos.
Dios es santo y Su Nombre es santo. Por esto, no se le debe pronunciar en forma profana, para atestiguar algo que no es verdad, no es sincero o es vacío. Se puede jurar en el nombre de Dios tan sólo cuando estamos totalmente convencidos de la verdad de nuestra declaración, y además, si somos requeridos de hacerlo ante el tribunal. Según los rabinos, este versículo prohíbe usar el Nombre de Dios en falso o impertinente juramento. Tampoco se debe pronunciar el nombre de Dios sin necesidad en el curso de una conversación cotidiana.
No se lo considera libre de culpa,
Es decir, no queda impune. El perjurio es una ofensa imperdonable que, si no se reprime por las penalidades más severas, puede destruir a la sociedad humana. Los rabinos establecieron una normativa muy severa para los pocos casos, cuando la persona tenía que jurar ante la Corte. En diferentes épocas, hombres piadosos no juraron jamás. Los esenios, una secta judía en la época del Segundo Santuario, consideraron que "Tu sí debe ser un sí, y tu no debe ser un no" - según el Talmud.
CUARTO MANDAMIENTO: EL SHABAT
“Recuerda el día sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el día séptimo es día de descanso para ADONAI, tu Dios. No harás ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el forastero que habita en tu ciudad. Pues en seis días hizo ADONAI el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó; por eso bendijo Dios el día sábado y lo hizo sagrado.”
Recordar.
Al usar la palabra "recordar" se interpreta que la institución del Shabat era muy conocida por los israelitas, aún antes de sus experiencias con el maná. Era una institución sagrada, heredada y recordada desde los días de los Patriarcas. Sin embargo, los rabinos explican: "Recuerda el día del Shabat, lo recordarás y te prepararás para recibirlo. Lo tendrás en tu mente y te prepararás para vivirlo. Piensa en él todos los días y habla de su santidad y de su influencia que santifica también a los demás días. La oración del Kidush es la bendición del vino, a través de la cual se santifica el tiempo y se da la bienvenida al Shabat; o la ceremonia de la Havdala, la despedida del Shabat, o sea, la separación entre lo sagrado y lo cotidiano, marcan momentos sublimes en la vida de cada judío.
La raíz de la palabra hebrea Shabat se refiere al descanso, a desistir del trabajo. Implica un día que no debe ser profanado por el trabajo común. Fuera de ser un día de reposo, el Shabat debe ser "un día santo, para fortificar el contenido espiritual en el hombre". (Filón). El servicio religioso y la instrucción religiosa forman la parte esencial de la observancia del Shabat. Se santifica el Shabat por medio de una liturgia sabática, la enseñanza de la Torá y de los Profetas y la prédica de los maestros de la religión ayudan a lograr esta esencia. El Shabat se tornó así en el gran educador de Israel, en la educación superior de todos, para conocer mejor las leyes que gobiernan la conducta humana. El efecto de las oraciones del Shabat y las homilías en la sinagoga al pueblo judío ha sido incalculable. Leopold Zunz, el fundador de la Nueva Enseñanza Judía, demostró que casi toda la historia interna de Israel desde los tiempos bíblicos, se encuentra en el desarrollo de las prédicas y discursos acerca de la Torá.
Harás tu trabajo
El trabajo durante los seis días de la semana es tan esencial para el bienestar del hombre como el descanso en el séptimo día. Ningún hombre y ninguna mujer, por pudiente que sea, está exento de la obligación de trabajar -dicen los rabinos-, pues el ocio, invariablemente, lleva a malos pensamientos y a malos actos. La proporción de un día de descanso de cada siete ha sido justificado por la experiencia de por lo menos 3000 años. La salud física sufre, si no tiene este relevo. La Primera República Francesa rechazó el descanso de cada siete días e introdujo el descanso de cada diez días. El experimento resultó ser un fracaso total.
En hebreo “avoda” significa todo lo que el hombre produce por medio de sus pensamientos, su esfuerzo y su voluntad.
No harás ningún tipo de trabajo
La Sagrada Escritura no da una lista de los trabajos prohibidos en Shabat, pero incidentalmente menciona los trabajos en el campo, vender y comprar, viajar, cocinar, etc. como trabajos prohibidos. La Mishna enumera bajo 39 "ocupaciones" todas las actividades que la Ley Judía define como "trabajo" que no deben ser realizados en Shabat. Por ejemplo arar, cosechar, llevar carga, encender fuego, escribir, coser, etc. Otras actividades también están mencionadas entre estas 39 categorías prohibidas, algunas simplemente porque rompen el equilibrio entre la naturaleza y el hombre (como cortar o arrancar flores). Lo que no nos está permitido en Shabat, no podemos mandar hacer tampoco por otros. Sin embargo, todas estas leyes se suspenden si se trata de salvar la vida humana: Dicen los rabinos que los Mandamientos de Dios están para promover la vida y el bienestar, (un principio basado en Lev.18.5., pues estos son los preceptos del Señor por intermedio de los cuales "debes vivir").
Siervo - sierva, o esclavo - esclava
El Mandamiento de respetar el descanso le habla primero al jefe de la casa quien es responsable por los que viven allí. (Deut. 5.14.). Pero no sólo la esposa y los hijos sino también los siervos -sean israelitas o paganos- y los animales de carga están obligados a participar en el descanso del día de Shabat. "El Shabat es una dádiva y bendición sin límite para la humanidad y el milagro más grande de la religión. Nada puede parecer más obvio que esta institución: descansar después de seis días de trabajo. Fue el Creador el primero en el mundo quien instituyó esta idea. Para los griegos y los romanos, era un objeto de mofa o una usanza supersticiosa. Fuera de su utilidad práctica, derrumbó de una vez el contraste entre los esclavos que deben trabajar sin parar, y sus patrones, que pueden descansar siempre.
El ganado
Es una de las glorias del judaísmo que reconoció ya miles de años antes que cualquier otro pueblo, nuestras "obligaciones" hacia los "amigos mudos", los que ayudan al hombre. (ver Deut. 5.14).
El extranjero
Se refiere al no-israelita que habita junto a los israelitas y que reconoce los "siete preceptos de Noé"; (establecimiento de tribunales, prohibición de la blasfemia, prohibición de la idolatría, prohibición del incesto, prohibición de derramar sangre, prohibición de robar, prohibición de comer carne de animales vivos). Aunque el Shabat no estaba incluido en estos preceptos, él también debe disfrutar del descanso sabático como un hermano.
Dentro de las puertas de tu casa
Según el Talmud, dentro de los límites de la ciudad.
Dicen los rabinos que al observar el Shabat, atestiguamos nuestra creencia en Dios como Creador del Universo, como nuestro Libertador y Redentor. Un Dios que no es idéntico con la Naturaleza, sino es una autoridad completamente libre e independiente, el Creador y Gobernador de la Naturaleza. Los místicos del Talmud dicen que cuando los cielos y la tierra han sido llamados para la existencia, toda la materia ya estaba preparada para la Creación. Sin embargo, sonó la Voz Divina: "¡Basta! ¡Hasta aquí y no más!"
El hombre, hecho a imagen de Dios, ha sido dotado por Él con el poder de continuar la Creación. Pero también en este pequeño universo, que es el hombre, la materia siempre trasgrede y amenaza con dominar y arruinar el alma. Por intermedio del Shabat, llamado "la conmemoración de la Creación", estamos capacitados por el Poder Divino para decir "!Basta!" a todas las exigencias materiales que reclama nuestro medio ambiente. La santidad del Shabat nos hace recordar nuestra victoria potencial sobre todas las fuerzas que nos quieren arrastrar hacia la destrucción del individuo.
Shabat ha sido creado como un día de bendición para todos los que lo observan. Era algo completamente nuevo, que no existió antes en ninguna nación y en ninguna religión, - una recordación que el hombre puede alcanzar su propia emancipación de la esclavitud, de sus propias preocupaciones mundanas; que el hombre ha sido creado para su libertad espiritual, para la paz y la alegría. El Shabat es una de las glorias de la humanidad. Trabajar es una cosa noble. Sin embargo, nosotros, por nuestra propia voluntad, nos paramos para dedicar un día al descanso semanal, al ascenso espiritual y a Dios. Es una prerrogativa y un privilegio concedidos tan sólo al hombre.
Los hombres son beneficiados por poderes que santifican. La santidad del Shabat se considera como parte del alma del judío. Isaías habla del Shabat como un deleite, y la liturgia describe el descanso sabático como "voluntario y congenial, alegre y feliz". El Shabat plantea un paraíso en todo hogar judío, llenándolo con la paz tan anhelada y resplandeciente. En la literatura tradicional hasta se lo considera como un anticipo de la Era Mesiánica.
Transforma todo hogar en santuario, al padre en sacerdote, y a la madre que enciende las luces del Shabat, en un ángel de la luz. El Shabat expulsa el dolor, la preocupación y la tristeza. Todo ayuno (excepto Yom Kipur) está prohibido; todo duelo está suspendido para el día de Shabat. Las tres comidas del Shabat se consideran como una comida festiva, un acto religioso; y en los hogares ancestrales, especialmente en los jasídicos, se acompaña con canciones alegres. El efecto espiritual del Shabat está definido por los rabinos como un "alma extra", de la que gozan los judíos observantes en este día.
Individuos ignorantes y críticos malintencionados acusan a las leyes rabínicas con respecto al Shabat como demasiado minuciosas, que significan un "lastre" intolerable. Las restricciones impuestas se justifican, cuando el judío realmente y estrictamente las observa de su propia voluntad, y no por obligación obedece a estos mandatos. Sólo este judío goza de un verdadero Shabat. Con respecto a estos así llamados formalismos de las leyes sabáticas, un teólogo alemán protestante de tendencias no muy filosemitas confesó ya hace tiempo: "Cualquiera que tiene la posibilidad de conocer una familia judía desde adentro, que todavía observa las Leyes de los padres con sincera piedad y devoción, y más en Shabat, estaría asombrado por la riqueza del placer, el agradecimiento y la luz del sol que nunca podría soñar un extraño; hasta qué punto anima al hogar judío el cumplimiento de la Ley. Toda la familia disfruta del Shabat, lo celebran con gran satisfacción, no sólo como un día de descanso sino más bien como un "día de regocijo". Oraciones sabáticas determinan, consideran y "describen" el Shabat como “la alegría del alma cuando el hombre disfruta de la abundancia de la bondad de Dios”. Estas expresiones no son meras palabras, sino la manifestación y el entusiasmo de una alegría genuina y pura.
Sin la observancia del Shabat, del Shabat verdadero, toda la vida judía hubiese desaparecido. Según las palabras de Martín Buber: “No fueron los judíos que conservaron el Shabat – fue el Shabat que conservó a los judíos a través de generaciones.”
QUINTO MANDAMIENTO: HONRA A TUS PADRES
“Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que ADONAI, tu Dios, te va a dar.”
Este Mandamiento sigue al del Shabat, porque Shabat es la fuente y la garantía de la vida familiar. Es el puente entre los Mandamientos grabados en la Primera Tabla, y en la Segunda, las leyes relacionadas con los prójimos, pues los padres están en el lugar de Dios para los niños. En todas partes de la Escritura, el deber hacia los padres está cerca de los deberes hacia Dios. (Lev.19.3.).
Honra a tu padre y a tu madre
Brindarles amor, respeto y obediencia; todos los padres lo merecen. Aunque el "padre" esta mencionado aquí primero, en Lev.19.3. leemos: "todos deben reverenciar a su madre y a su padre". Esta obligación se extiende más allá de la tumba. El hijo debe reverenciar la memoria de sus padres fallecidos con sus actos y con sus sentimientos. El respeto hacia los padres está entre las primeras obligaciones humanas; nada puede sustituir la falta de respeto. El más importante desafío para los padres es, ser siempre merecedores de la reverencia, confianza y cariño de sus hijos.
Que tus días se prolonguen
El honor hacia los padres tendrá como recompensa la felicidad y la bendición en la Tierra. Eso muchas veces no se ve en la vida del hombre; pero el Mandamiento esta dirigido hacia el individuo como miembro de la sociedad, como un hijo del pueblo. El hogar es mucho más importante que la escuela, la profesión o la vida política. El respeto filial es la base de la permanencia y la prosperidad de la nación. Si una nación mira su pasado con desprecio, puede contemplar su futuro con desesperación y perecerá por suicidio moral.
Si tus hijos ven que tu respetas y honras a tus padres, ellos te imitarán y así, a través de ellos, de sus actos, tu vida se prolongará en la Tierra.
LA SEGUNDA TABLA: DEBERES HACIA EL PRÓJIMO.
Los primeros Cinco Mandamientos tienen, cada uno, un complemento explicativo. Los últimos cinco son cortos y explícitos: harás - o no harás. Nuestra relación con nuestros prójimos no permite elucidación. Como sentimos lo malo que cometen contra nosotros los demás, tenemos una guía bien clara: cómo debemos portarnos para con los demás. Estos deberes tienen sus raíces en el principio "ama a tu prójimo como a ti mismo" que se aplica a la vida, a la casa, a la propiedad y al honor.
SEXTO MANDAMIENTO: LA SANTIDAD DE LA VIDA HUMANA
“No matarás.”
El valor infinito de la vida humana está basada en el hecho que el hombre fue creado "a imagen de Dios". Sólo Dios da vida, sólo El puede quitarla. El asesinato de cualquier ser humano, fuera de la pena capital impuesta legalmente por un tribunal judicial, o en la guerra como autodefensa, es absolutamente prohibido. La vida de un niño es igualmente sagrada a la de un adulto. En la Grecia antigua, unos cuántos niños estaban “expuestos”, es decir, abandonados en una montaña lejana, para que perecieran. El horror del pueblo judío con respecto a matar a un niño se vio en ojos de los griegos como un delito despreciable. "Es un crimen entre los judíos, matar a cualquier niño" - comentó el historiador romano Tácito.
La ley hebrea hace una distinción precisa entre homicidio y asesinato. Salva a aquel que mató involuntariamente a otro hombre de la vendetta, pero no permite ajuste o arreglo económico por la vida de un asesino. La ética judía amplía la noción de matar: incluye tanto el acto que perjudicara la salud y bienestar del prójimo, como la omisión de cualquier acto por el cual el prójimo habría podido ser salvado de peligro, de angustia, de sufrimiento o desesperación. En Gen.9.5., leemos la prohibición del suicidio, como forma de “matar”.
SÉPTIMO MANDAMIENTO: LA SANTIDAD DEL MATRIMONIO
“No cometerás adulterio.”
El adulterio "es un mal hecho execrable y detestable ante Dios" (Filón). El Mandamiento contra la infidelidad advierte al hombre y a la mujer en forma igual por la profanación del Pacto Sagrado del Matrimonio. Incluye la prohibición de hablar en forma inmoral provocativa, conducta indecente, y de coincidir con una persona que se burla del carácter sagrado de la pureza personal. En ningún pueblo existía una vida familiar más pura que en el pueblo judío. Ninguna mujer había gozado de más respeto que la mujer judía; y ella siempre merecía este respeto.
OCTAVO MANDAMIENTO: LA SANTIDAD DE LA PROPIEDAD
“No robarás.”
La propiedad representa el fruto de una labor asidua. Cualquier agresión contra la propiedad del prójimo significa un asalto contra su personalidad humana. Este Mandamiento también tiene un alcance más amplio que el hurto y el robo. También prohíbe la adquisición ilegal de propiedades por fraude, desfalco o falsificación. "Hay transacciones que son legales y no involucran ninguna infracción de la ley y, sin embargo, son villanos y desgraciados. Son así todas las transacciones en que las personas sacan ventaja de la ignorancia o apuros del prójimo, para aumentar su propia prosperidad.
NOVENO MANDAMIENTO: CONTRA FALSO TESTIMONIO
“No darás testimonio falso contra tu prójimo.”
Los tres últimos Mandamientos se refieren a daños contra el prójimo por actuaciones realizadas. Este Mandamiento se refiere a posibles daños causados por la palabra pronunciada: "no darás falso testimonio". Esta prohibición abarca todas las formas de la calumnia, de la difamación y discriminación, sea con respecto a un grupo, un pueblo, una raza, o un credo.
Nadie ha sufrido tanto por calumnia, difamación y discriminación, como los judíos. Teólogos modernos todavía siguen repitiendo que este Mandamiento prohíbe al israelita calumniar a otro judío, pues, como alegan ellos, la palabra hebrea para "prójimo" en este contexto y también en "ama a tu prójimo como a ti mismo" (Lev.19.18.) no significa “semejante”, sino cualquier ser humano, no sólo israelita. Es este un testimonio por excelencia contra el judaísmo.
DÉCIMO MANDAMIENTO: CONTRA DESEOS DE CODICIA
“No codiciarás la casa de tu prójimo, ni codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo.” Codicia
Implica la prohibición de anhelar la posesión de cualquier objeto que no se puede adquirir en forma honesta y legal. Este Mandamiento llega hasta la raíz de toda actuación maligna - el instinto impío de la codicia, impulsor en casi todos los pecados contra el prójimo. El hombre que no codicia los bienes de su semejante, no dará falso testimonio; no robará ni matará, no cometerá adulterio. Cada ser humano tiene la capacidad de determinar si sus deseos lo dominan a él, o él domina a sus deseos. Sin autocontrol no existe vida humana digna. ¿Quién es fuerte? preguntan los rabinos. "Aquel que domina sus propias pasiones" - es la respuesta.
Según leemos en el Deuteronomio, al despedirse Moisés del Pueblo, antes de su muerte, repitió los Diez Mandamiento para darles mayor énfasis, como una herencia, como un llamado a las futuras generaciones, que no olviden practicar y transmitir su contenido a su descendencia.
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