125 AÑOS EN EL ESTUDIO COMPARADO DE LAS RELIGIONES
Publicado en la Revista de la Universidad El Salvador “STROMATA”, Año XXIX Buenos Aires, 1974
Hace 125 años (en el año 1849), Max Müller editó por primera vez en Occidente, la traducción en idioma inglés del primer tomo de la Rig Veda (obra religiosa de la Antigua India, escrita en sánscrito). Tanto él como otros científicos consideraron esta fecha como el punto de partida del estudio comparado y sistemático de las religiones. La edición de Rig Veda, abrió el camino para las futuras ediciones traducida de otros libros sagrados de India, Persia, China, Arabia y otros países más. Y al tomar estos libros sagrados de religiones orientales como base, se pudo investigar y comparar tanto las semejanzas como las divergencias. De este modo, el mundo de la Antigüedad y sus creencias se tornaron accesibles y más entendibles para el hombre de nuestra época.
El estudio comparado de las religiones y de los mitos populares era conocido desde la Antigüedad. Heródoto relató todo lo que conocía acerca de la religión de los egipcios, babilonios y persas, y sus informes tienen aún hoy día, un gran valor científico. Beroso, el sacerdote babilonio, y Maneto, el sacerdote egipcio, dieron a conocer la religión de sus respectivos pueblos. Basándose en sus viajes, Estrabón y Pausanias recogieron y completaron datos acerca de la religión de los antiguos griegos.
Terencio Varron, en su obra "Antiquitatis rerum divinarum", cuenta acerca de la religión de los romanos; Cicerone y Salustio escribieron sobre la naturaleza de la religión de los celtas y de los germanos. También Tácito se refirió a la de los germanos.
Ya por aquel entonces, había escritores llamados mytografoi, que recogían los mitos populares y religiosos de los antiguos pueblos. Mientras, los filósofos contemporáneos de esa época buscaban el contenido espiritual de ciertas creencias y ritos y los explicaban, a veces, incluso, con sentido crítico. Plutarco estudió y divulgó el mito de Isis y de Osiris. Luciano escribió sobre los paganos de Siria. Según la teoría de Euhemero, los dioses eran héroes célebres de épocas pasadas que vivían en la Tierra como seres humanos, y sólo el respeto de las generaciones posteriores los convirtió en dioses.
El hombre de la época helénica recibía una educación demostrativa y práctica en esta materia, ya que podía ver y observar, día tras día, los más variados cultos, desde el Este hasta el Oeste del mundo conocido de aquel entonces. Así, pudo percibir que los dioses y las diosas, aunque tenían nombres diferentes y su culto mostraba gran variedad, eran siempre la manifestación de la misma divinidad. La esencia del culto era la misma, sólo los nombres eran distintos.
La posición del cristianismo frente al judaísmo fue la primera lección en materia de teología comparada. Fue Arístides, el apologista cristiano quien explicó por primera vez la relación entre el paganismo, el judaísmo y el cristianismo. Clemente de Alejandría, doctor de la Iglesia del siglo III e.c., mostró luego cierto conocimiento sobre el budismo y trazó algunos paralelos entre la religiosidad de Grecia, India y China.
Los gnósticos alcanzaron cierto nivel en el estudio de las religiones, ya que no limitaban la investigación a las religiones más próximas y bien conocidas, sino a todas aquellas que les era posible conocer, estableciendo semejanzas significativas entre ellas, para lo cual era indispensable una amplia perspectiva, basada en la comparación.
Consideraban las aproximaciones entre las religiones como muy útiles y provechosas. Por ejemplo, San Basilio, Padre de la Iglesia, al hablar de los escritores griegos, dijo lo siguiente:
"Si sus doctrinas ofrecen alguna conformidad con las nuestras, tal vez nos sea ventajoso conocerlas. Si no la tienen, el mejor medio de fortalecer la más perfecta de las doctrinas es, sin duda, compararlas con aquellas y saber cuál es la diferencia."
Debemos, en este sentido, mucha información a los misioneros cristianos. Por intermedio de sus relatos llegamos a conocer importantes rasgos característicos de las diferentes religiones paganas, aunque no podemos considerarlos muy objetivos sino más bien tendenciosos. Adam de Bremen (1042) y Saxo Gramático (1150-1220) son, entre estos misioneros. los más interesantes.
En la Edad Media, Marco Polo y luego otros grandes viajeros, recopilaron valiosas noticias acerca de las religiones del mundo recientemente descubierto.
Ya en el siglo XVII, Lord Herbert de Cherburry dio unos pasos más en el estudio comparado de las religiones. Luego John Locke, Anthony Collins, Montesquieu, Lowes Dickenson, los profesores Mukerjee y Radhakrishnan, Kwajah y Kamaludin, escribieron, directa o indirectamente, sobre el tema. Los primeros fenomenologuistas sistemáticos en esta disciplina fueron Benjamin Constant en Francia y Kristof Meiners en Alemania.
Hasta fines de siglo XVIII, no hubo un caudal informativo suficiente como para poder comenzar, con criterio sistemático, el estudio comparado de las religiones. No se había realizado aún la interpretación de los jeroglíficos egipcios, ni de la escritura cuneiforme de los babilonios. El primer ejemplar del Avesta, Escritura Sagrada de los persas en idioma zend, fue llevado a Europa por Anquetil Duperon en 1765; William Jones (1746-1794) editó el libro de la Ley de Manú con las doctrinas del brahmanismo; y H.J. Colebrooke (1765-1837) dio a conocer el mundo de los Vedas.
La célebre piedra jeroglífica bilingüe, Roseta, fue descubierta en 1799. Sirvió de base al famoso egiptólogo francés Jean-François Champollion (1790-1832) que llegó a descifrar la escritura egipcia jeroglífica.
Las escrituras sagradas del budismo, redactadas en idioma pali, fueron encontradas e interpretadas en los años 1819-1823.
El surgimiento del estudio sistemático de las religiones se debe a tres factores:
A raíz de los esfuerzos colonizadores de las grandes potencias, la atención general se dirigió hacia los pueblos lejanos. Entre los conquistadores viajaban también científicos, quienes relataban sus impresiones sobre ellos, su religión, idioma, escritura y literatura. Los pueblos antiguos se investigaron con más frecuencia y con métodos científicos.
Así, mientras Champollion logró descifrar la escritura de los jeroglíficos de Egipto, Grotefend y Hinks hicieron lo mismo con las escrituras cuneiforme de los babilonios antiguos.
El concepto de la evolución que llegó a triunfar durante la Revolución Francesa, prevaleció también en la investigación de la historia de las religiones.
Max Müller (1823-1900) es considerado el fundador de la ciencia que estudia y compara las religiones. El dijo lo siguiente:
"Hemos visto acumularse, de manera extraordinaria, materiales nuevos y auténticos para el estudio de las religiones del mundo, dándonos cuenta, en base a los Libros Sagrados, que se han formado ocho religiones: la veda, el taoísmo, el budismo, el judaísmo, el zoroastrismo, el cristianismo, el confucianismo y el mahometanismo. El conocimiento de los textos antiguos es indispensable para el estudio comparado, sabiendo que es la Escritura la que da autoridad a las religiones."
Müller no sólo editó los textos, sino también dictó conferencias y escribió libros muy importantes sobre el tema. Sus ideas básicas fueron las siguientes:
"El origen de todas las religiones es la concepción del Infinito. Esa concepción de lo Desconocido o Infinito es más antigua que la de lo Conocido y el Finito; sin embargo, ambas son inseparables.”
La religión es tan antigua como el lenguaje de cada pueblo o grupo. Lleva la huella de los primeros pensamientos del hombre y, mientras se investiga el desarrollo de su idioma, se averiguan también las raíces del pensamiento humano. La continuidad en el desenvolvimiento del lenguaje no es otra cosa sino la continuidad en el desarrollo de la religión.
El progreso de todas las religiones es similar. Comienza con la tradición popular y sigue con las costumbres ceremoniales, con las oraciones y otras formas de la confesión de la fe. Los rasgos que presentan las distintas religiones a lo largo de su desarrollo, evidencian que hubo contacto e interacción entre los diferentes pueblos que las practicaban.
Ninguna religión es enteramente original. La historia de las religiones nos muestra, permanentemente, que se suceden nuevas presentaciones de los mismos elementos básicos; la noción intuitiva de Dios, el sentimiento de la debilidad y de la dependencia del hombre, la creencia en una Providencia Divina que ampara al Universo, la distinción entre el Bien y el Mal, la esperanza en una vida mejor, son elementos básicos comunes a todas las religiones, aunque ocultos algunas veces, pero que reaparecen constantemente. Distorsionados a menudo, tienden a resurgir en una forma cada vez más perfecta.
Siempre que podemos remontarnos a la cuna de una religión, la encontramos libre de las deformaciones que enturbian su contenido como resultado del paso del tiempo. Los fundadores de las antiguas religiones del mundo eran, según lo que podemos juzgar, hombres con inteligencia, con conocimientos superiores, o tal vez con una chispa divina, movidos por nobles aspiraciones y con sed de Verdad (con mayúscula), entregados al bien del prójimo, modelos de virtud y de abnegación. Rara vez vieron cumplido su anhelo, y sus palabras, cuando nos llegan en su versión original, a menudo evidencian un singular contraste con las acciones de quienes se autodesignaron como sus discípulos. A partir del momento en que una religión queda establecida como culto oficial de un estado poderoso, factores ajenos y mundanos tienden a invadirla y distorsionarla cada vez más. Intereses mezquinos contaminan la sencillez y la pureza del plan que el Fundador concibió en su corazón y maduró en sus meditaciones, en sus coloquios con Dios.
En general, la base de cualquier religión contiene alguna verdad, suficiente para que aquellos que buscan a Dios con corazón recto, puedan encontrarse con Él cuando hay angustia o necesidad. Todas las religiones invocan, consciente o inconscientemente,. al verdadero Dios, aunque difieran los caminos de acercamiento a Él.
El estudio comparado de las religiones ayuda a disipar los prejuicios con que algunos acostumbran a mirar las convicciones de otros grupos religiosos. Y sólo un hombre de poca fe puede temer que se apliquen, al estudio de su propia religión, las reglas de crítica que sigue el historiador cuando quiere estudiar otros sistemas religiosos que no sean el suyo propio.
"¿Cuál es la tarea exacta de esta ciencia?" - pregunta Müller, y luego contesta: "Antes de comparar, debemos conocer cabalmente lo que comparamos. El estudio de las religiones comparadas se fundamenta en el postulado de que es posible comprender una religión diferente de la propia. Sólo a partir de este postulado puede alcanzarse la imparcialidad necesaria. Por lo tanto, son tres los requisitos que fundamentan esta disciplina:
La auténtica historia del hombre es -para Müller- la historia de la religión, la búsqueda de los maravillosos caminos que siguieron las diferentes tribus de la raza humana, para avanzar hacia el conocimiento más acabado y el profundo amor a Dios. Sin la búsqueda de este amor Divino por parte del hombre, la historia sería totalmente profana, sin luz y sin alma. Todas las religiones renacen cada mañana, pues ellas no están en un lugar lejano, o en el cielo, definitivamente elaboradas y estáticas. Los artículos de fe, las confesiones, dan el cuerpo o armazón de las religiones; pero nunca el alma y la sustancia de las creencias religiosas de la humanidad, que existen en los corazones de los seres humanos y necesitan ser reelaboradas cada día..
Muchos conceptos religiosos pueden ser incomprensibles e inexplicables para el presente. Para acceder a su comprensión, Müller sugiere buscar y comparar los orígenes, los antecedentes, las circunstancias históricas en que surgieron. Es indispensable formarse una idea clara y exacta de la forma primitiva de cada religión, antes de intentar determinar su propio valor o compararla con otras creencias religiosas.
Según Müller, “la lingüística es un auxiliar muy poderoso para la investigación de las religiones. Esta ciencia nos ha enseñado que el orden y la inteligencia reinan en todos los idiomas. Yo espero -dice- que la ciencia comparada de las religiones produzca un cambio análogo en nuestra manera de considerar las creencias y los cultos de los ‘bárbaros’ - entre comillas. Así, llegará el día en que, en vez de buscar únicamente las diferencias, se procurará descubrir algunos puntos de concordancia, alguna chispa de verdadera Luz, algún nuevo altar que pueda ser consagrado a Dios. Los grandes problemas de las religiones, las controversias y las discusiones, son muy antiguas. Mientras investigamos el pasado, aprendemos a conocer los escollos con que tropieza toda religión en nuestro mundo inconstante y cambiante. Después de haber observado muchas y tempestuosas controversias religiosas, y no pocos naufragios, aprendemos a adquirir más serenidad de espíritu y mayor prudencia para sortear las tormentosas olas que se alzan en nuestra propia travesía.”
Müller tuvo muchos alumnos, cuya colaboración sentó las bases de esta ciencia. Desarrollaron, juntos, la primera fase de ésta: la recopilación, la organización y el análisis de datos, comenzando desde los orígenes de la humanidad, y continuando con la formación de la cultura occidental, abarcando gran parte del mundo conocido. Al extender la investigación, han llegado a la gradual toma de conciencia y conocimiento de pueblos y lugares que se encontraban mucho más allá de su horizonte temático inicial. El siglo XIX presenció el nacimiento de este gran intento de sistematización seria y disciplinada de la ciencia religiosa comparada, mediante el descubrimiento, el registro cuidadoso, el estudio metódico y la interpretación del material recopilado.
En esta etapa de la investigación, se llegó a afirmar que la religión evoluciona junto con la cultura, tanto en su aspecto teológico como en el culto. Desde el punto de vista del progreso, se clasifican las religiones de la siguiente manera: religiones de evolución completa, es decir, donde el camino de la evolución es visible, gradual, desde el grado primitivo hasta el punto culminante; o de evolución eruptiva, donde, por medio de personalidades sobresalientes, se incorporan conceptos o formas ya conocidos de otras religiones y, de este modo, se vuelve innecesario atravesar todas las etapas de la formación; y moribundas, que no teniendo suficiente vitalidad, son absorbidas por otras. La transformación constante es imprescindible y la rigidez es el presagio de la desaparición.
Las religiones de diversas partes del mundo se ajustan en su estructura al mismo sistema. Todas las religiones del mundo están emparentadas entre sí.
Las funciones de la vida espiritual del hombre se asemejan en todas las latitudes, y son los factores exteriores (económico-sociales) o internos (proféticos, espirituales), los que influyen en la formación de cada religión, determinando la mayor o menor rapidez de su desarrollo.
En los sistemas de creencias primitivas, se encuentran las mismas ideas de culto que han sido incorporadas por las religiones más desarrolladas. El proceso de desenvolvimiento está estrechamente unido al grado de madurez en cierta época de cada pueblo y/o a la intervención de un hombre inspirado o profético, como por ejemplo Moisés en Judea, o Zaratustra en Persia.
Existen en las religiones algunas constantes sobresalientes: el intento de explicar e interpretar los fenómenos naturales e históricos; dogmas o sistemas simbólicos que reivindican la posición de verdades absolutas; el culto o rito, considerados como propiciatorios de protección o expiación.
Los estudios comparados evidenciaron, entre otros, los siguientes resultados: en todas las religiones se encuentra, como motivo principal, la creencia en un Poder Supremo, que supera en alguna forma los poderes físicos o intelectuales comunes. Este poder supremo puede ser;
Son también generales algunas ideas respecto a la muerte, o a la vida después de la muerte. Cuando la energía vital, la capacidad actuante y pensante del hombre se agotan, es decir, cuando muere el ser humano, los sobrevivientes buscan el lugar donde se encuentra y tratan de establecer contacto y la forma de vincularse con él. Así nace el culto a los muertos, combinado con la idea de la resurrección, y a veces con la del cambio regular de las estaciones.
En casi todas las religiones encontramos la creencia de que es peligroso, entrar en relación con poderes sobrenaturales, sin una cierta iniciación en el culto. Esta preparación puede ser la oración, el sacrificio, los baños rituales, el ayuno, el ascetismo, etc. Pueden ser relacionados con un lugar y una hora especiales, con el uso de expresiones propias del culto y con la presencia de "mediadores". La preparación en el orden del culto coincide con la aceptación del concepto "puro" e "impuro", o "sagrado y profano". Y este mismo concepto forma más tarde la idea de "tabú " en la vida cotidiana.
Procesos para aumentar la fecundidad, son parte importante de casi todas las religiones.
La alimentación y los alimentos mismos han sido considerados como manifestación de un poder supremo. Todas las religiones tienen prescripciones y prohibiciones alimentarias con carácter de culto.
La capacidad de prender fuego está relacionada con ideas míticas. El mismo fuego ocupa su lugar en el culto, ya sea como "fuego sagrado" o como factor importante en el sacrificio o en la iluminación de sitios sagrados.
El efecto extraño de las bebidas alcohólicas ha sido revestido de creencias míticas, y el uso de estas bebidas es parte de casi todos los cultos.
El don del canto, la ejecución instrumental, la habilidad artesanal, eran venerados en la práctica de las religiones primitivas; quizás esos atributos hayan sido los gérmenes de las culturas posteriormente desarrolladas.
Determinados fenómenos de la naturaleza, como montañas, colinas, cerros, planicies, bosques, arboledas, fuentes, arroyos, ríos, etc., figuran en las religiones antiguas como lugares sagrados para el culto. Ciertos hechos de la cosmogonía bíblica, por ejemplo el diluvio, el arco iris, el sacrificio de Isaac, la prohibición de volverse después de haber sido salvado, hijos expuestos al río, amansar animales feroces, etc., son conocidos en casi todas las religiones antiguas.
En una segunda etapa del desarrollo de esta disciplina se verifica el encuentro vivo, la confrontación directa de personas de diversas creencias, y con eso no nos referimos sólo a estudiosos profesionales sino a intelectuales en general, quienes descubren que tienen vecinos, colegas o rivales de otras creencias. El siglo XX es el siglo de la unión de los pueblos, época en la cual toda la humanidad debería convertirse en una comunidad con conciencia multirreligiosa. "¿No se nos ha dicho, acaso, que todos los hombres son hermanos? ¿Que ante los ojos de Dios la comunidad humana es la única comunidad que existe? ¿Y que las dos cuestiones de suprema importancia son las relaciones interpersonales entre los integrantes de esa comunidad total, y las relaciones entre los hombres y Dios?" (Wilfred Cantwell Smith).
Por todas estas razones, -y hay muchas más-, los estudios de la comparación de religiones se hacen más realistas, más verdaderos y auténticos.
Al comienzo de esta nueva ciencia de comparaciones, las grandes religiones fueron tratadas basándose en sus escritos y sus orígenes primitivos. Hoy en día, la atención se dirige hacia lo contemporáneo, hacia la vida religiosa del hombre de hoy. Ha sido aceptada la tesis de Thornton, según la cual la religión está comprometida con el hombre, con el hombre total, y con la totalidad de la vida humana. Admitimos que en el estudio de las religiones comparadas el hombre está estudiándose a sí mismo. La diversidad religiosa es un problema humano, común a todos nosotros. El hecho de que algunos hombres, inteligentes y justos, sean musulmanes, hindúes o budistas, es razón suficiente para que cristianos o judíos los consideren como semejantes. Incluso, el hombre no religioso se ve obligado a vivir en un mundo donde sus congéneres pertenecen a distintos credos. Cada hombre está comprometido personalmente con toda la humanidad. En esta disciplina, el hombre estudia uno de los aspectos más profundos, más sorprendentes y potencialmente más explosivos, de su propia situación moderna. Corresponde, pues, reconocer un hecho capital: nuestra comunidad humana está dividida internamente en religiones (W.C.Smith).
Se ha aceptado también que es imposible conocer diferentes religiones, si el estudio de éstas se limitara tan sólo a sus aspectos externos. Como las manifestaciones externas de la religión (símbolos, doctrinas, prácticas) pueden ser examinadas por separado, es lo que se ha hecho en la mayoría de los casos hasta hace muy poco tiempo. Pero las manifestaciones externas no reflejan la esencia misma de una religión. La religión, en su esencia, se encuentra en el ámbito de las significaciones que tiene para sus adeptos. El estudioso efectúa un progreso cuando reconoce que no se ocupa básicamente de sistemas religiosos, sino de personas religiosas, es decir, de la vivencia profunda que en los individuos suscita la fe religiosa.
Los estudios actuales no tratan de demostrar la superioridad de ninguna de las religiones sobre otras. Ninguna de las religiones es la única y la verdadera, en el sentido de considerar a las otras como equivocadas. Para juzgarlas, primero habría que establecer qué es verdadero y qué es falso, y quién tiene el poder de evaluarlas.
J. Wach sostenía que según este nuevo concepto, hay que sentar el estudio de las religiones sobre las tres bases siguientes:
El nuevo cariz tomado por las investigaciones, exige una actitud más humilde de los investigadores. Cuando hayamos aprendido a ser generosos en la interpretación de las religiones que difieren de la nuestra, aprenderemos más fácilmente a serlo en la interpretación literal de las palabras de nuestros propios libros sagrados.
Tradicionalmente, en Occidente, el estudio de las religiones de otras culturas se hacía mediante la presentación impersonal de un "ello". La primera innovación importante de los últimos tiempos fue la personalización de las creencias observadas, modificación que indujo al análisis a presentar un "ellos". En la actualidad, el observador se compromete como persona, y la situación correspondiente es la de un "nosotros", que hablamos sobre un "ellos". El siguiente paso es un diálogo, en el cual "nosotros" hablamos con "vosotros". La culminación de este desarrollo será, cuando "todos" dialoguemos acerca de un "nosotros" común. (W.J.Smith).
Hablar acerca de las personas, no es lo mismo que hablarles a ellas. Tampoco es igual hablar con ellas. Eso nos puede y debe servir, además, para promover la comprensión mutua y las buenas relaciones entre las distintas comunidades religiosas. En este campo, no es suficiente y adecuada la palabra "tolerancia", sino que se requiere el "entendimiento" y la "comprensión". El consciente estudio de las religiones en nuestra época nos llevará a la necesidad de reconstruir una verdadera unidad de Dios.
El actual especialista en religiones comparadas puede participar fácilmente en cualquier diálogo cuyo propósito es la comprensión, la amistad y la colaboración entre los interlocutores, y entre aquellos que anhelan una convivencia pacífica. El diálogo fecundo prolifera donde no reine un espíritu empeñado en la improvisación doctrinaria; donde miembros de grupos de distintas creencias se reunirán, simplemente, para aprender, y donde las religiones comparadas se convierten en autoconciencia disciplinada de la vida religiosa del hombre. Esta labor científica será lo que Wach califica como "Das ewig Menschliche", es decir, "lo eternamente humano". En esa etapa, todos actuaremos, no para crear una unidad uniformada y monolítica, sino para colocar las bases del "Zusammenleben", de una "convivencia pacífica" entre todos los miembros de la comunidad humana. El verdadero valor de estos estudios demostrará su evidencia cuando el hombre, al haber reconocido los conceptos educacionales de cada credo, aprenda a respetar la religión de su prójimo y comprenda, que las distintas concepciones que expresan la fe en Dios, lo llevará hacia el Amor y hacia la Paz. |
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